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Hombre Identifica Sistema Indígena de Transporte y Almacenamiento de Agua Creado Hace Más de 1.000 Años, Restaura 250 Lagunas y Garantiza Abastecimiento Continuo de Agua a Su Comunidad

Escrito por Fabio Lucas Carvalho
Publicado el 25/01/2026 a las 17:34
Actualizado el 25/01/2026 a las 17:38
Sistema hídrico indígena com mais de mil anos foi restaurado e passou a garantir água o ano inteiro em região árida do sul do Equador.
Sistema hídrico indígena com mais de mil anos foi restaurado e passou a garantir água o ano inteiro em região árida do sul do Equador.
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Basado en investigación histórica y movilización comunitaria iniciada en 2005, el rescate de un sistema indígena preincaico con cerca de 250 lagoas artificiales en el Cerro Pisaca permitió almacenar agua de la lluvia, recargar acuíferos y garantizar abastecimiento continuo en una de las regiones más secas del sur de Ecuador

El sistema indígena de 250 lagoas artificiales en Cerro Pisaca, recreado a partir de 2005 en Catacocha, en el sur de Ecuador, permite almacenar hasta 182.482 metros cúbicos de agua de la lluvia, garantizando abastecimiento continuo, producción agrícola estable y recarga de acuíferos en una de las regiones más secas de la provincia de Loja.

Un Territorio Marcado Por La Escasez Histórica De Agua

Catacocha, pequeña ciudad en el distrito de Paltas, convive históricamente con un clima extremadamente seco, altas temperaturas y lluvias concentradas en solo dos meses del año. Entre enero y febrero ocurre prácticamente todo el régimen pluviométrico anual de la región.

Fuera de este corto período, la ausencia de precipitaciones era casi absoluta. En años excepcionales, podía llover en marzo. En abril, eso ya se consideraba extraordinario. Durante el resto del año, el paisaje permanecía árido, con suelos resecos y reservas hídricas rápidamente agotadas.

Esta realidad afectaba directamente la vida cotidiana. En comunidades como San Vicente del Río, ubicada en las montañas de Catacocha, el acceso al agua llegó a ser limitado a solo una o dos horas diarias en los períodos más críticos.

Las familias organizaban sus rutinas en función de este racionamiento. El agua disponible servía solo para cocinar y beber. Para lavar ropa o utensilios, era necesario caminar hasta un arroyo o hasta el río más cercano.

El trayecto hasta el arroyo llevaba alrededor de 15 minutos. Para el río, el recorrido podía llegar a una hora de caminata, dependiendo del ritmo de cada persona. En años de sequía más intensa, ni siquiera estas fuentes ofrecían volumen suficiente.

Vida Cotidiana Bajo Racionamiento Severo

Rosa Imelda Arias vive en San Vicente del Río, en una casa de adobe y tejas, como muchas otras de la comunidad. A lo largo de los años, diversas residencias han sido abandonadas, ya que sus moradores migraron a áreas urbanas en busca de mejores condiciones.

La fachada de la casa de Arias fue transformada en un jardín repleto de plantas cultivadas en pequeños vasos plásticos. El espacio colorido contrasta con el paisaje seco alrededor y fue construido a lo largo de 15 años.

Durante el período más crítico de la escasez, Arias recuerda que el agua llegaba solo durante cuatro horas diarias, divididas entre mañana y noche. Aun así, hubo ocasiones en que el suministro era aún más restringido.

Según ella, antes de la recuperación del sistema hídrico en las montañas, “no había agua suficiente”. La dependencia de fuentes distantes formaba parte de la rutina y limitaba cualquier actividad agrícola o cría de animales.

La situación comenzó a cambiar cuando la comunidad pasó a referirse al agua que venía “de allá arriba”, una expresión usada para indicar el Cerro Pisaca, lugar donde el sistema indígena fue gradualmente recuperado.

La Recuperación De Un Conocimiento Preincaico

Desde 2005, los residentes de Catacocha han estado recreando un sistema de recolección, almacenamiento y distribución de agua concebido por los Paltas, un pueblo indígena que habitó la región hace más de mil años, en el período preincaico.

El sistema está compuesto por 250 lagoas artificiales excavadas en la montaña, diseñadas para captar agua de la lluvia, controlar su infiltración y recargar los acuíferos subterráneos de forma gradual y continua.

Gracias a este método, comunidades ubicadas en áreas clasificadas como desérticas comenzaron a tener agua disponible durante todo el año, incluyendo los meses de sequía extrema, además de cosechas más abundantes y animales bien nutridos.

Rosa Imelda Arias afirma que, tras la implementación del sistema, el suministro pasó a ser continuo. Hoy, ella mantiene gallinas, cerdos y un huerto en la parte trasera de la casa, con cultivo de naranjas, mandarinas, plátanos y plantas medicinales.

Entre estas plantas está la parietaria, utilizada por ella para aliviar dolores de estómago. Este tipo de cultivo era inviable antes de la recuperación del sistema, debido a la irregularidad en el acceso al agua.

Cambio Perceptible En La Rutina De Las Comunidades

La percepción de la transformación se comparte por otros residentes. Rosaura Cobos, que trabaja en un pequeño mercado en San Vicente del Río, relata que antes el suministro era alternado entre sectores de la comunidad.

Un día, el agua llegaba a las casas más bajas. Al siguiente, a las áreas más altas. En ambos casos, el abastecimiento duraba solo unas horas. Actualmente, según ella, el agua está disponible todo el día.

En el momento del relato, cerca del mediodía, el sol estaba intenso, el polvo dominaba el ambiente y el viento era constante. Aun así, la presencia de agua corriente hacía que la vida cotidiana fuera más estable.

La diferencia más significativa está en el almacenamiento subterráneo. La infiltración controlada permite que el agua captada en solo dos meses de lluvias dure hasta el comienzo del año siguiente, cuando ocurren nuevas precipitaciones.

Aún en agosto, considerado el auge de la sequía, algunas lagoas todavía mantienen volumen suficiente para sostener el sistema hasta enero, garantizando continuidad en el abastecimiento.

La Investigación Histórica Que Cambió El Escenario

Cuando se les pregunta sobre el origen de esta transformación, los residentes mencionan frecuentemente “al historiador”. Se trata de Galo Ramón, natural de Catacocha, que creció escuchando la leyenda de Torito Cango y relatos sobre lagoas consideradas peligrosas.

Según la tradición oral, algunas lagoas eran evitadas por estar asociadas a serpientes o a eventos sobrenaturales. Estas narrativas persistieron por generaciones y contribuyeron al abandono gradual de las estructuras.

Ramón estudió historia en Quito y, aunque se quedó en la capital, mantuvo el interés en encontrar soluciones para la sequía en su ciudad natal. Para él, el agua siempre ha sido un problema central en la región.

Durante una investigación documental, encontró registros de un conflicto de tierras ocurrido en 1680 entre las comunas de Coyana y Catacocha y un propietario llamado Hortensio Celi. La disputa involucraba una lagoa ubicada en Pisaca.

Los documentos no indicaban el ganador de la disputa, pero contenían un dibujo detallado de la lagoa. Al analizar la imagen, Ramón se dio cuenta de que no se trataba de una lagoa alimentada por una cuenca hidrográfica.

Por el contrario, la lagoa parecía ser el elemento que permitía la existencia de cuencas hidrográficas en niveles más bajos. A partir de esta observación, concluyó que el agua almacenada provenía directamente de las lluvias.

La Comprensión Del Sistema Hidrológico De Los Paltas

Ramón identificó que otras colinas de la región también poseían lagoas similares, acompañadas de leyendas propias. Aunque diferentes en detalles, estas historias presentaban estructuras narrativas similares.

Según él, los Paltas desarrollaron el sistema al reconocer la recurrencia de sequías severas. Las lluvias, aunque escasas en número de días, eran torrenciales y concentradas.

En solo dos meses, podían caer hasta 700 milímetros de lluvia. Para lidiar con este patrón, era necesario aprovechar al máximo cada gran aguacero, almacenando el agua y controlando su infiltración en el suelo.

El objetivo era recargar los acuíferos subterráneos de forma gradual, evitando pérdidas por escorrentía superficial. Pequeñas paredes de contención y reservorios de piedra cerca de los huertos complementaban el sistema.

Estos reservorios permitían la irrigación controlada de las áreas agrícolas, garantizando producción incluso en largos períodos sin lluvia. El sistema funcionaba como una red integrada de captación, almacenamiento y redistribución.

Estimaciones Sobre El Origen Del Sistema

No fue posible determinar con precisión cuándo fue creado el sistema. Sin embargo, Ramón estima que su desarrollo ocurrió alrededor del año 900 de nuestra era.

Esta estimación se basa en el hecho de que el crecimiento más significativo del pueblo Palta ocurrió después del año 500. El perfeccionamiento del sistema habría sido gradual, a lo largo de siglos.

Para identificar los lugares ideales para las lagoas, los Paltas observaban lo que Ramón llama “línea verde”. Incluso en agosto o septiembre, algunas plantas de raíces profundas resistían la sequía.

Estas plantas indicaban la presencia de acuíferos subterráneos. Fue en estos puntos donde se construyeron las lagoas, maximizando la eficiencia de la infiltración y la recarga hídrica.

Abandono Y Desaparición De Las Lagoas

Con la llegada del período colonial, las lagoas comenzaron a secarse gradualmente. Forzadas por conquistadores y por la imposición de una nueva religión, las comunidades dejaron de utilizarlas.

La primera lagoa en desaparecer fue la de Catacocha, en 1605, exactamente donde se fundó la ciudad. Según los registros de Ramón, la última en secarse fue la lagoa de Pisaca, que aún contenía agua hace unos 80 años.

Los Paltas realizaban ofrendas y rituales relacionados con las lagoas, prácticas que no fueron descritas en registros escritos. Para los españoles, especialmente los padres, este culto era visto como una amenaza.

Para combatirlo, se difundieron mitos de que las lagoas eran diabólicas, habitadas por serpientes, capaces de embarazar mujeres o provocar asesinatos de hombres que se acercaran.

Al mismo tiempo, el agua comenzó a ser presentada como un regalo de una divinidad asociada a la nueva religión, condicionando la lluvia a la oración y no al manejo del territorio.

La Creación De Un Nuevo Mito Como Estrategia Comunitaria

Al comprender el funcionamiento y la historia del sistema, Galo Ramón concluyó que era necesario reaplicar el conocimiento de los Paltas. En 2005, intentó convencer a los moradores de recuperar las lagoas.

La recepción inicial fue fría. La población era mayoritariamente anciana, con pocos jóvenes, y no mostraba entusiasmo por la propuesta. La idea parecía distante y poco práctica.

Frente a esto, Ramón decidió crear una nueva narrativa. Escribió una historia llamada “El retorno de Torito Cango”, descrita por él como un mito al revés.

En la nueva versión, el toro regresaría si las personas volvían a crear lagoas con pasto adecuado. El agua volvería cuando se restauraran las condiciones correctas.

Esta narrativa despertó el interés de la comunidad y facilitó el inicio del proceso de recuperación. La primera lagoa rehabilitada se conoció como lagoa de las serpientes.

La Construcción De Las Nuevas Lagoas

Galo Ramón lidera la Fundación Comunidec, una organización dedicada a la defensa del agua, de los derechos humanos y de la cultura. Con apoyo de cooperación internacional, los residentes locales participaron en una gran minga comunitaria.

En cinco años, además de rehabilitar las dos mayores lagoas originales, se construyeron otras 248, totalizando 250 lagoas artificiales en funcionamiento.

Algunas lagoas fueron excavadas con retroexcavadoras. Otras fueron hechas manualmente para minimizar impactos ambientales y proteger el ecosistema local.

El proceso implica la remoción de la capa superficial del suelo, alrededor de 30 centímetros, que se reserva para su posterior reposición. La cavidad de la lagoa tiene forma similar a una cuchara, y no a una piscina profunda.

Tras la excavación, el suelo orgánico se recoloca y se siembra con grama-bermuda, una especie hidrofílica que permite la filtración controlada del agua.

Vistas desde arriba, las lagoas forman un sistema similar a gradas. Las dos mayores, ubicadas en el centro, captan el agua de la lluvia e inician el proceso de infiltración en cascada.

Capacidad De Almacenamiento Y Datos Técnicos

Las 28 lagoas más cercanas al Cerro Pisaca, en el área conocida como “la reserva”, tienen capacidad total de almacenamiento de 182.482 metros cúbicos, el equivalente a 48,2 millones de galones.

La mayor lagoa del sistema comporta 78.422 metros cúbicos, o 20,7 millones de galones. La menor, ubicada en propiedad privada, tiene capacidad de solo 143 metros cúbicos, o 37.700 galones.

Estos datos constan en el libro Ecohidrología y su implementación en Ecuador, publicado con apoyo de la UNESCO, del programa de ecohidrología, de la alcaldía de Paltas y de Ingeraleza.

La infiltración gradual garantiza que el agua reaparezca más abajo, en fuentes naturales, alimentando comunidades y áreas agrícolas a lo largo del año.

Conservación, Reforestación Y Gestión Territorial

En diciembre de 2010, la organización Nature and Culture International adquirió, por US$ 160.000, un área de 406 hectáreas alrededor de Pisaca, formando la llamada reserva.

El objetivo fue garantizar la conservación del territorio, retirar el ganado del bosque y posibilitar la reforestación, creando condiciones adecuadas para la recolección y distribución de agua.

Según José Romero, ingeniero agrónomo y portavoz de la organización, Pisaca es uno de los centros más importantes de la cultura Palta y el lugar donde se desarrolló y perfeccionó el sistema.

La retirada del ganado permitió avances significativos en la recuperación de la cobertura vegetal y en el mantenimiento permanente de las lagoas, asegurando la eficacia de la infiltración.

Los primeros trabajos de siembra ocurrieron el 12 de febrero de 2011, con semillas provenientes de un vivero comunitario. En 2012, consejos de agua y un club ecológico escolar se unieron al esfuerzo.

El reforestación ocurrió por siembra activa, enriquecimiento de áreas en recuperación y regeneración natural en zonas aisladas para impedir la entrada de animales.

En total, 240 de las 406 hectáreas fueron objeto de intervención. De estos, 40 hectáreas quedaron bajo responsabilidad directa de Nature and Culture International y 200 hectáreas bajo la Mancomunidad Bosque Seco.

Entre 2011 y 2020, se sembraron al menos 40.000 plantas. De estas, alrededor de 12.000 sobrevivieron. La mortalidad varió entre el 50% y el 60%, debido a las condiciones del suelo.

Las especies elegidas incluyeron algarrobo, nogal, higuera y otros árboles nativos, además de especies de sucesión primaria que ayudan en el filtrado del agua.

Reconocimiento Institucional Y Desafíos Futuros

En 2013, el municipio de Paltas declaró el área de las lagoas como zona de conservación y uso sostenible, reconociendo su importancia para el abastecimiento de Catacocha.

En 2018, el Programa Hidrológico Internacional de la UNESCO incluyó el lugar en su lista de sitios de demostración en eco-hidrología, como ejemplo de solución aplicada a problemas sociales y ambientales.

Actualmente, existen nueve sitios de este tipo en América Latina y el Caribe, siendo dos en Ecuador, dos en Colombia y uno en Brasil, Argentina, Chile, Costa Rica y Bahamas.

A pesar del éxito, hay preocupación por el futuro. El próximo objetivo es que el Ministerio del Medio Ambiente declare el área como Área de Protección Hídrica.

Esto impediría cambios en el uso del suelo y prohibiría actividades extractivas. La urgencia se debe a la existencia de una concesión de minería otorgada a la empresa australiana Titan Minerals.

Según información de la revista Minergía, el principal proyecto de la empresa es el de oro Dynasty, con recursos estimados en 2,1 millones de onzas y una ley de 4,5 gramos por tonelada.

El Ministerio del Medio Ambiente confirmó que la declaración está en trámite y que, si se efectúa, Pisaca integrará el Sistema Nacional de Áreas Protegidas, formalizando su conservación.

Impacto Directo En La Vida De Las Familias

Para residentes como Antonio Díaz, de 85 años, el sistema representa estabilidad y autonomía. Él vive en Santa Gertrudis, otra aldea en el pie del Cerro Pisaca.

Todas las mañanas, a las 6h, Díaz sube la colina en su burro para verificar la lagoa que irriga su propiedad. Ajusta los aspersores y garantiza la hidratación de toda la cosecha.

Antes, lograba cultivar solo dos pequeñas hileras. Hoy, siembra hasta 10 hileras, manteniendo producción constante incluso en la sequía. El agua, según él, es lo más importante.

En su huerto, cultiva verduras, café, plátanos, yuca, maíz, maní y frijoles. Parte de la producción es consumida por la familia, y el excedente se vende en el mercado local.

Díaz afirma ganar alrededor de US$ 70 al mes con estas ventas. También cría gallinas, cerdos, vacas, un burrito y decenas de cobayas que circulan libremente por la casa.

A pesar de su edad, mantiene una rutina intensa de trabajo. Después de cuidar la irrigación, necesita desmalezar el terreno y alimentar a los animales. “No tengo tiempo suficiente en el día”, dice, siempre sonriendo.

El sistema recuperado transformó la relación de estas comunidades con el agua, permitiendo que una región históricamente marcada por la escasez mantenga hoy un abastecimiento continuo, incluso bajo condiciones climáticas extremas.

Fuente: Mongabay

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Fabio Lucas Carvalho

Jornalista especializado em uma ampla variedade de temas, como carros, tecnologia, política, indústria naval, geopolítica, energia renovável e economia. Atuo desde 2015 com publicações de destaque em grandes portais de notícias. Minha formação em Gestão em Tecnologia da Informação pela Faculdade de Petrolina (Facape) agrega uma perspectiva técnica única às minhas análises e reportagens. Com mais de 10 mil artigos publicados em veículos de renome, busco sempre trazer informações detalhadas e percepções relevantes para o leitor.

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