La discusión sobre sostenibilidad ha avanzado rápidamente en la última década, especialmente después de las primeras directrices globales de reporte ambiental y, posteriormente, con el fortalecimiento de las normas europeas.
Aun así, según el sitio KPMG Portugal (2025), la mitad de las empresas portuguesas aún no cuantifican los impactos financieros de los riesgos climáticos, a pesar de que ya están obligadas a reportar estos datos por las Normas Europeas de Relato de Sostenibilidad (ESRS). Esta constatación genera preocupación, sobre todo porque la adaptación climática se ha convertido en esencial para la competitividad en el escenario global.
Aunque muchas organizaciones ya reconocen la importancia del tema, el estudio “ESRS: lecciones aprendidas para el futuro”, realizado por KPMG, muestra que aún existe una gran distancia entre la conciencia ambiental y la práctica efectiva. Además, según el sitio de la propia consultoría, la investigación abarca 20 empresas portuguesas y compara los resultados con un universo internacional compuesto por 270 organizaciones europeas que también reportaron bajo los mismos estándares. De esta forma, el informe identifica avances, pero también evidencia lagunas significativas que necesitan ser tratadas con urgencia.
El historial de la evolución de la sostenibilidad corporativa
El camino de la sostenibilidad en el contexto empresarial europeo comenzó a ganar fuerza a principios de los años 2000, cuando los informes voluntarios se popularizaron entre grandes corporaciones. Posteriormente, la creación del Green Deal Europeo en 2019 aceleró el proceso, imponiendo metas obligatorias para la reducción de emisiones y aumento de la transparencia climática. Desde entonces, empresas de todos los sectores han comenzado a reestructurar procesos internos para reportar indicadores ambientales de manera robusta.
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No obstante, de acuerdo con el gobierno europeo, la implementación de las ESRS representa el paso más ambicioso hasta hoy. Estas normas exigen que las empresas midan, validen y divulguen decenas de indicadores ambientales, incluyendo emisiones directas e indirectas, riesgos financieros relacionados con el clima y estrategias de mitigación. Sin embargo, incluso con esta exigencia, el estudio muestra que muchos negocios aún no logran integrar estos indicadores en la planificación financiera.
Aún así, esta dificultad no se limita a Portugal. KPMG informa que gran parte de las empresas europeas también enfrenta desafíos para cuantificar riesgos climáticos, aunque el porcentaje portugués destaca negativamente. Esta comparación refuerza la necesidad de avances estructurales dentro del ambiente corporativo nacional.
La importancia de cuantificar riesgos para garantizar sostenibilidad
La cuantificación de los riesgos climáticos dejó de ser una recomendación y pasó a ser una exigencia regulatoria. Esto ocurre porque tormentas, sequías, incendios, aumento del nivel del mar y crisis hídricas se han convertido en eventos frecuentes y con impacto directo en los resultados de las empresas. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), la esperanza media de vida a los 65 años ha aumentado, lo que exige mayor longevidad financiera del sistema económico y mayor estabilidad ambiental.
Por lo tanto, cuando una empresa no estima los daños potenciales del clima sobre su operación, pone en riesgo no solo su estabilidad, sino también a sus inversores, consumidores y comunidades. Además, según el informe de KPMG, la ausencia de métricas financieras climáticas compromete la credibilidad de los informes de sostenibilidad, reduciendo su utilidad para auditorías y para el mercado financiero.
Aun así, muchas organizaciones alegan que la medición de estos riesgos requiere datos complejos y metodologías avanzadas, lo que dificulta la aplicación inmediata de las normas. A pesar de esto, los expertos afirman que posponer este proceso puede dificultar aún más la adaptación futura.
Cómo las empresas portuguesas se comparan al escenario internacional
Aunque Portugal ha avanzado en algunas áreas, el informe de KPMG demuestra que aún hay discrepancias expresivas cuando las empresas portuguesas se comparan con la media europea. Según el análisis, gran parte de las corporaciones internacionales ya puede cuantificar parte de los riesgos ambientales, mientras que los negocios portugueses todavía enfrentan obstáculos metodológicos y estructurales.
Este escenario puede perjudicar al país en la carrera global por inversiones sostenibles. Desde 2021, fondos internacionales han comenzado a priorizar empresas con fuerte gobernanza ambiental, siguiendo criterios ESG rigurosos. Así, organizaciones que no presentan informes completos pueden perder espacio en mercados competitivos.
Por otro lado, el estudio también destaca buenas prácticas observadas en empresas que ya han incorporado totalmente las directrices ESRS. Estas organizaciones presentan informes transparentes, estrategias de mitigación, análisis de escenarios y planes de adaptación basados en datos reales. Estos ejemplos muestran que la transformación es posible y que las inversiones en capacitación y tecnología hacen una diferencia significativa.
La sostenibilidad como exigencia permanente
Aunque el proceso es desafiante, la sostenibilidad no puede más ser tratada como una tendencia pasajera. Según la Comisión Europea, la crisis climática exige acciones inmediatas y coordinadas. Por lo tanto, las empresas que retrasan su adaptación pueden comprometer el futuro de toda la cadena productiva. Además, informes incompletos dejan de informar a los inversores sobre riesgos potenciales, reduciendo la confianza del mercado.
Aun así, el estudio de KPMG resalta que la transición a un modelo de reporte más robusto requiere tiempo, formación y nuevas tecnologías. Organizaciones que entienden esta necesidad ya están buscando soluciones digitales que automatizan parte de la recolección de datos, aumentando la precisión de la información divulgada.
Al mismo tiempo, según el sitio KPMG Portugal, las empresas portuguesas demuestran disposición para evolucionar y ya adoptan buenas prácticas en otras áreas, como gobernanza, ética y gestión de residuos. Sin embargo, la medición de los riesgos financieros climáticos permanece como el mayor desafío y el principal punto de atención para los próximos ciclos de reporte.
La urgencia de avanzar hacia una sostenibilidad real
Este conjunto de información revela que Portugal se encuentra en un momento decisivo. Aunque hay reconocimiento sobre la importancia de la sostenibilidad, aún falta consistencia en el uso de métricas, algo esencial para garantizar la resiliencia económica y ambiental en los próximos años. Por lo tanto, la adaptación a las normas europeas debe ser considerada como prioridad.
Al mismo tiempo, las empresas que avancen más rápido ganarán ventaja competitiva, pues consumidores e inversores ya exigen transparencia total. Así, la sostenibilidad seguirá moldeando decisiones corporativas, políticas públicas y estrategias globales de desarrollo en las próximas décadas.

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