La identificación de formaciones rocosas similares a “telarañas” por el rover Curiosity amplía el conjunto de evidencias analizadas sobre la existencia pasada de agua en Marte, mientras estudios paralelos en ambientes extremos en la Tierra ayudan a científicos a comprender límites biológicos y geológicos comparables a los investigados en el planeta rojo
El rover Curiosity encontró pistas relacionadas con el pasado acuático de Marte al identificar formaciones rocosas descritas como “telarañas”, ampliando investigaciones científicas sobre el planeta mientras investigaciones terrestres analizan organismos que sobreviven en ambientes extremos similares.
Marte, rover Curiosity y los indicios registrados en formaciones rocosas
El rover Curiosity localizó en Marte estructuras rocosas comparadas a “telarañas”, asociadas a pistas sobre la presencia pasada de agua en el planeta. El descubrimiento refuerza la continuidad de los análisis realizados directamente en la superficie marciana.
La identificación hecha por el rover Curiosity integra el conjunto de observaciones que buscan comprender la evolución ambiental de Marte. Las formaciones analizadas son tratadas como evidencias geológicas relevantes dentro de la investigación del historial hídrico marciano.
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El material disponible no detalla dimensiones, ubicación exacta o composición mineral de las estructuras observadas en Marte. Aún así, el registro amplía el alcance científico de las misiones robóticas en curso en el planeta.
Ambientes extremos en la Tierra ayudan a contextualizar estudios vinculados a Marte, rover Curiosity
Mientras Marte permanece bajo análisis del rover Curiosity, investigaciones realizadas en la Tierra indagan organismos capaces de sobrevivir en condiciones consideradas extremas, incluyendo ambientes con altos niveles de radiación ionizante.
En las estructuras remanentes del reactor de la Unidad Cuatro de Chernobyl, el hongo negro Cladosporium sphaerospermum demostró crecimiento en áreas altamente radiactivas, casi cuatro décadas después del accidente nuclear ocurrido en 1986.
A pesar de los niveles peligrosos de radiación aún presentes en determinadas áreas de la zona de exclusión, comunidades microbianas continúan colonizando el lugar. La adaptación de estos organismos sorprendió a los investigadores por la diversidad encontrada.
Descubrimientos científicos en Chernobyl revelan diversidad inesperada
A fines de la década de 1990, la microbióloga Nelli Zhdanova, de la Academia Nacional de Ciencias de Ucrania, lideró un relevamiento dentro del refugio que abarca el reactor destruido. El estudio identificó 37 especies de hongos viviendo en el ambiente contaminado.
Gran parte de estas especies presentaba coloración oscura y elevada concentración de melanina. Entre ellas, el Cladosporium sphaerospermum dominó las muestras recolectadas y registró algunos de los mayores niveles de contaminación radiactiva.
La presencia de hongos melanizados llamó la atención debido a la capacidad conocida de la melanina para absorber radiación y reducir daños celulares. La diversidad observada superó expectativas científicas para un ambiente considerado altamente hostil.
Crecimiento bajo radiación e hipótesis aún en investigación científica
La radiación ionizante posee energía suficiente para remover electrones de los átomos, pudiendo romper enlaces moleculares y dañar el ADN. En humanos, esta exposición está asociada al aumento del riesgo de cáncer y destrucción celular.
Experimentos conducidos por Ekaterina Dadachova y Arturo Casadevall, en el Albert Einstein College of Medicine, mostraron que la exposición a la radiación no suprimió el Cladosporium sphaerospermum. El hongo presentó crecimiento acelerado durante las pruebas.
Los investigadores observaron alteraciones en el comportamiento de la melanina y propusieron, en un artículo publicado en 2008, la hipótesis de la radiosíntesis. El concepto sugiere posible conversión de la radiación absorbida en energía química utilizable.
A pesar de la propuesta, la radiosíntesis aún no ha sido comprobada. Los científicos no han demostrado fijación de carbono impulsada por radiación ni han identificado vías metabólicas capaces de confirmar el proceso energético sugerido.
Según el ingeniero Nils Averesch, de la Universidad de Stanford, la conversión directa de la radiación en energía biológica permanece sin demostración experimental concluyente, manteniendo el fenómeno bajo investigación científica continua.
Estudios adicionales indican que la respuesta a la radiación varía entre especies melanizadas. La levadura Wangiella dermatitidis presentó crecimiento ampliado bajo radiación, mientras que Cladosporium cladosporioides solo aumentó la producción de melanina.
Las investigaciones continúan analizando cómo los organismos interactúan con ambientes extremos, tanto en estructuras dañadas en la Tierra como en escenarios investigados por misiones espaciales como la realizada en Marte por el rover Curiosity.

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