Nueva investigación internacional muestra que la fuerza de la mordida puede explicar por qué el Tyrannosaurus rex y otros grandes depredadores desarrollaron brazos tan pequeños
Un descubrimiento científico ha reavivado uno de los debates más curiosos de la paleontología moderna. Los brazos cortos del T-Rex, durante décadas asociados a dudas, teorías y bromas sobre la evolución, han ganado una nueva explicación a partir de un estudio conducido por investigadores de la University College London y la Universidad de Cambridge.
La investigación, publicada el 20 de mayo de 2026 en la revista Proceedings of the Royal Society B, señala que grandes dinosaurios carnívoros comenzaron a depender cada vez más de la fuerza de sus mandíbulas para capturar y matar presas. Con ello, los miembros anteriores perdieron importancia a lo largo de millones de años y terminaron disminuyendo durante el proceso evolutivo.
Investigación científica revela patrón repetido en diferentes grupos
El estudio analizó decenas de especies de terópodos, grupo de dinosaurios bípedos que incluye al propio Tyrannosaurus rex. El análisis mostró que el acortamiento de los brazos ocurrió de forma independiente en al menos cinco linajes distintos de depredadores carnívoros.
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Entre los grupos identificados están tiranosaurios, abelisaurios, carcharodontosaurios, megalosaurios y ceratosaurios. Incluso viviendo en épocas y regiones diferentes del planeta, estos animales presentaron una característica similar: miembros anteriores muy reducidos.
Uno de los ejemplos más impresionantes es el Carnotauro, que tenía brazos aún más pequeños que los del T-Rex. Este patrón refuerza la idea de que la reducción no fue un caso aislado, sino una respuesta evolutiva repetida en diferentes linajes.
Relación entre cráneo robusto y brazos menores llamó la atención de los investigadores
La investigación identificó una fuerte conexión entre el tamaño de los brazos y la robustez del cráneo. Cuanto más poderosa era la mordida del animal, más pequeños tendían a ser sus miembros anteriores.
Para llegar a esta conclusión, los científicos desarrollaron un método de análisis que consideró el formato del cráneo, la resistencia de las articulaciones óseas y la fuerza estimada de la mordida. El resultado colocó al T-Rex en la cima de la puntuación de robustez craneal entre todas las especies evaluadas.
Justo detrás apareció el Tyrannotitan, un gigantesco depredador que vivió en el territorio de la actual Argentina millones de años antes. La misma tendencia también se observó en especies más pequeñas, como el Majungasaurus, que habitó Madagascar hace unos 70 millones de años.

Herbívoros gigantes pueden haber influenciado la evolución de los depredadores
El tamaño de las presas disponibles en los antiguos ecosistemas pudo haber sido decisivo para esta transformación. Grandes depredadores compartían espacio con saurópodos gigantes, herbívoros de cuello largo que podían alcanzar decenas de metros de longitud.
Frente a animales tan grandes, una mordida extremadamente poderosa sería más eficiente que el uso de las garras delanteras. El intento de controlar un saurópodo solo con los brazos probablemente no ofrecía una ventaja real durante la caza.
En este escenario, las mandíbulas pasaron a ocupar un papel central en la supervivencia de estos depredadores. La fuerza de la mordida se habría convertido en una herramienta más útil, directa y eficiente que miembros anteriores grandes.
La eficiencia energética ayuda a explicar la reducción de los brazos
Los investigadores también consideran la posibilidad de que el gasto de energía haya influido en este cambio. Mantener al mismo tiempo una cabeza extremadamente robusta y brazos grandes podría exigir un costo elevado para el organismo.
La selección natural habría favorecido a individuos con mordidas más fuertes, mientras los brazos perdieron importancia gradualmente. Este proceso se acerca al principio evolutivo conocido como “úsalo o piérdelo”, en el cual estructuras menos utilizadas tienden a disminuir a lo largo de las generaciones.
Brazos pequeños no significaban brazos inútiles
A pesar de la fama de miembros desproporcionados, los brazos del T-Rex probablemente no eran totalmente inútiles. Estudios anteriores indican que aún poseían fuerza considerable y podrían levantar más de 100 kilos.
No todos los grandes depredadores siguieron esta misma trayectoria. Espinosaurios y megaraptoranos mantuvieron brazos largos y funcionales, asociados a cráneos más estrechos y estrategias diferentes.
La nueva investigación refuerza que la evolución no sigue un único camino. En el caso del Tyrannosaurus rex, todo indica que la naturaleza favoreció una estrategia directa: menos dependencia de los brazos y más fuerza en una de las mordidas más poderosas que han existido en la Tierra.
¿Qué revela este descubrimiento sobre los dinosaurios?
El estudio de la University College London, de la Universidad de Cambridge y de la Proceedings of the Royal Society B amplía el entendimiento sobre la evolución de los grandes depredadores prehistóricos. La investigación también muestra que características consideradas extrañas pueden tener funciones ligadas a la supervivencia, la caza y el gasto de energía.
Ante estas nuevas evidencias, ¿cree que otras características curiosas de los dinosaurios aún pueden obtener explicaciones sorprendentes en los próximos años?

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