El Cierre de Actividades de la Usina Santa Elisa Marca el Fin de un Ciclo Histórico en el Sector Sucroalcooleiro Brasileño, Involucrando Innovaciones, Transformaciones y Cambios Estructurales en las Últimas Décadas.
El sector sucroalcooleiro brasileño enfrenta un hito histórico tras el anuncio de Raízen, una de las mayores compañías del rubro, este martes (15) sobre el cierre de las actividades de la tradicional Usina Santa Elisa, situada en Sertãozinho, interior de São Paulo.
El anuncio sorprendió a los líderes del sector, simbolizando no solo una etapa del proceso de reestructuración interna de la compañía, sino también el término de un ciclo fundamental para la industria cañera nacional.
Fundada en 1936, la Companía Energética Santa Elisa, posteriormente conocida solo como Usina Santa Elisa, se consolidó como una de las más importantes referencias del sector de azúcar y alcohol en Brasil.
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La usina fue adquirida originalmente por las familias Marchesi y Biagi, que tuvieron un papel pionero en la expansión de la cultura de la caña de azúcar más allá del Nordeste.
En las décadas siguientes, la unidad siguió todas las transformaciones del sector, desde el inicio del Proálcool, programa del gobierno federal creado en los años 1970 para estimular la producción de alcohol combustible, hasta el avance de la mecanización y modernización industrial a principios del siglo XXI.
Historia e Impacto de la Usina Santa Elisa
En la década de 1970, los Biagi tomaron la decisión estratégica de desactivarse las instalaciones originales de la usina, consideradas obsoletas, para erigir al lado una nueva unidad, capaz de producir azúcar y alcohol industrial.
Esta renovación tecnológica permitió que la Santa Elisa se convirtiera, en 1973, en una de las primeras en alinearse con las nuevas demandas del sector, anticipando el movimiento que vendría a ser impulsado por el Proálcool.
El programa, lanzado oficialmente durante el gobierno del presidente Ernesto Geisel, buscó reducir la dependencia nacional de combustibles fósiles en medio de la crisis del petróleo.
La familia Biagi colaboró directamente en la elaboración del documento técnico que sustentó la iniciativa federal, titulado “Fotósintesis como fuente energética”.
En 1978, la usina fue una de las pioneras en instalar columnas de destilería para la producción de etanol combustible.
El compromiso no se limitó a la propia unidad: los Biagi, también propietarios de la fabricante de equipos Zanini, transformaron la Santa Elisa en referencia para la implantación de nuevas usinas por el país, llevando equipos técnicos a construir e implantar cultivos en diversas regiones.
Innovaciones Tecnológicas y Expansión Industrial
La actuación innovadora de la Santa Elisa fue más allá de la producción agrícola.
El parque industrial se convirtió en un verdadero laboratorio para pruebas de innovaciones tecnológicas desarrolladas por la Zanini, lo que contribuyó a que la usina se mantuviera entre las más modernas del sector durante décadas.
Este dinamismo hizo que la Santa Elisa se consolidara como agente de consolidación de mercado, adquiriendo activos de competidores y expandiendo su capacidad de molienda.
En el cambio de los años 1990 a los 2000, incluso frente a crisis que afectaron al sector sucroalcooleiro y pusieron en riesgo programas como el Proálcool, la usina mantuvo su relevancia.
En 1998, alcanzó el estatus de mayor molienda de caña de azúcar del mundo, superando la marca de 7 millones de toneladas procesadas en un único ciclo.
El impacto social fue expresivo: en su apogeo, llegó a emplear aproximadamente 4 mil personas, contribuyendo de forma significativa a la economía regional y a municipios vecinos como Pontal, Pitangueiras, Barrinha y Morro Agudo.
Cambios de Control y Desafíos Recientes
La trayectoria de la Usina Santa Elisa siguió los principales movimientos del sector en las últimas décadas.
En 2009, la familia Biagi, ante las dificultades financieras provocadas por la volatilidad cambiaria y la crisis económica mundial, vendió la unidad a la multinacional Louis Dreyfus Company (LDC).
La empresa, a su vez, pasó a administrar el negocio a través de Biosev, enfocada en la producción de azúcar y etanol.
El escenario se transformó nuevamente en 2021, cuando Raízen adquirió el control de Biosev, incluyendo la Santa Elisa.
A pesar de la expectativa de renovación, fuentes del sector apuntan que la usina habría dejado de recibir inversiones estructurales significativas, lo que contribuyó al proceso de desactualización de los equipos industriales.
Esta situación culminó con la decisión de cerrar las actividades en 2025.
Legado Afectivo y Cultural en el Sector Sucroalcooleiro
Además de su relevancia económica y tecnológica, la Usina Santa Elisa posee un fuerte valor afectivo para la familia Biagi.
El parque industrial albergó la residencia de la familia, donde Maurílio Biagi Filho, representante de la nueva generación, nació e inició su trayectoria profesional.
En una nota divulgada tras el anuncio del cierre, Biagi Filho destacó la importancia del lugar en su formación personal y empresarial.
A lo largo de sus 89 años de funcionamiento, la Santa Elisa también participó activamente en debates nacionales sobre políticas públicas para el sector.
Al final de los años 1980, por ejemplo, la unidad fue escenario de una conferencia de prensa significativa, cuando Biagi Filho denunció públicamente a la estatal Petrobras por no cumplir acuerdos de retirada de alcohol de los stocks estratégicos.
Repercusiones y Futuro del Sector Cañero
El fin de las operaciones de la Usina Santa Elisa representa un divisor de aguas para el sector sucroalcooleiro, cerrando un ciclo de casi nueve décadas de contribuciones al desarrollo de la industria cañera brasileña.
La unidad no solo fue responsable de innovaciones tecnológicas, sino que también desempeñó un papel central en la formación de mano de obra especializada y en el fortalecimiento de la cadena productiva regional.
Según analistas del sector, la decisión de Raízen refuerza una tendencia de consolidación y reestructuración de las usinas en Brasil, ante desafíos como la necesidad de modernización constante, presión por sostenibilidad y oscilaciones en el mercado internacional de azúcar y etanol.
Los especialistas evalúan que el cierre de una unidad histórica como la Santa Elisa puede acelerar la búsqueda de nuevos modelos de gestión y producción en el sector.
Con la salida de escena de una de las usinas más tradicionales del país, ¿qué caminos deberá seguir el sector cañero brasileño para garantizar competitividad e innovación frente a los desafíos actuales del mercado?

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