La Estancamiento de la Productividad en la Construcción Civil Revela Fallas Estructurales, Desafíos en el Mercado Laboral y la Necesidad Inmediata de una Nueva Cultura de Planificación, Gestión y Tecnología en el Sector
Mientras tanto, el sector de la construcción civil brasileña atraviesa un momento crítico. Aunque diversos segmentos de la economía han avanzado rápidamente en digitalización, planificación estratégica y uso de tecnología, la construcción permanece atrapada en prácticas obsoletas, lo que limita la eficiencia y competitividad. En este escenario, comprender la brecha de productividad se ha vuelto esencial para líderes que desean conducir sus empresas con visión estratégica y no solo reaccionar a las presiones del mercado.
Además, datos globales refuerzan la alarma. Un estudio del McKinsey Global Institute, divulgado en 2020, señala que, entre 2000 y 2020, la productividad de la construcción creció, en promedio, solo 1% al año a nivel mundial. En el mismo período, la economía global avanzó alrededor del 2,8% al año, evidenciando una desfase persistente y estructural del sector.
En Brasil, el panorama sigue siendo similar. Según el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), en 2022, la construcción civil generó R$ 415,6 mil millones en valor bruto de producción, empleando aproximadamente 2,3 millones de personas. Aun así, el crecimiento se mantuvo moderado, mientras que los desafíos relacionados con la eficiencia, planificación y mano de obra continuaron acumulándose.
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Paralelamente, estudios de consultorías especializadas indican que la adopción consistente de modelado BIM, automatización de procesos y planificación integrada podría generar ganancias de productividad entre el 50% y el 60%. Por lo tanto, estos números no representan solo estadísticas, sino señales claras de alerta para decisiones estratégicas que no pueden ser más postergadas.
Al mismo tiempo, el mercado laboral añade nuevas presiones al sector. Según datos del IBGE y de la Confederación Nacional de la Industria (CNI), la tasa de desempleo en Brasil alcanzó alrededor del 7,5% en 2024, el nivel más bajo desde 2015. Aunque positivo desde el punto de vista macroeconómico, este escenario redujo significativamente la oferta de profesionales calificados.
Como consecuencia, ingenieros, maestros de obra, técnicos de seguridad y operadores especializados se han vuelto cada vez más escasos. Dado que la formación de estos profesionales requiere tiempo, el impacto es directo: costos crecientes, plazos más largos y inversiones retraídas, precisamente cuando el sector más necesita acelerar su capacidad de entrega.
En este contexto, la desfase de productividad persiste por factores bien definidos. Primero, destaca la cultura del inmediatismo, en la cual la planificación se ve como pérdida de tiempo y la improvisación aún domina decisiones estratégicas. En segundo lugar, se suma la resistencia a la tecnología, agravada por la falta de capacitación y la percepción de que los sistemas digitales representan burocracia. Por último, la inestabilidad económica, marcada por la variación de los costos de insumos y la constante sensación de riesgo, reduce la disposición para inversiones estructurales.
Para los líderes empresariales, los reflejos son claros. La baja productividad eleva el costo por metro cuadrado, compromete plazos, reduce la previsibilidad de las entregas y afecta la calidad final de las obras. Además, las empresas que ya han adoptado modelos más modernos logran ventajas competitivas en un mercado cada vez más disputado.
Por lo tanto, romper este ciclo exige tres movimientos estratégicos. Primero, priorizar el proyecto antes de la obra, tratando la planificación como inversión y no como costo. Segundo, capacitar liderazgos y equipos, creando una cultura favorable a la tecnología y la innovación. Por último, implementar gobernanza y gestión de datos, con indicadores claros de productividad, integración entre áreas y monitoreo continuo del rendimiento.
En síntesis, la construcción civil brasileña está ante una elección decisiva. Permanecer en la inercia significa perder relevancia. Liderar la transformación exige cultura, preparación y visión estratégica — factores que definirán quién estará competitivo en el mercado del futuro.
Por: Daniela Lopes, Chief Sales Officer de We Are Group, empresa especializada en la ejecución de ambientes corporativos y comerciales de alto estándar.

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