En entrevista distendida, Ratinho defiende que el brasileño común puede enriquecerse al invertir en el agronegocio, construir almacenes para granos, apostar en hoteles en el interior y aprovechar la reducción de la burocracia en estados como Paraná para aprovechar un Brasil con demanda creciente y mucho espacio real de mercado para crecer
Ratinho vuelve a ocupar el papel de empresario e inversionista al explicar, en detalles, dónde ve las mayores oportunidades para el brasileño que desea construir patrimonio hoy. En la visión de Ratinho, el país ya no puede competir en tecnología e industria pesada con potencias como Japón, Corea, India y otros países de Asia. Lo que queda, afirma, es explorar con inteligencia el agronegocio, montar almacenes para almacenar soja y maíz, invertir en hoteles en regiones con turismo en auge y aprovechar una fase en la que la burocracia ha estado disminuyendo en algunos estados. Para él, Brasil tiene “el mejor agronegocio del mundo” y aún mucho espacio para crecer.
A lo largo de la conversación, Ratinho mezcla ejemplos prácticos, experiencias personales y críticas a la lentitud histórica del ambiente de negocios brasileño. Cita el caso de Paraná, donde el gobierno simplificó las reglas para la creación de peces y fortaleció cooperativas, lo que ayudó al estado a convertirse en el mayor productor de tilapia del mundo. Al mismo tiempo, relata dificultades para encontrar hotel en ferias agropecuarias en el interior y en destinos turísticos como Bonito, en Mato Grosso del Sur, y Alter do Chão, en Pará. Para el presentador, esta combinación de demanda fuerte, poca oferta y menos burocracia forma la base del mapa actual de oportunidades para quien desea enriquecerse.
Ratinho ve el agronegocio como el único camino exclusivo para Brasil
En la evaluación de Ratinho, Brasil ya ha perdido la disputa en segmentos como electrónicos y automóviles frente a países asiáticos que dominan la tecnología, la escala industrial y las cadenas globales de producción.
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Productor rural de Urubici llora al mostrar 50 toneladas de ciruelas tiradas en el suelo porque nadie quiso comprarlas y, en un acto de desesperación, graba un video pidiendo a cualquier persona que vaya a la propiedad a recoger las frutas antes de que se pudran.
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Sin poder pasar por Ormuz, Brasil activó un plan B que utiliza a Turquía como puerta de entrada para Oriente Medio: la ruta por Gibraltar y el Mediterráneo es más larga y más cara, pero garantiza que el pollo, la carne y el maíz sigan llegando a los mercados árabes.
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Ingeniero crea método de reforestación que transforma pequeños terrenos en bosques densos en pocos años utilizando biomasa local y puede reducir costos de recuperación ambiental.
Por eso, reduce el discurso a una elección clara. Para el presentador, “no hay otra cosa que hacer” fuera del agronegocio.
La lectura es directa. El mundo podrá quedarse sin algunos productos sofisticados, pero no se quedará sin comida.
Brasil, recuerda Ratinho, es el único gran país con esta combinación de área cultivable, clima favorable y capacidad de aumentar la producción con avances en tecnología.
En su visión, el agronegocio es la “gran palanca” que aún puede garantizar riqueza para quien sepa ingresar en la cadena correcta, desde el campo hasta el servicio.
Aun sin entrar en números exactos de rentabilidad, Ratinho transmite la idea de que el agronegocio sigue siendo poco explorado en segmentos esenciales, especialmente en la infraestructura que sostiene la producción de soja, maíz y proteína animal.
Es en este punto que pasa al segundo pilar de las oportunidades que percibe: los almacenes.
Almacenes para soja y maíz como negocio del futuro
Cuando habla de enriquecerse, Ratinho es enfático al señalar los almacenes como uno de los negocios más prometedores del país.
Según él, Brasil continuará aumentando la producción de soja y maíz con el avance de la tecnología y la expansión del área cultivada, pero “no tenemos dónde almacenar esa cantidad de maíz dentro de 10 años”.
El razonamiento es sencillo. La cosecha crece año tras año, pero la capacidad de almacenamiento no sigue el mismo ritmo.
Faltan estructuras bien ubicadas, integradas a las cooperativas y al sistema logístico, capaces de garantizar la calidad del grano y el momento correcto para la venta.
En este escenario, quien invierta en almacenes hoy puede capturar una demanda que tiende a ser aún mayor a mediano plazo.
Ratinho admite que montar un almacén es un proyecto caro y de gran escala, algo que requeriría vender otros negocios para invertir con fuerza en este mercado.
Pero deja claro que, si tuviera capital sobrante, sería una de sus apuestas preferidas. Para el público que lo acompaña, el mensaje es directo.
Sugiere que el brasileño que desea hacerse rico mire la infraestructura del agronegocio con la misma atención que suele prestar a la propia cosecha.
Menos burocracia y cooperativas fuertes como base para el inversionista
Otro punto central en el análisis de Ratinho es el impacto de la burocracia sobre la decisión de invertir.
Recuerda que, en el pasado reciente, abrir un simple estanque de peces en Paraná requería solicitudes al ayuntamiento, encaminamiento al órgano ambiental, espera de meses e incertidumbre respecto a la autorización final.
El resultado, afirma, era desincentivar a pequeños y medianos productores.
Según el presentador, el avance ocurrió cuando las reglas fueron simplificadas y la creación de peces dejó de depender de autorizaciones múltiples.
Al mismo tiempo, el gobierno comenzó a incentivar que las cooperativas compraran la producción, dando previsibilidad al productor.
El efecto, relata Ratinho, fue transformar a Paraná en el mayor productor de tilapia del mundo.
El caso se usa como ejemplo de cómo la reducción de la burocracia y el fortalecimiento de las cooperativas pueden desbloquear inversiones en el campo.
Para quien desea ingresar al agronegocio, el mensaje es que no basta con producir, es necesario tener a quién venderle y encontrar un ambiente regulador que no destruya la iniciativa antes de la primera cosecha.
Hoteles en ciudades medianas y destinos turísticos sin oferta suficiente
Aparte del agronegocio y la estructura de almacenes, Ratinho percibe un gran potencial poco explorado en el sector hotelero.
Relata experiencias recientes en ciudades como Castro, en Paraná, donde participó en una feria de leche y terminó hospedándose en un motel por falta de hotel disponible.
Una situación similar, dice, ocurrió cuando intentó visitar Bonito, un destino turístico consolidado, y Alter do Chão, en Pará, ambos con alta demanda y poca oferta de alojamiento.
En la lectura del presentador, “el hotel es un gran negocio” en estos lugares, porque el brasileño está viajando más y la publicidad de destinos en internet despierta un deseo real de conocer esos lugares.
El contraste entre el intenso flujo de personas y la escasez de habitaciones crea lo que él entiende como “una oportunidad obvia” para quien tiene capital y disposición para construir o reformar negocios con un estándar mínimamente competitivo.
Para Ratinho, Brasil tiene una ventaja estructural.
Es un país tropical, con clima y paisajes que favorecen el turismo todo el año, a diferencia de países con largos períodos de nieve y frío extremo.
En su visión, el inversionista atento puede combinar el campo productivo del agronegocio con el turismo de negocios y de ocio, creando una red de hoteles y posadas en torno a eventos, ferias y destinos naturales.
La mirada del empresario experimentado sobre riesgo, venta y enfoque
La intervención de Ratinho también trae una capa de cautela típica de quien ya ha cometido errores en negocios pasados.
Recuerda que entró en inversiones que parecían prometedoras y terminaron generando pérdidas, y que solo hay dos caminos rápidos para arruinar a alguien con dinero.
O el empresario hace negocios malos, o se pierde en vicios como el juego.
Hoy, a los 67 años, Ratinho dice haber definido cuánto necesita dejar para que cada uno de sus tres hijos viva bien y afirma que ya no entra más en nuevos negocios solo por entusiasmo.
El filtro es rígido.
Evita apostar solo en proyectos de gran riesgo, como la compra de una emisora completa, y prefiere estructurar inversiones en base a la experiencia, la escala y la capacidad real de venta.
Al mismo tiempo, refuerza un punto que considera innegociable.
Para él, nadie debe emprender sin saber vender. No basta con tener un buen producto o una buena estructura.
Quien desea hacerse rico, defiende, necesita creer en lo que ofrece y ser capaz de convencer al cliente.
Sin eso, ni agronegocio, ni almacenes, ni hoteles, ni ningún otro sector pueden ofrecer el retorno esperado.
Frente a las oportunidades que Ratinho señala en agronegocio, almacenes y hoteles, en su opinión, ¿debería el brasileño que quiere enriquecerse hoy priorizar el campo, el turismo interno o diversificar entre ambos caminos para reducir riesgos?


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