En el desierto de Taklamakan, satélites comerciales registran réplica en tamaño real de portaaviones e indican pruebas con cráteres y rieles ligados al misil DF21D.
En medio del desierto más seco del noroeste de China, han surgido construcciones que han llamado la atención mundial: réplicas gigantes de barcos de guerra americanos erigidas en pleno mar de arena. Lo que impresiona es que no son maquetas simples. Algunas estructuras superan los 300 metros y reproducen un portaaviones moderno a escala real, con detalles que aparecen incluso en imágenes tomadas por satélites comerciales.
El detalle más intrigante es que nada parece haber sido escondido. Por el contrario, las estructuras han sido dejadas a la vista, como si hubieran sido hechas para ser vistas. Y cada nueva imagen de satélite ha comenzado a revelar elementos que afectan directamente el equilibrio del poder naval, especialmente cuando el objetivo central es un portaaviones.
Un portaaviones en tamaño real, visible desde el espacio

Las obras comenzaron en 2020 y continúan siendo ampliadas. El escenario elegido fue el desierto de Taklamakan, descrito como el segundo mayor desierto de arena pura del mundo, con aislamiento extremo, temperaturas que varían de mucho frío en invierno a calor intenso en verano y tormentas capaces de enterrar vehículos en pocas horas.
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En este ambiente, la primera réplica identificada fue de un portaaviones clase Gerald Ford, descrito como el más avanzado de la flota americana.
La estructura imita el barco real con torre de mando en la posición correcta, pista angular en el mismo ángulo y hasta elevadores que transportan aeronaves del hangar a la cubierta. La idea no da la sensación de un escenario genérico, sino de una reproducción planeada para pruebas.
El destructor que protege portaaviones también entró en el blanco

A kilómetros de allí, surgió otra construcción representando un destructor de la clase Arleigh Burke, con cerca de 155 metros, descrito como parte del grupo que acompaña y protege un portaaviones contra ataques.
No son blancos aleatorios: el conjunto representa, de forma fiel, un grupo de batalla típico usado por los Estados Unidos en operaciones navales.
Esto plantea la pregunta central del propio caso: ¿por qué reproducir exactamente estos barcos y con este nivel de fidelidad?
Sensores, reflectores y cráteras donde duele más
Sobre las réplicas, cientos de postes metálicos han sido posicionados, algunos con más de 20 metros de altura. Aparecen como sensores para registrar el punto de impacto y también como reflectores de radar, con la función de reproducir el comportamiento de un barco de acero real.
Y hay una señal que pesa aún más: cráteres registrados en puntos vulnerables. Las marcas son descritas como impactos de altísima precisión, alcanzando áreas de pocos metros en lugares estratégicos, como torre de mando y elevadores de aeronaves.
La lectura es directa: no se trata de entrenamiento aleatorio, sino de un estudio meticuloso de dónde un portaaviones sufre el mayor daño operacional.
Rieles en el desierto y un portaaviones que se mueve

Uno de los elementos más inusuales es la presencia de rieles de ferrocarril en el desierto. Se mencionaron alrededor de 8 km de rieles con curvas cerradas, y las imágenes muestran que parte de una réplica de portaaviones fue montada sobre una plataforma móvil, registrada en posiciones diferentes, indicando que no es fija.
La propuesta es simular maniobras que un barco haría en el océano, acelerando y cambiando de dirección para intentar escapar.
La plataforma habría alcanzado alrededor de 55 km/h, descrita como velocidad suficiente para crear escenarios de persecución más realistas, con misiles disparados contra réplicas en movimiento.
El foco del entrenamiento: el DF21D, apodado matador de portaaviones
El conjunto de pruebas está ligado al desarrollo del misil balístico antibuque DF21D, apodado matador de portaaviones.
El misil es descrito con casi 11 metros, alrededor de 15 toneladas y lanzamiento por camiones a cientos de kilómetros de la costa, con un alcance citado como superando los 100 km.
El diferencial destacado no se queda solo en el alcance o en el poder de destrucción, sino en la fase final: el DF21D liberaría una ojiva maniobrable que, a velocidad hipersónica, ajusta la ruta y persigue el objetivo en movimiento.
Aciertar un barco de alrededor de 300 metros en movimiento a partir de 1.000 km se considera una hazaña tecnológica, y los cráteres en las réplicas son señalados como evidencia de resultados impresionantes.
Por qué esto cambia el cálculo de poder en el mar
Los portaaviones americanos son descritos como símbolos máximos de poder militar, con un costo billonario, decenas de aeronaves y función de base flotante para operaciones en cualquier océano.
El impacto estratégico aparece en el escenario sugerido: si un portaaviones no puede acercarse a las costas chinas sin riesgo real de destrucción, el valor operativo cae. Y, si necesita mantenerse a grandes distancias, el alcance de las aeronaves embarcadas se convierte en una limitación.
Es en este contexto que dos regiones aparecen como puntos de máxima tensión: el mar del sur de China y el estrecho de Taiwán.
Mar del sur de China, Taiwán y el efecto de la demostración
El texto describe que China ha transformado arrecifes sumergidos en bases militares, con islas artificiales, pistas de aterrizaje, radares, hangares y sistemas de defensa.
Una de estas islas es citada como un “portaaviones fijo” en el océano. Al otro lado, los Estados Unidos responden atravesando barcos en estas aguas para afirmar el carácter internacional del mar.
Sobre Taiwán, se describe un territorio con gobierno propio y elecciones democráticas, mientras que China insiste en que es una provincia rebelde que debe volver al control de Pekín por la fuerza, si es necesario.
En 2022, tras la visita de una autoridad americana, China disparó 11 misiles balísticos alrededor de Taiwán, y cuatro cruzaron el espacio aéreo de la isla. La distancia entre la costa china y Taiwán se señala como de 160 km, destacando la vulnerabilidad.
El punto más revelador, sin embargo, es la intención: dissuación por demostración. La lógica presentada es simple: no es necesario disparar en combate real si el adversario ya sabe que el arma existe y funciona.
Cada imagen de satélite con cráteres bien posicionados enviaría un mensaje claro sobre la vulnerabilidad de un portaaviones en un escenario real.
El mensaje final detrás del portaaviones en el desierto
Lo que sucede en el desierto de Taklamakan se describe como más que un ejercicio. Es la cara visible de una competencia silenciosa que puede definir rumbos de la geopolítica mundial, con réplicas siendo alcanzadas repetidamente antes de que cualquier confrontación real ocurra.
Y para ti: si un portaaviones se convierte en un objetivo “rastreable y alcanzable” a este nivel de precisión, ¿quién crees que tiene la ventaja en este juego naval, China o Estados Unidos?

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