Su Neinho tiene 62 años, vive solo en la zona rural de Marmelópolis, cría cabras, vacas, conejos y aves, planta maíz a mano y vive en paz en el campo
En Marmelópolis, en el sur de Minas Gerais, la vida sigue un ritmo propio. Allí vive Su Neinho, agricultor de 62 años que nació, creció y nunca dejó la tierra donde construyó su historia.
Solo en su casa sencilla, mantiene una rutina marcada por el cuidado de los animales, por la producción de su propio alimento y por una tranquilidad que difícilmente se encuentra en la ciudad.
Una rutina que comienza con leche ordeñada en el campo
Temprano, Su Neinho ya está trabajando. Ordeña leche de las cabras todos los días, aprovechando cerca de 2 litros de leche diarios para su consumo.
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Comenzó a correr a los 66 años, batió récords a los 82 y ahora se ha convertido en objeto de estudio por tener una edad metabólica comparable a la de una persona de 20 años, en un caso que está intrigando a los científicos e inspirando al mundo.
La leche se utiliza en el desayuno, en la preparación de pasteles, panes y para acompañar la alimentación sencilla del día a día. Él cuenta que le gusta mucho la leche y que eso forma parte de su fuerza y disposición.
Vida sencilla, pero nunca solitaria
A pesar de vivir solo, Su Neinho no se siente solo. Mantiene una relación cercana con sus hermanas y sobrinos, que viven cerca y ofrecen apoyo siempre que es necesario.
La hermana, que trabaja en la alcaldía de Delfim Moreira, ayuda con comida y compras en la ciudad. Cuando ella no puede ir, él mismo cocina arroz, frijoles y carne guardada en grasa, como aprendió desde joven.
Los animales forman parte de la familia y de la identidad
En el patio y en los pastos alrededor de la casa, la diversidad llama la atención. Cabras, vacas, cerdos, conejos, codornices, palomas y hasta liebres forman parte de la rutina.
Él cuida a los animales con esmero, usando maíz, harina de maíz, suero y piensos. Algunos son criados para consumo, otros simplemente por gusto. Según él, matar a un animal sano duele, pero es parte de la vida en el campo.
Siembra hecha a mano y alimento garantizado todo el año
Su Neinho planta maíz y desyerba con la azada. Parte del trabajo más pesado se realiza con la ayuda de un tractor, pero gran parte del trabajo sigue siendo manual.
El maíz se almacena en silos improvisados, cubiertos con lonas, asegurando alimento para los animales a lo largo del año. Nada se desperdicia.
Una tierra que atraviesa generaciones de la misma familia
La propiedad pertenece a la familia desde hace generaciones. Allí nació Su Neinho, en una casa construida por su propio padre.
Él cuenta que se fue por poco tiempo cuando joven, a los 17 años, pero pronto volvió. Desde entonces, nunca más dejó el lugar. Hoy, las tierras siguen unidas entre hermanos, sin división formal, en un acuerdo basado en respeto.
Marmelópolis y la historia del membrillo en la región
La región donde vive lleva historia. Su Neinho explica que Marmelópolis recibió este nombre debido a la producción de membrillo, fruta utilizada para dulces, sopas y hasta para aromatizar cachaça.
En la propiedad aún existen estructuras antiguas usadas por su padre para trabajar con el membrillo, recuerdos de un tiempo en que la fruta era la base de la economía local.
Herramientas simples, tradición y adaptación al tiempo
En el galpón, hoces, desmalezadoras, motosierras y un viejo acordeón guardado como reliquia cuentan la historia de quien siempre ha vivido de la tierra.
El acordeón, heredado de su padre, no se vende por dinero alguno. Para él, tiene un valor sentimental y representa la memoria de la familia.
Tranquilidad, naturaleza y la elección de permanecer
Su Neinho dice que le gusta el campo, los animales y la libertad de vivir a su propio ritmo. Va poco a la ciudad y prefiere la tranquilidad del campo.
A pesar de que la edad avanza, sigue activo, cuidando de lo que es suyo y manteniendo viva una forma de vida que resiste al tiempo.
La historia de Su Neinho revela más que una rutina rural. Muestra pertenencia, simplicidad y una vida construida con paciencia. En Marmelópolis, rodeado de naturaleza y animales, sigue viviendo como siempre, con dignidad, tranquilidad y orgullo de su propia historia.
Fuente: É DU CAMPO y EDUARDO PÁDUA


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