Presión internacional, disputa por presupuesto y tecnología sensible colocan el proyecto del submarino nuclear brasileño en el centro de una estrategia que involucra defensa, autonomía y geopolítica, mientras el país intenta avanzar sin abrir información considerada crítica por la Marina.
El avance del primer submarino brasileño con propulsión nuclear sigue rodeado por dos frentes de presión, según entrevista concedida al diario BBC Brasil: la disputa por recursos para mantener el cronograma y la negociación con organismos internacionales para resguardar datos considerados estratégicos por la Marina.
Al frente de este proceso está el almirante de escuadra Alexandre Rabello de Faria, al mando de la Dirección General de Desarrollo Nuclear y Tecnológico de la Marina desde abril de 2024, en un momento en que el país intenta llevar adelante el proyecto Álvaro Alberto, pieza central del PROSUB, programa iniciado en 2008 con Francia y conectado a una ambición brasileña que remonta a finales de los años 1970.
En la evaluación de Rabello, Brasil no debería renunciar ni a la tecnología ni al objetivo militar asociado al submarino, según reportaje publicado por la BBC Brasil.
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En entrevista, el almirante sostuvo que la embarcación es tratada por la fuerza como un instrumento de disuasión para la llamada Amazonía Azul y para la extensa franja costera brasileña.
El argumento central es operacional: un submarino de propulsión nuclear puede permanecer más tiempo en patrulla, desplazarse con mayor velocidad y ampliar la capacidad de respuesta de la Marina ante amenazas en el Atlántico Sur.
Pruebas del reactor nuclear y etapa en Iperó
Hoy, sin embargo, el proyecto aún depende de una etapa anterior al mar.
El enfoque técnico está en el Laboratorio de Generación Nucleoeléctrica (Lagene), en Iperó, en el interior de São Paulo, donde la Marina pretende validar en tierra el prototipo de la planta nuclear que deberá equipar el submarino.
La lógica es probar de forma exhaustiva el reactor y el sistema de propulsión antes de cualquier integración al casco.
Solo después de esta fase el plan prevé el montaje de la planta embarcada y la secuencia de pruebas en Itaguaí, en Río de Janeiro, donde ya están el astillero y la infraestructura del programa.
Presupuesto y retrasos en el submarino nuclear brasileño
El principal obstáculo sigue siendo el presupuesto.
Rabello afirma que el programa sufrió sucesivos retrasos debido a la oscilación de los desembolsos públicos, y la propia Marina admite que la velocidad de ejecución depende directamente de la regularidad del financiamiento, de acuerdo con la investigación del diario BBC Brasil.
La previsión mencionada por el almirante para el lanzamiento del submarino en 2037 pasó a simbolizar justamente este impasse: sin flujo estable de recursos, la meta puede deslizarse otra vez.
La evaluación también dialoga con el monitoreo oficial del gobierno sobre proyectos estratégicos de defensa, que ya ha registrado dificultades de entrega relacionadas con restricciones presupuestarias.
Mientras el submarino nuclear permanece en desarrollo, el PROSUB avanzó en frentes paralelos.
La Marina informa que Riachuelo y Humaitá ya han sido incorporados al sector operativo, que el Tonelero fue lanzado al mar y pasó por pruebas de inmersión, y que el Angostura sigue como el cuarto submarino convencional previsto en el programa.
Esta secuencia es relevante porque la experiencia acumulada con la construcción, la integración de sistemas y la operación de los convencionales es presentada por la fuerza como base industrial y tecnológica para el salto del Álvaro Alberto.
Negociación con la AIEA y protección de datos sensibles
En el campo externo, el nudo está en la definición de las salvaguardas que se aplicarán al material nuclear destinado a la propulsión naval.
Brasil mantiene con la Agencia Internacional de Energía Atómica una discusión específica sobre procedimientos previstos en el artículo 13 del acuerdo cuadripartito de salvaguardas, mecanismo que trata justamente de material nuclear utilizado en actividades como la propulsión de submarinos.
En mayo de 2022, el país envió a la agencia una propuesta de procedimientos especiales, y la negociación siguió en análisis en los informes posteriores del organismo.
Es en este punto que Rabello fija una línea de resistencia.
El almirante dice que el país necesita cumplir integralmente sus compromisos de no proliferación, pero afirma que no considera aceptable abrir información que pueda comprometer la defensa brasileña.
La preocupación es separar lo que la AIEA debe verificar para asegurar que no habrá desvío de material nuclear de aquello que la Marina trata como dato técnico sensible del reactor, de la propulsión y del desempeño militar de la embarcación.
En la práctica, la negociación gira en torno de este límite.
La posición brasileña también aparece en foros internacionales más amplios.
En 2025, durante la Conferencia General de la AIEA, Brasil volvió a defender que cualquier arreglo de salvaguardas para propulsión nuclear naval preserve el carácter no discriminatorio del régimen internacional y sea tratado con transparencia institucional.
Al mismo tiempo, la agencia reconoce que el tema es sensible y sin muchos precedentes, lo que ayuda a explicar por qué no hay un desenlace rápido para el caso brasileño.
Escenario internacional presiona estrategia de defensa de Brasil
Rabello relaciona la importancia del proyecto a la deterioración del ambiente estratégico, como también apuntó el diario BBC Brasil.
En la entrevista, citó la guerra en Ucrania y el conflicto involucrando a Irán como ejemplos de un sistema internacional más inestable y más orientado a la lógica de protección nacional.
La lectura del almirante es que, en este escenario, el mar permanece como la frontera más vulnerable de Brasil, sobre todo porque el país aún no dispone de un sistema plenamente consolidado de vigilancia marítima.
Por eso, argumenta, la capacidad de disuasión en el Atlántico Sur ganó peso adicional en la planificación naval.
Esta preocupación aparece también en la forma en que la Marina observa los movimientos de Estados Unidos en el hemisferio occidental.
La Estrategia de Seguridad Nacional publicada por la Casa Blanca en diciembre de 2025 afirma que el hemisferio alberga recursos estratégicos y que Washington debe profundizar asociaciones regionales para moldear ese espacio de interés.
Al comentar este rediseño geopolítico, Rabello dijo ver a EE. UU. como socio histórico, pero reconoció incomodidad con la presión para que los países se alineen a bloques en una nueva división de poder.
El trasfondo regional se volvió aún más sensible tras la operación militar estadounidense que resultó en la captura de Nicolás Maduro, en enero de 2026, episodio relatado por agencias internacionales y citado en la entrevista como señal de la asimetría entre el poder naval de Estados Unidos y el de las marinas sudamericanas.
Rabello afirmó que Brasil no se prepara para enfrentar potencias de esa escala, pero defendió la necesidad de mantener al menos una capacidad mínima de protección y disuasión.
En este razonamiento, el submarino nuclear aparece menos como instrumento de confrontación directa y más como activo de presencia estratégica, autonomía tecnológica y protección de largo alcance.
La declaración del almirante resume la lógica que sostiene el programa incluso bajo retrasos, costos elevados y presiones diplomáticas.
“Lo que compromete la defensa de Brasil no puede ser negociado o aceptado por el país”, afirmó al tratar de las salvaguardas internacionales.
En otra parte, reforzó la misma línea al decir que Brasil “no puede renunciar a esta tecnología y a este activo militar”.
La apuesta de la Marina, por lo tanto, sigue siendo la de preservar el proyecto, consolidar la base industrial creada en torno a él e impedir que la combinación de ajuste fiscal y presión externa reduzca una iniciativa tratada internamente como estratégica.

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