Invención artesanal surgida en el interior de Río Grande do Sul transformó observación casual en proyecto automotriz eléctrico funcional y llamó atención nacional al unir bajo costo, creatividad mecánica y persistencia regulatoria en un período en que vehículos eléctricos aún eran raros en el noticiero brasileño.
Compacto, eléctrico y desarrollado fuera de las montadoras, el JAD surgió en Río Grande do Sul como un proyecto artesanal de João Alfredo Dresch, residente de Lajeado, que decidió construir su propio vehículo después de ver modelos similares circulando en Italia en 2009.
La versión que ganó repercusión nacional reunía dimensiones reducidas, propuesta urbana para dos personas y bajo costo de uso, en un período en que los coches eléctricos aún aparecían raramente en el noticiero brasileño.
Idea del minicohete eléctrico nació tras viaje a Italia
La idea nació lejos de la industria automotriz y de centros de investigación. En una entrevista, Dresch resumió el impulso inicial con una frase corta: “Solo usé la cabeza”.
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Según él, la decisión llegó después de observar un minivehículo silencioso siendo recargado en la calle, durante un viaje a Italia, y concluir que algo parecido podría funcionar también en Brasil.
De regreso al país, el inventor comenzó a reunir piezas por su cuenta y avanzó sin un proyecto académico formal.
El primer paso fue estructural: en cerca de tres meses, el chasis estuvo listo.
Luego vinieron las pruebas de forma y encaje, en una secuencia de prototipos hechos con cartón, madera y fibra, hasta llegar a la carrocería definitiva sobre una estructura de acero tubular.

El recorrido exigió una inversión considerable para un proyecto de garaje.
Reportes publicados en 2014 informaron que Dresch comenzó la empresa con R$ 10 mil prestados y terminó el primer modelo después de alrededor de 11 meses y medio de trabajo, con un gasto total cercano a R$ 40 mil.
En otra entrevista, dijo que el valor equivalía al precio de un coche popular de la época.
Especificaciones del JAD1 llamaron la atención en Brasil
Las especificaciones divulgadas en ese momento ayudan a explicar por qué el vehículo se convirtió en una curiosidad nacional.
El JAD1 fue descrito como un minicarro eléctrico con motor de 5 caballos, velocidad máxima de hasta 70 km/h y costo estimado de alrededor de R$ 0,10 por kilómetro recorrido.
El sistema utilizaba 14 baterías, y la propuesta era atender desplazamientos cortos con bajo gasto operativo.
Las medidas reforzaban la lógica de microvehículo urbano.
Dresch informó al Grupo A Hora que el coche tenía 1,95 metros de largo por 1,05 metros de ancho, además de capacidad para dos personas.
El Terra también registró altura de 1,20 metro y relató que el modelo podía rodar alrededor de 100 kilómetros con una carga de dos horas, lo cual difiere de otras entrevistas del inventor, donde la autonomía apareció en un nivel menor.
Esta diferencia de números aparece también en el costo de recarga. Dresch dijo al Grupo A Hora que el vehículo rodaba 60 kilómetros con R$ 2 en energía, proporción inferior a la estimación de R$ 0,10 por kilómetro divulgada en 2014.

Como los valores publicados varían según la fuente y el momento de la declaración, el dato más seguro es tratar el costo como una estimación de época presentada por el inventor en entrevistas, y no como referencia técnica estandarizada.
Burocracia y trámite de registro retrasaron circulación del vehículo
La repercusión pública del JAD no eliminó el obstáculo central del proyecto: la regularización.
Dresch relató que presentó el proceso de registro en marzo de 2011 y llevó el vehículo varias veces al Detran hasta conseguir la documentación.
En ese intervalo, el minicarro fue incautado dos veces entre 2011 y 2014, mientras aún aguardaba autorización para circular.
Según el propio inventor, el trámite demoró dos años y siete meses.
El registro salió en enero de 2014, de acuerdo con los relatos publicados en ese momento.
Fue después de esta etapa que el JAD comenzó a circular con una placa elegida por el creador, formada por sus iniciales.
A partir de ahí, el proyecto ganó un segundo tipo de legitimidad.
En noticias posteriores, la Universidad de Passo Fundo pasó a referirse al JAD1 como el primer coche eléctrico en ser registrado en Brasil.
Aún así, la propia universidad había utilizado previamente una formulación más cautelosa al decir que el JAD2 podría ser el primero fabricado y registrado en el país.
Asociación con universidad llevó al desarrollo del JAD2
En septiembre de 2016, el minicarro avanzó a una nueva etapa con la firma de un contrato de cooperación entre la empresa de Dresch y la Universidad de Passo Fundo.

La asociación se organizó a través del UPF Parque e involucró cursos de Ingeniería Mecánica, Ingeniería Eléctrica, Ingeniería de Computación, Ciencias de la Computación y Diseño de Productos.
El objetivo era desarrollar el JAD2, versión más avanzada del vehículo.
Además de la evolución técnica, la universidad informó que el trabajo incluiría adecuaciones a la legislación brasileña.
Elementos como airbag y frenos ABS comenzaron a integrarse en los estudios para hacer el proyecto compatible con las exigencias de mercado y seguridad.
Las pruebas del segundo modelo salieron de la página en 2017.
Reportaje del periódico O Nacional registró que el JAD2 fue llevado para evaluación en el módulo III del Parque Científico y Tecnológico de la universidad.
El texto también detalló que la nueva configuración tenía 2,45 metros de largo, 1,15 metros de ancho, seis baterías, autonomía de hasta 150 kilómetros y velocidad máxima de 45 km/h.
Este rediseño mostraba un cambio importante de concepto.
Mientras el primer JAD había quedado conocido por el improviso creativo y por la carrocería moldeada artesanalmente, el JAD2 surgió como un producto en desarrollo técnico, probado con apoyo universitario.
En etapa posterior, la UPF informó haber entregado el proyecto final al inventor.
Según la institución, participaron en el trabajo alrededor de 16 académicos y 12 profesores de diferentes áreas.
Entre ellas estaban Ingenierías, Diseño de Productos y Computación.
En la ocasión, el coordinador del proyecto afirmó que se habían producido un prototipo funcional y un proyecto conceptual capaces de ser presentados a inversores.
Inventor gaúcho llevó minicarro de la garaje al debate sobre movilidad eléctrica
La trayectoria de João Alfredo Dresch combina observación casual, fabricación artesanal, burocracia regulatória y validación académica.
Lo que comenzó con moldes de cartón y madera, en un taller improvisado, avanzó hacia un proyecto que entró en el debate sobre movilidad eléctrica antes de la popularización de los modelos importados en el mercado brasileño.
Más que la velocidad o el tamaño, el JAD ganó destaque por condensar un recorrido inusual.
Un jubilado sin formación superior en el área automotriz logró sacar de la garaje un vehículo eléctrico funcional, registrarlo tras una larga tramitación y, más tarde, llevar la idea a una universidad para desarrollar una segunda versión con pretensiones de escala.
Este encadenamiento ayuda a explicar por qué el minicarro sigue siendo citado como un caso singular de innovación artesanal en Brasil.

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