Fósil raro fue encontrado junto a cerámicas y monedas, con marcas de desgaste que indican uso simbólico en rituales domésticos de la Roma Antigua
Investigadores hicieron un descubrimiento inusual en el sitio arqueológico romano de “La Cibdá de Armea”, ubicado cerca de la ciudad de Ourense, en España. Durante excavaciones en el lugar, se encontró una trilobita fosilizada en medio de restos de cerámica, monedas y huesos de animales. El fósil, de alrededor de 4 centímetros, pudo haber sido usado como joya o amuleto entre los siglos 1 y 3 d.C.
Las trilobitas son animales marinos extintos, que vivieron entre 520 y 250 millones de años atrás. Eran artrópodos, con cuerpo segmentado y apariencia similar a un escarabajo blindado.
A pesar de ser bien conocidas por la ciencia actual, con más de 22 mil especies descritas, fósiles de este tipo en contextos arqueológicos son extremadamente raros.
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Según la revista La Brújula Verde, esta es la primera trilobita encontrada en un sitio del Imperio Romano.
En todo el mundo, solo se conocen 11 ejemplares ligados a culturas antiguas. El ítem encontrado en Armea se destaca por presentar siete marcas de desgaste artificial, localizadas en su cara inferior, lo que indica que fue adaptado para su uso como colgante o pulsera.
El artículo que describe el hallazgo fue publicado el 15 de julio en la revista Archaeological and Anthropological Sciences.
El equipo responsable concluyó que la trilobita pertenece al género Colpocoryphe sp. y vivió durante el período Ordovícico, hace alrededor de 450 millones de años.
La coloración rojiza y la fosilización en óxido de hierro sugieren que el fósil no es originario de Galicia, sino del centro-sur de la Península Ibérica.
La posible origen incluye regiones como Toledo, Ciudad Real o Badajoz, distantes más de 430 km de Armea.
Para los investigadores, el transporte de este objeto hasta el lugar puede estar vinculado a las antiguas rutas comerciales del Imperio Romano, especialmente la Vía de la Plata.
Esta vía conectaba ciudades importantes de la época, como Mérida (Emerita Augusta) y Astorga (Asturica Augusta).
“La trilobita pudo haber viajado con metales y otros bienes como un objeto único y exclusivo, valorado en Galicia por sus propiedades protectoras y curativas”, afirma el estudio.
Otra hipótesis es que un visitante de la región de Lusitania trajo el fósil, atraído por la minería de la zona donde fue hallado.
En la Roma Antigua, los fósiles solían ser considerados objetos místicos. Restos de grandes animales, por ejemplo, eran asociados a criaturas mitológicas.
Los invertebrados fosilizados, como las trilobitas, eran considerados amuletos de protección contra fuerzas sobrenaturales. El equipo señala que el ejemplar de Armea probablemente tuvo esa función.
Marcas en la base del fósil sugieren que fue fijado en algún soporte, como cuero o metal, dejando su cara superior visible.
La forma segmentada y el diseño característico pueden haber ayudado a reforzar su función simbólica. Una posibilidad considerada es que el ítem haya sido parte de un lararium, altar doméstico usado en casas romanas para ofrendas y rituales.
Este uso se basa en la inscripción “MAXSIMVS” encontrada junto al objeto. La palabra puede indicar que el lugar era un espacio sagrado de una casa de alto estatus, donde el fósil servía como símbolo espiritual o protector de la familia.
Además, los investigadores recuerdan que la forma de las trilobitas pudo haber influenciado una pieza decorativa típica de la Roma Antigua: la cuenta de collar conocida como trilobitenperlen.
Hechas de vidrio negro o azabache, estas cuentas imitaban la apariencia segmentada del fósil y eran populares entre mujeres y niños.
Aunque ninguna de estas joyas fue encontrada en Armea, refuerzan la idea de que la trilobita podía tener un papel protector y simbólico.
El hallazgo en Armea amplía el conocimiento sobre el uso de fósiles en tiempos antiguos y muestra cómo objetos naturales eran reutilizados con otros significados en el mundo romano.
La presencia del fósil en un vertedero indica que, en algún momento, perdió su valor o se rompió, siendo entonces descartado.
Aun así, se trata de uno de los pocos ejemplares de trilobita con evidencia de modificación humana y uso simbólico en un contexto arqueológico romano.
El descubrimiento plantea nuevas cuestiones sobre el comercio de fósiles y su valor espiritual en diferentes regiones del Imperio.
Con información de Revista Galileu.

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