Decisión del STJ Refuerza Que el Divorcio en Brasil Es un Derecho Unilateral e Independiente del “sí” del Otro Cónyuge Desde la Enmienda Constitucional nº 66/2010.
El Superior Tribunal de Justicia (STJ) confirmó, en un reciente juicio, que ya no es necesario el consentimiento del otro cónyuge para divorciarse. La decisión reafirma un entendimiento que ya se venía adoptando desde la Enmienda Constitucional nº 66/2010, pero que aún genera dudas entre muchos brasileños. En la práctica, esto significa que cualquier persona casada puede solicitar el divorcio de forma unilateral, bastando manifestar la voluntad de cerrar el vínculo conyugal — sin depender del “sí” del compañero o compañera.
La medida es considerada un hito en la autonomía individual dentro del derecho de familia, consolidando el divorcio como un derecho potestativo, es decir, que no puede ser impedido o negado por la otra parte.
Lo Que Cambió con la Enmienda Constitucional nº 66/2010
Antes del cambio constitucional, la ley exigía separación judicial previa y un plazo mínimo de convivencia antes de permitir el divorcio. Aún existía la figura de la “culpa”, donde uno de los cónyuges era responsabilizado por el fin de la relación — lo que hacía que el proceso fuera lento, burocrático y emocionalmente desgastante.
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Con la promulgación de la Enmienda Constitucional nº 66, el artículo 226, §6º de la Constitución Federal fue modificado, simplificando el proceso y eliminando estas exigencias. Desde entonces, el divorcio pasó a ser un derecho inmediato, bastando la voluntad de una de las partes.
Esta enmienda representó una verdadera revolución silenciosa en el derecho de familia brasileño, abriendo espacio para el llamado “divorcio directo”, tanto judicial como extrajudicial (en notaría, en los casos sin hijos menores o incapaces).
Entendimiento del STJ Refuerza la Autonomía Individual
En recientes decisiones, el Superior Tribunal de Justicia consolidó el entendimiento de que ningún cónyuge puede ser obligado a permanecer casado contra su propia voluntad.
En uno de los precedentes más citados (REsp 1.236.067/RS), la Corte afirmó:
“El divorcio es un derecho potestativo y no depende de la concordancia del otro cónyuge, bastando la manifestación de voluntad de uno de los consortes.”
Este entendimiento ha sido aplicado en todo el país, tanto en las varas de familia como en notarias, garantizando agilidad y seguridad jurídica para quienes deciden poner fin a un matrimonio.
Divorcio en Notaría: Rápido, Gratuito y Sin Litigio
Cuando no hay hijos menores y la pareja está de acuerdo con la partición, el divorcio puede hacerse directamente en notaría, con la ayuda de un abogado.
El procedimiento es simple: basta la presentación de los documentos personales, la certificación de matrimonio y un acuerdo formal sobre bienes y deudas.
En los casos en que solo uno de los cónyuges quiere divorciarse, es posible presentar una demanda judicial, y el otro será solo notificado — sin poder impedir el término del vínculo.
La medida evita procesos largos y reduce el sufrimiento emocional de quienes buscan un nuevo comienzo.
Reflejos Sociales y Emocionales de la Nueva Regla
Los especialistas en derecho de familia destacan que el divorcio unilateral representa un avance civilizatorio, pues reconoce el derecho individual a la libertad afectiva.
La decisión también tiene efecto práctico: reduce la judicialización de conflictos conyugales e impide que el matrimonio sea utilizado como forma de coerción o dependencia emocional.
Sin embargo, los juristas advierten que, a pesar de la simplicidad, el divorcio no exonera a ninguna de las partes de las obligaciones legales, como pensión alimenticia, custodia de hijos o partición de bienes — estas cuestiones continúan siendo tratadas de forma separada.
Brasil vive una nueva fase en las relaciones conyugales. Desde la Enmienda Constitucional nº 66/2010, el divorcio dejó de ser una solicitud y pasó a ser un derecho.
El “sí” del otro cónyuge, antes símbolo de finalización del vínculo, ya no tiene más peso jurídico. Ahora, basta con la voluntad individual para poner fin al matrimonio — y empezar un nuevo ciclo de vida.
Como resume el propio STJ, nadie está obligado a permanecer casado.
Y, más que un cambio en la ley, esta evolución refleja una transformación social: el reconocimiento de que la libertad de elegir — inclusive no permanecer — es un derecho esencial.

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