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Trump reúne aliados latinoamericanos en Florida para lanzar el “Escudo de las Américas”, aproxima a líderes de derecha como Milei y Bukele y deja a Lula completamente fuera de la invitación, reavivando la disputa geopolítica y el esfuerzo de EE. UU. por alejar la región de China.

Publicado el 06/03/2026 a las 22:19
Trump põe aliados no Escudo das Américas, isola Lula e recoloca América Latina e Estados Unidos no centro da disputa regional.
Trump põe aliados no Escudo das Américas, isola Lula e recoloca América Latina e Estados Unidos no centro da disputa regional.
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En la ciudad de Doral, cerca de Miami, Trump reúne a aliados latinoamericanos en su resort para inaugurar una coalición centrada en la seguridad, inmigración y combate a la interferencia extranjera, mientras aproxima a nombres de la derecha regional, aísla a Lula y refuerza la ofensiva de los Estados Unidos para contener el avance chino en la región latinoamericana.

Donald Trump reúne aliados latinoamericanos este sábado (7), en Doral, Florida, para la primera cumbre del Escudo de las Américas, grupo recién creado por su gobierno y presentado como una alianza entre países con los mismos ideales en el hemisferio. El encuentro ocurre en un resort y campo de golf de propiedad del propio presidente estadounidense, lo que transforma la agenda en un gesto político y simbólico al mismo tiempo.

La lista de asistentes ayuda a explicar el peso del evento. Están entre los invitados nombres de la derecha y de la extrema derecha regional, como Javier Milei, de Argentina, Nayib Bukele, de El Salvador, y José Antonio Kast, presidente electo de Chile. Por otro lado, la ausencia de Luiz Inácio Lula da Silva llama la atención porque no parece casual: se suma a la exclusión de otros líderes de izquierda, como Claudia Sheinbaum, Gustavo Petro y Delcy Rodríguez.

Un bloque creado para reunir aliados y marcar fronteras políticas

El Escudo de las Américas nace con una identidad muy clara. Según la Casa Blanca, los países participantes forman un grupo de “más fuertes aliados” de los Estados Unidos en el hemisferio, unidos por la propuesta de promover libertad, seguridad y prosperidad en la región. No se trata solo de una reunión diplomática, sino de un intento de organizar un campo político definido, con un discurso común y prioridades muy específicas.

En la práctica, el grupo se presenta como una coalición para actuar en conjunto contra la interferencia extranjera, pandillas, cárteles criminales, narcoterroristas e inmigración ilegal en masa. Esta formulación muestra que el proyecto mezcla seguridad, control migratorio y alineación ideológica. El resultado es un diseño de bloque en el que los aliados son elegidos no solo por geografía, sino también por afinidad política con la Casa Blanca.

Quién entra, quién queda fuera y por qué esto importa

La presencia de Milei, Bukele y Kast le otorgan al encuentro un perfil nítido. Son líderes o figuras asociadas a una agenda de derecha dura, con fuerte discurso sobre orden, seguridad, soberanía y enfrentamiento de adversarios ideológicos.

Al aproximarlos bajo la marca del Escudo de las Américas, Trump crea una fotografía política poderosa: la de un círculo de aliados que pretende hablar en nombre de parte relevante de América Latina.

La ausencia de Lula amplía aún más este mensaje. El presidente brasileño no fue invitado, y esto cobra peso porque Brasil es la mayor economía de la región y un actor central en cualquier reordenamiento continental.

Al dejar a Lula fuera, Trump no solo excluye a un jefe de Estado importante; también señala que el nuevo bloque no quiere acomodar divergencias amplias. El criterio principal parece ser el alineamiento, y no el tamaño político o económico de cada país.

Doral se convierte en escenario de un mensaje calculado

El lugar del encuentro también comunica mucho. Doral, cerca de Miami, no fue elegida solo por conveniencia geográfica. Al albergar la reunión en un resort y campo de golf de su propiedad, Trump mezcla diplomacia, marca personal y demostración de poder.

El escenario de lujo refuerza la idea de control de la escena, como si la cumbre hubiera sido diseñada para unir a aliados en un ambiente totalmente moldeado por el anfitrión.

El evento también prevé la firma de la llamada Carta de Doral, documento que defiende el derecho de los pueblos del hemisferio a definir su propio destino libres de interferencia. La formulación es amplia, pero el contexto deja claro el objetivo político.

La carta intenta proporcionar base conceptual al Escudo de las Américas y transformar el encuentro en algo más duradero que una simple foto entre presidentes e invitados seleccionados.

Marco Rubio, Kisti Noem y la engranaje política del nuevo proyecto

Trump no aparece solo en esta construcción. El secretario de Estado, Marco Rubio, debe estar presente, lo que muestra que la iniciativa no está restringida al campo retórico e incluye también la diplomacia oficial de los Estados Unidos.

La expectativa en torno a la participación de Kisti Noem amplía este mensaje, porque su presencia conecta el encuentro a un discurso más rígido en el área de seguridad interna y migración.

Según la información asociada al evento, Noem, llamada por opositores “Barbie del ICE”, fue despedida del cargo actual, en el que permanece hasta finales de marzo, y asumirá la función de embajadora de EE.UU. en el Escudo de las Américas.

Este detalle es revelador, porque sugiere que el grupo no está siendo tratado como una iniciativa improvisada. Hay intención de dar estructura política y representación propia al proyecto, señalando continuidad más allá del lanzamiento en Doral.

China aparece como el verdadero telón de fondo de la cumbre

Aunque el discurso oficial habla de seguridad, prosperidad y libertad, el telón de fondo estratégico es la disputa por influencia con China. Los analistas ven el Escudo de las Américas como un intento de alejar a América Latina de la esfera china.

Esto ayuda a entender por qué la reunión va mucho más allá de afinidades ideológicas entre Trump y sus aliados regionales: se trata de una ofensiva geopolítica más amplia.

Este movimiento se inscribe en una línea que recuerda la doctrina Monroe, evocada frecuentemente en las iniciativas de Trump para restaurar la hegemonía americana en las Américas.

El continente, tratado por el gobierno como “nuestro patio trasero”, vuelve a ser visto como espacio prioritario de contención estratégica.

El lenguaje de la interferencia extranjera, en este contexto, funciona como contraseña política para encuadrar la presencia económica y tecnológica china como una amenaza directa a los intereses de los Estados Unidos.

El avance chino ayuda a explicar la urgencia americana

La presión no surgió de la nada. Esta semana, un informe de una comisión del Congreso con mayoría republicana alertó sobre iniciativas chinas en el sector aeroespacial en las Américas, incluyendo Brasil.

Para los diputados, estas bases podrían ser usadas por China para fines militares. Este argumento refuerza el tono de urgencia que rodea la reunión de Doral y ofrece justificación política para el lanzamiento del Escudo de las Américas.

Los números del comercio ayudan a medir por qué Washington trata el tema como una disputa decisiva. En 2001, Cuba era el único país de la región que hacía más negocios con China que con los Estados Unidos.

Veinte años después, todos los países de América del Sur, con excepción de Paraguay y Colombia, negociaban más con los chinos que con los americanos. En dos décadas, el mapa económico ha cambiado profundamente, y eso explica cuánto ha crecido la influencia de Pekín en el continente.

El mensaje para América Latina va más allá de la ceremonia

Al reunir aliados en un espacio controlado por él, lanzar un bloque con un nombre fuerte, firmar la Carta de Doral y dejar a Lula fuera, Trump construye un gesto político de alcance regional.

El evento sirve para acercar a gobernantes y líderes alineados, pero también para dividir claramente quién está dentro y quién está fuera del nuevo arreglo. Este tipo de movimiento reaviva disputas que mezclan ideología, comercio, seguridad e influencia internacional.

En el centro de todo está el intento de redefinir los rumbos de América Latina en un momento de creciente competencia entre Washington y Pekín. El Escudo de las Américas nace, así, como plataforma de acercamiento entre la derecha regional y como instrumento de presión geopolítica de los Estados Unidos.

La gran cuestión ahora es saber hasta dónde este bloque podrá avanzar y cuánto esta exclusión de líderes como Lula puede profundizar la polarización continental.

Y, para ti, ¿este movimiento fortalece a los EE.UU. en la región o tiende a aumentar aún más la división política en América Latina?

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Luiz Carlos
Luiz Carlos
07/03/2026 06:14

Milei faz o que a direita SEMPRE fez aqui no BRASIL, ficar de joelhos perante FMI.

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Maria Heloisa Barbosa Borges

Falo sobre construção, mineração, minas brasileiras, petróleo e grandes projetos ferroviários e de engenharia civil. Diariamente escrevo sobre curiosidades do mercado brasileiro.

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