Científicos chinos presentaron una lengua robótica de óxido de grafeno que reconoce sabores en líquidos y “aprende” sus patrones con técnica neuromórfica. En pruebas, el sistema alcanzó aciertos cercanos al 99% para sabores básicos y aún clasificó bebidas como café y refresco.
La nueva lengua artificial fue detallada en julio de 2025 en las Proceedings of the National Academy of Sciences y firmada por investigadores del National Center for Nanoscience and Technology de Pekín. El dispositivo integra sensado y procesamiento en el mismo componente, algo raro cuando se trata de paladar artificial en medio líquido. El estudio técnico confirma el avance y explica la arquitectura del sistema que hace que los robots “sientan” los sabores.
La relevancia de este descubrimiento es doble. Primero, el paladar siempre ha sido el sentido más difícil de digitalizar por ocurrir en ambiente acuoso, donde iones, y no electrones, cargan la información. Segundo, el equipo logró implementar computación en el sensor, acercando el modo como papilas gustativas y neuronas se organizan en el cuerpo humano. Esto abre espacio para aplicaciones en seguridad alimentaria, salud y robótica de servicio.
Otra ventaja es la memoria de corto plazo del gusto. El comportamiento del material crea un efecto de histéresis que retiene información por alrededor de segundos a cientos de segundos, permitiendo al robot formar firmas eléctricas de lo que “probó”. Reportes técnicos citan duraciones en el rango de hasta aproximadamente 140 segundos, útiles para clasificación estable de muestras.
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Qué es la lengua robótica de óxido de grafeno
La llamada lengua robótica es un conjunto de membranas de óxido de grafeno que actúan como un dispositivo memristivo iónico. En términos simples, la misma pieza que detecta los compuestos disueltos también procesa la señal generada por ellos, sin depender de una computadora externa para la etapa inicial de interpretación. Esta fusión sensor-procesamiento es lo que hace que el prototipo sea especial en el universo de las “e-tongues”.
El trabajo fue publicado en PNAS con la participación de investigadores en Pekín y colaboradores en China. El artículo describe la idea de gustación artificial neuromórfica, que replica la división funcional del paladar biológico, desde la captación química hasta la codificación eléctrica y el reconocimiento del sabor. La validación siguió protocolos de laboratorio con soluciones estándar para los sabores básicos.
Reportes institucionales del NCNST ayudan a contextualizar el salto: el equipo construyó un hardware que opera en ambiente húmedo, preservando el rendimiento y garantizando compatibilidad con líquidos reales, algo que históricamente limitaba lenguas artificiales a configuraciones secas o con procesamiento desplazado.
Cómo funciona, sensor iónico y “reservoir computing” en el propio dispositivo
Cuando la membrana entra en contacto con la muestra, moléculas en solución liberan iones que migran por canales nanoconfinados en el óxido de grafeno. La adsorción y desorción en las paredes de estos canales retrasa los iones y produce una respuesta eléctrica con histéresis, similar a una memoria volátil. Este es el principio memristivo iónico detrás de la lengua.
Para transformar esta dinámica en percepción, las señales son alimentadas en un esquema de reservoir computing. En este enfoque, el propio dispositivo sirve como el “reservorio” físico que expande y codifica temporalmente las señales. Luego, una red neuronal simple realiza la clasificación. Según los autores, el pipeline entrada sensorial → reservorio → clasificador refleja la cadena papila-nervio-córtex del paladar humano.
Este diseño en-sensor reduce ruido y latencia, ya que buena parte del preprocesamiento ocurre dentro del líquido, en el mismo componente. La consecuencia práctica es un sistema más robusto para ambientes reales, con menos dependencia de cables, interfaces y electrónica externa justo en la primera etapa crítica de medición.
Resultados: acuracia casi 99% y pruebas con café y refresco
En las pruebas con dulce, salado, ácido y amargo, la lengua artificial alcanzó alrededor de 98,5% de acierto. En escenarios de generalización, tasas entre 75% y 90% fueron registradas dependiendo del tipo de muestra y el protocolo. Estos números sustentan que el paladar puede ser capturado de forma digital con alta fidelidad.
Además de los sabores básicos, el equipo probó el sistema en bebidas complejas, como café y Coca-Cola, obteniendo un alto rendimiento. Coberturas independientes informan acuracia cercana al 96% para algunos líquidos con firmas químicas más ricas, evidenciando que matrices reales pueden incluso facilitar la clasificación.
Otro punto importante es la mencionada memoria del gusto. Al presentar una respuesta eléctrica que persiste por un tiempo finito, el dispositivo puede “recordar” la ocurrencia de un estímulo anterior por decenas de segundos, lo que mejora la separabilidad entre clases en el dominio temporal sin exigir redes profundas.

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