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Shenzhen, La Ciudad China Que Entrega Comida Por Drones, Tiene Coches Eléctricos De Xiaomi Y Huawei, Metro Futurista, Pagos Con La Palma De La Mano Y Luces Que Hacen Que Estados Unidos, Europa Y Dubái Parezcan Atrasados

Escrito por Bruno Teles
Publicado el 02/12/2025 a las 20:21
Shenzhen reúne tecnologia aplicada, drones de entrega, metrô futurista e carros elétricos em uma cidade que mostra hoje o futuro das grandes metrópoles
Shenzhen reúne tecnologia aplicada, drones de entrega, metrô futurista e carros elétricos em uma cidade que mostra hoje o futuro das grandes metrópoles
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En Shenzhen, entregas por drone, coches eléctricos de Xiaomi y Huawei, metro hiperorganizado, pagos con la palma de la mano y luces sincronizadas en rascacielos transforman la antigua villa de pescadores en la vitrina más radical de la modernidad china y ya inspiran estrategias urbanas en países occidentales

Shenzhen aparece para muchos brasileños como un cambio de realidad tecnológica. En pocos kilómetros, la ciudad reúne drones entregando comida en parques arbolados, coches eléctricos de marcas locales compitiendo por espacio con autobuses silenciosos, un metro que parece escenario de ciencia ficción y luces que sincronizan decenas de edificios al mismo tiempo, en plena región del centro cívico. Para los visitantes, Shenzhen es la prueba física de que el futuro ya está incorporado a la vida cotidiana.

Hace unos cuarenta años, el área donde hoy está Shenzhen era descrita como una villa de pescadores. Transformada en la primera zona económica especial de China, la ciudad creció hasta alcanzar cerca de 17 millones de habitantes y fue elegida como laboratorio urbano de políticas a largo plazo. Gigantes como BYD, Huawei y Xiaomi nacieron o se consolidaron en Shenzhen, ayudando a crear la imagen de “Valle del Silicio chino” que hoy domina la percepción de quienes llegan.

De villa de pescadores a laboratorio de la estrategia china

Shenzhen reúne tecnología aplicada, drones de entrega, metro futurista y coches eléctricos en una ciudad que muestra hoy el futuro de las grandes metrópolis

Shenzhen es presentada por los habitantes como el resultado de un proyecto estatal que mira décadas hacia adelante, y no ciclos electorales cortos.

Los residentes comentan sobre planes estructurados hasta 2049, con metas intermedias para 2029 y 2035, en un concepto sintetizado en el llamado “Sueño Chino”, en alusión directa al “Sueño Americano” que marcó el siglo pasado.

En el pasado reciente, productos “hechos en China” eran asociados a baja calidad y electrónicos desechables.

Hoy, la propia China ironiza este pasado al nombrar un plan industrial como “Hecho en China”, orientado precisamente a subir en la cadena de valor con innovación, tecnología propia y marcas globales.

Shenzhen es el escenario donde este reposicionamiento industrial aparece de forma más visible, en los edificios corporativos, en los coches en las calles y en la infraestructura pública.

Entregas de comida por drones en parque rodeado de rascacielos

Shenzhen reúne tecnología aplicada, drones de entrega, metro futurista y coches eléctricos en una ciudad que muestra hoy el futuro de las grandes metrópoles

Uno de los símbolos más concretos de la rutina futurista en Shenzhen son las entregas de comida por drones.

En un parque a la orilla de una bahía, identificado por los residentes como Talent Park, una estación amarilla de la empresa Meituan funciona como punto físico de recogida.

Ahí, el usuario hace el pedido a través de la aplicación, sigue en tiempo real la trayectoria del drone en el mapa y, pocos minutos después, ve el equipo aterrizar en una plataforma cercana.

El relato de visitantes indica tiempos de alrededor de 20 a 30 minutos entre el pedido y la recogida, en línea con un delivery tradicional, pero con otra logística: el drone aterriza, deja cajas estandarizadas en una estructura elevada, y un sistema automatizado dirige el volumen correcto según el código del cliente.

El proceso incluye reutilización de las cajas y control de residuos, lo que refuerza la idea de tecnología asociada a la sostenibilidad.

La escena está montada en medio de un gran parque, con césped, con vista a rascacielos de vidrio y un centro cultural en construcción con arquitectura que recuerda a una nave aterrizada.

La combinación de área verde extensa, agua, torres corporativas y drones operando en rutinas comerciales sintetiza la visión china de desarrollo que integra naturaleza y alta densidad urbana.

Superapps, Alipay, WeChat y una economía casi sin dinero en efectivo

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Si Shenzhen impresiona por el paisaje, lo que más llama la atención en el día a día es la estructura digital.

En la práctica, la ciudad funciona sobre superapps como Alipay y WeChat, que concentran pagos, transporte, reservas y servicios.

En el relato de un brasileño que vive en la ciudad, “lo que en Brasil exige diez aplicaciones diferentes, aquí se resuelve en una o dos”.

En Alipay, el usuario paga el autobús presentando un código QR en la entrada, compra pasajes de tren, reserva vuelos, realiza cambios, mueve cuentas bancarias y solicita viajes a través de aplicaciones.

El servicio de transporte individual es operado por Didi, empresa china que es dueña de 99 en Brasil, totalmente integrada al ecosistema local.

WeChat, descrito como un “WhatsApp ampliado”, combina mensajes, envío y recepción de dinero, contratación de seguros, compra de entradas y reservas de atracciones como la Ciudad Prohibida.

Estas aplicaciones funcionan no solo en Shenzhen, sino en otras grandes ciudades chinas y en centros como Hong Kong y Singapur, lo que refuerza la idea de un estándar regional.

El resultado es que, en Shenzhen, prácticamente nadie usa dinero en efectivo.

Desde el café de la calle hasta el metro, pasando por tiendas de robots y grandes centros comerciales, todo se paga con un código QR o mediante comandos dentro de superapps.

Pago con la palma de la mano: biometría en el cajero de la tienda de conveniencia

En una de las escenas que más simbolizan el salto tecnológico de Shenzhen, un brasileño registra el registro y el uso de pago por la palma de la mano en una tienda de conveniencia de cadena nacional.

El sistema, llamado iPalm e integrado con WeChat, asocia la biometría de la palma de la mano con la cuenta bancaria del usuario.

El proceso es descrito como sencillo para quienes ya tienen número de teléfono y cuenta en China: el atendiente realiza el registro en pocos instantes y, en la siguiente compra, el cliente simplemente coloca la mano en un lector al lado de la caja.

El reconocimiento es inmediato y el pago se confirma sin tarjeta, sin celular y sin contraseña.

Para algunos de los visitantes, esta escena sintetiza Shenzhen como vitrina de un futuro en el que identidad, banco y consumo se fusionan en una única capa digital, operada por grandes plataformas.

Al mismo tiempo, plantea debates sobre privacidad y el nivel de confianza necesario en relación al sistema financiero y al Estado, aunque esto no aparezca explícitamente en las palabras de los residentes.

Coches eléctricos de Xiaomi y Huawei como tarjeta de presentación industrial

La transformación industrial china aparece de forma directa en las calles de Shenzhen. Una de las primeras escenas observadas por los visitantes es la presencia masiva de coches eléctricos, identificados por placas verdes, al lado de un número menor de vehículos de combustión, con placas azules.

La flota incluye taxis, autobuses urbanos y utilitarios de entrega silenciosos.

Xiaomi, conocida en Brasil por teléfonos móviles y pequeños electrodomésticos, opera en Shenzhen una concesionaria exclusiva de coches.

Ahí, modelos deportivos 100% eléctricos son expuestos junto a televisores, baterías portátiles y otros productos de la marca, reforzando su carácter de “empresa tecnológica completa”.

Un visitante compara uno de los modelos con un coche deportivo europeo visualmente, y plantea la pregunta: “¿comprarían uno de estos en Brasil?”.

En la misma región, una tienda de Huawei exhibe SUV y sedanes eléctricos de alto estándar.

En uno de los lanzamientos, el asiento trasero ofrece una pantalla que ocupa prácticamente todo el ancho interior, similar a un cine portátil.

El valor estimado, en conversión directa, es comparado por un brasileño al precio de un Toyota Corolla en Brasil, lo que refuerza la percepción de que las marcas chinas han comenzado a competir en el segmento medio y alto del mercado.

El hecho de que empresas que nacieron en electrónicos de consumo ahora produzcan vehículos de vanguardia se ve como un símbolo de cómo Shenzhen ayudó a China a subir en la cadena tecnológica en pocos años.

Parques, limpieza y organización como política urbana visible

Además de la tecnología integrada, Shenzhen impresiona por la infraestructura física.

En Talent Park, extensos césped, lagos, senderos y áreas de convivencia se extienden entre torres corporativas y residenciales.

El paisaje contrasta con el estereotipo de megaciudad densa y grisácea.

Los visitantes informan que no encuentran basura en el suelo con facilidad, y que los empleados de limpieza circulan de forma continua, incluso limpiando bancos de plaza en pleno fin de semana.

La idea de que “el espacio público es responsabilidad colectiva” aparece tanto en la actuación del poder público como en el comportamiento cotidiano, según los relatos.

Aun en áreas internas de centros comerciales y estaciones, el estándar se repite. Baños, pasillos y plazas de comida son descritos como muy limpios y organizados, reforzando la percepción de que la inversión en mantenimiento es parte central del modelo de ciudad.

Robots en la limpieza, en el metro y hasta en la preparación de café

La automatización aparece en pequeños detalles y en grandes gestos.

En las estaciones de metro de Shenzhen, el suelo es limpiado por robots autónomos que se desplazan de forma continua por los pasillos.

Frente a tiendas de robótica, robots de limpieza circulan como vitrina viva de tecnología aplicada.

Dentro de una tienda especializada en robots, los visitantes encuentran brazos mecánicos, pequeños vehículos autónomos, robots humanoides y un café operado enteramente por una máquina.

El cliente hace el pedido a través de Alipay, y un brazo robótico prepara y sirve la bebida, con movimientos pensados para ser estéticamente agradables.

El precio final del café es comparado a valores bajos en reales.

Shenzhen, en este contexto, funciona como un showroom permanente de automatización, donde niños y adultos interactúan con robots de forma lúdica, pero también naturalizada, como si fueran parte rutinaria del ambiente urbano.

Seguridad, cámaras y cambio reciente en la sensación de riesgo

Otro aspecto recurrente en los relatos sobre Shenzhen es la seguridad.

Los residentes y extranjeros afirman que ha habido un cambio perceptible en los últimos 10 años, con una reducción de robos en grandes ciudades como Pekín, atribuida al aumento intenso de cámaras y sistemas de monitoreo.

En Shenzhen, casi todo espacio público relevante parece tener cámaras visibles: entradas y salidas de estaciones, pasarelas, cruces y áreas internas de centros comerciales.

Las motocicletas eléctricas son frecuentemente dejadas con la llave en el encendido, y hay quienes dejan el celular sobre la mesa en cafés para guardar lugar, un comportamiento impensable en diversas ciudades brasileñas y europeas.

En el metro, la entrada se realiza a través de pórticos con rayos X, lo que limita el acceso con armas y explosivos.

La combinación de vigilancia amplia, infraestructura controlada y uso intenso de medios digitales genera una sensación de seguridad elevada, aún sostenida por un nivel alto de monitoreo.

Show de luces sincronizado transforma el centro cívico en un panel digital

Uno de los puntos más fuertes del impacto visual de Shenzhen está en el show de luces que toma el centro cívico por la noche.

En el lugar donde los residentes sacan documentos como RG y CPF, la prefeitura coordina presentaciones en las que todos los edificios del entorno se iluminan de forma sincronizada, creando animaciones gigantescas en el cielo urbano.

Los visitantes describen efectos que recuerdan fuego, agua y olas de luz que “salen” de un edificio y “entran” en otro, como si toda la fachada fuera una única pantalla continua.

En algunos momentos, letras y números aparecen en escala monumental, componiendo mensajes visibles a largas distancias.

Un brasileño que ya ha visitado cerca de 60 países afirma no haber visto nada parecido en Nueva York, Londres, Dubái o en grandes capitales europeas.

Para él, el centro de Shenzhen, con todos los edificios conectados en un único show de luces, es la expresión máxima de un proyecto urbano pensado para impresionar a escala de ciudad entera.

Ciudad en capas: metro futurista, pasarelas subterráneas y clima controlado

Shenzhen también se destaca por su construcción en capas.

Arriba, calles anchas, edificios altos, ciclovías y flujos de peatones conviven con coches y motos eléctricas silenciosas.

Debajo, túneles subterráneos conectan manzanas bajo avenidas concurridas, integrando pasarelas para peatones, áreas comerciales y estaciones de metro.

En uno de esos pasajes, hay una pared de escalada instalada debajo de una vía, en un espacio climatizado que también sirve como centro comercial y acceso al metro.

Para quien visita, es perturbador ver un equipo deportivo de este tipo en una simple conexión subterránea entre lados de una avenida.

El clima cálido y húmedo de la región hace que el aire acondicionado esté presente en tiendas, pasajes y estaciones.

La infraestructura de Shenzhen está pensada para mantener el flujo de personas en diferentes niveles de la ciudad, reduciendo conflictos entre peatones, bicicletas, motos y coches, y ofreciendo confort climático la mayor parte del tiempo.

Metro de Shenzhen: filas organizadas, pago digital y arquitectura de escenario

El metro de Shenzhen sintetiza varios aspectos de la ciudad.

La entrada se realiza a través de códigos QR generados en superapps, sin necesidad de billetes físicos o recargas en máquinas.

El registro se realiza una vez, y el sistema debita automáticamente el costo de los viajes siguientes.

En las plataformas, las filas están organizadas por marcas en el suelo.

Los visitantes informan que el estándar de organización recuerda a Japón, con personas esperando detrás de líneas definidas, protegidas por puertas de vidrio que se abren solo cuando llega el tren.

Aun en horarios concurridos, el embarque y desembarque ocurren con menos empujones que en grandes capitales occidentales.

La arquitectura de algunas estaciones llama la atención por techos altos, estructuras metálicas e iluminación que remite a escenarios de películas de ciencia ficción.

Para quienes están acostumbrados a metros antiguos, el sistema de Shenzhen refuerza la percepción de que China eligió el transporte público como vitrina de su modernidad.

Resiliencia climática, tifones y comunicación masiva con la población

Shenzhen está en una región sujeta a tifones fuertes. Los residentes informan haber enfrentado tres eventos en pocos meses, incluyendo el más intenso de los últimos diez años. En situaciones así, sistemas de alerta son activados por el gobierno, con envío de mensajes de texto orientando a la población a evitar playas, laderas y áreas de riesgo.

También hay campañas constantes sobre dengue, orientando a los ciudadanos a no dejar agua estancada. Estas acciones se difunden a través de SMS, paneles luminosos y plataformas digitales, en una combinación de tecnología y comunicación tradicional.

La misma infraestructura digital que facilita pagos y transporte se utiliza para coordinar respuestas rápidas a riesgos climáticos, lo que refuerza el papel de Shenzhen como laboratorio de un modelo de ciudad altamente conectada y gestionada por datos.

Reflexiones sobre Shenzhen, planificación y el contraste con Brasil

Al final de un día circulando por Shenzhen, un visitante brasileño sintetiza la sensación con una comparación incómoda: hace unos 30 años, la economía china era más pequeña que la brasileña; hoy, la ciudad que era villa de pescadores se ha convertido en una de las más modernas del planeta, mientras que Brasil todavía discute temas básicos de infraestructura y planificación.

La frase atribuida al exlíder Deng Xiaoping, “no importa si el gato es negro o blanco, siempre que cace ratones”, se usa como metáfora para el enfoque pragmático de China.

En lugar de debates ideológicos prolongados sobre etiquetas, el enfoque se ha dirigido a resultados visibles en transporte, vivienda, industria y tecnología.

La comparación sugiere que Shenzhen no es solo un espectáculo de luces, robots y coches eléctricos, sino un recordatorio de cómo políticas a largo plazo, inversión continua y ejecución coordinada pueden transformar una ciudad en pocas décadas.

Conclusión: lo que Shenzhen enseña al mundo y la pregunta que queda

Shenzhen se presenta como una síntesis densa de la estrategia china: un territorio que reúne zona económica especial, polo industrial, laboratorio de superapps, vitrina de coches eléctricos, metro de alto estándar, seguridad basada en cámaras y espectáculos urbanos pensados para impactar la percepción global.

En cada esquina, la ciudad reafirma el mensaje de que el futuro, allí, dejó de ser una promesa para convertirse en rutina.

Para Brasil y otros países, Shenzhen funciona como espejo y provocación.

La ciudad demuestra que es posible combinar alta densidad, infraestructura de calidad, integración entre naturaleza y concreto, fuerte participación estatal y actuación agresiva de empresas privadas de tecnología.

Al mismo tiempo, plantea debates sobre privacidad, equilibrio de poderes y modelo de desarrollo que aún no están plenamente resueltos.

Como lector, la cuestión central no es si Shenzhen debe ser copiada literalmente, sino qué lecciones pueden ser adaptadas.

¿De qué forma elementos como planificación a largo plazo, priorización del transporte público, integración digital de servicios e impulso a la industria de alta tecnología podrían ser incorporados en ciudades brasileñas y occidentales de manera democrática y sostenible?

Para cerrar, queda la pregunta para que comentes: ¿qué aspecto de Shenzhen te gustaría ver implementado en tu ciudad primero, y qué crees que realmente impide que eso suceda hoy?

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Gustavo
Gustavo
04/12/2025 05:29

O Povo chinês se morassem no brasil isso aqui ja seria potencia mundial a muito tempo pq eles saberiam usar os recursos que tem aqui eles tem mais capacidade inteligencia e nao sao corruptos e **** iguais os bostileros que adoram uma folia de carnaval Qi 83 e adoram feriados o povo BR nao gosta de trabalhar essa é a verdade, tambem nao lutam por nada nem pela própria liberdade o xandao faz o que quer o povo dormindo

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Bruno Teles

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