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Un Huevo Gigante de 68 Millones de Años, Apodado «La Cosa», Fue Excavado en la Antártida

Escrito por Fabio Lucas Carvalho
Publicado el 19/12/2025 a las 21:37
Actualizado el 19/12/2025 a las 22:05
Ovo gigante de 68 milhões de anos encontrado na Antártida mostra que répteis marinhos botavam ovos de casca mole no mar e mudam teorias reprodutivas
Ovo gigante de 68 milhões de anos encontrado na Antártida mostra que répteis marinhos botavam ovos de casca mole no mar e mudam teorias reprodutivas
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Huevo fossilizado de 68 millones de años con 28 cm por 20 cm, encontrado en la Isla Seymour, en la Antártida, revela que reptiles marinos gigantes depositaban huevos de cáscara blanda en el mar, alterando hipótesis sobre reproducción en el Cretácico Superior y ampliando la comprensión evolutiva

Un huevo fossilizado gigante de 68 millones de años, con 28 cm por 20 cm, fue excavado en la Isla Seymour, Antártida, revelando que un gran reptil marino depositaba huevos de cáscara blanda en el mar, alterando hipótesis sobre reproducción en el Cretácico Superior.

El espécimen, apodado «La Cosa», fue encontrado en sedimentos antárticos y se convirtió en el huevo de cáscara blanda más grande ya identificado, además de figurar como el segundo huevo más grande conocido entre todos los animales.

Las dimensiones medidas, alrededor de 28 centímetros de largo y 20 centímetros de ancho, colocan el fósil por encima de cualquier otro huevo blando descrito, superando registros anteriores en tamaño absoluto.

El descubrimiento ocurrió en la Isla Seymour, lugar conocido por preservar depósitos marinos del Cretácico Superior, donde capas de lodo y arena registraron organismos delicados con un alto nivel de detalle.

Estructura inusual e identificación del fósil

Inicialmente, el objeto no recordaba a un huevo. Se trataba de una masa coriácea, doblada y achatada, que llevó a los investigadores a compararla con un saco desinflado enterrado en los sedimentos antárticos.

Análisis microscópicos revelaron una pared extremadamente delgada, con solo fracciones de milímetro, sin poros visibles y formada por capas superpuestas, recordando huevos modernos de lagartos y serpientes.

La ausencia de una cáscara gruesa y calcárea alejó la posibilidad de un huevo de dinosaurio típico, reforzando la interpretación de un huevo de cáscara blanda colapsado después de la eclosión.

El trabajo fue liderado por Lucas Legendre, paleontólogo de la Universidad de Texas en Austin, especialista en huevos fossilizados y evolución reproductiva de reptiles a lo largo del tiempo geológico.

Tras la reconstrucción cuidadosa de la forma original, el equipo concluyó que la cáscara había colapsado después de la eclosión, explicando por qué el fósil no preservó un contorno redondeado.

El espécimen recibió el nombre formal Antarcticoolithus bradyi, designación fósil que oficializa su singularidad y permite comparaciones sistemáticas con otros huevos fósiles conocidos.

Implicaciones para la reproducción de reptiles marinos

Antes de este descubrimiento, la visión dominante indicaba que grandes reptiles marinos, como los mosasaurios, daban a luz crías vivas, estrategia conocida como viviparidad.

Esta hipótesis se basaba en hallazgos anteriores de pequeños cráneos de mosasaurios en rocas oceánicas, sugiriendo nacimiento en mar abierto, lejos de playas o áreas costeras.

El huevo antártico indica una estrategia diferente, con deposición de huevos de cáscara fina y flexible directamente en el agua, permitiendo la eclosión casi inmediata de las crías.

Esta característica sugiere que el embrión permanecía en el cuerpo materno hasta una etapa avanzada, siendo liberado en un huevo que rompía rápidamente en el ambiente marino.

Aunque el animal progenitor tenía tamaño comparable al de un gran dinosaurio, el huevo no presentaba ninguna característica típica asociada a huevos de dinosaurios conocidos.

La combinación inusual de tamaño, forma y textura diferencia Antarcticoolithus bradyi de todos los otros tipos de huevos fossilizados ya descritos en el registro paleontológico.

Posible productor del huevo y ambiente costero

Cerca del lugar del hallazgo, los investigadores identificaron huesos de Kaikaifilu hervei, un gran mosasaurio conocido de la misma formación rocosa de la Isla Seymour.

Descripciones detalladas indican que este reptil alcanzaba cerca de 10 metros de largo, siendo el mayor depredador de tope de los mares antárticos en el período estudiado.

Estimaciones basadas en comparaciones con 259 especies de reptiles modernos apuntan que el progenitor del huevo habría tenido más de 7 metros de longitud, valor compatible con Kaikaifilu.

Esta correspondencia de tamaño, junto con la proximidad espacial de los fósiles, convierte a Kaikaifilu en un sólido candidato, aunque la conexión directa aún no puede ser comprobada.

La región también preserva huesos de mosasaurios jóvenes y de plesiosaurios, sugiriendo que el área funcionaba como un vivero costero protegido.

En este contexto, huevos de eclosión rápida liberarían crías ya móviles directamente en aguas poco profundas, reduciendo la vulnerabilidad inicial a depredadores.

Huevos de cáscara blanda en el registro fósil

Durante décadas, casi todos los huevos fósiles conocidos de dinosaurios y otros reptiles presentaban cáscaras gruesas y mineralizadas, reforzando la idea de que este sería el patrón ancestral.

Esta interpretación comenzó a cambiar con análisis independientes que examinaron huevos de Protoceratops y Mussaurus, revelando estructuras coriáceas y flexibles, no rígidas.

Los investigadores de este trabajo concluyeron que las cáscaras blandas probablemente existían en los primeros dinosaurios y que las cáscaras duras evolucionaron varias veces, de forma independiente.

Informes museológicos indicaron que estos huevos primitivos se asemejaban a los de tortugas modernas, con recubrimientos enterrables en suelo o arena húmedos.

El huevo antártico amplía este escenario, extendiendo la presencia de huevos de cáscara blanda a reptiles marinos gigantes que vivían cerca de los polos.

Preservación excepcional y contexto ambiental

Huevos blandos raramente fossilizan, ya que son rápidamente destruidos por bacterias y necrófagos, haciendo de la preservación de Antarcticoolithus bradyi un evento excepcional.

La rápida cobertura por sedimentos en un mar poco profundo probablemente aisló el huevo de la descomposición, manteniendo su estructura delicada a lo largo de millones de años.

En el Cretácico Superior, la Antártida tenía un clima más cálido, con mares productivos y costas libres de hielo, a pesar de su ubicación dentro del círculo polar.

Estas condiciones favorecieron el acumulamiento continuo de sedimentos, creando ambientes ideales para la preservación de restos frágiles en el fondo marino.

Embriones preservados de Protoceratops en Mongolia muestran que nidos enteros pueden ser fossilizados, ofreciendo paralelos para interpretar el hallazgo antártico.

El huevo y los restos juveniles cercanos proporcionan un raro vistazo de las etapas iniciales de vida de grandes depredadores marinos del hemisferio sur.

Cada nuevo descubrimiento ayuda a conectar tipo de huevo, comportamiento reproductivo y ambiente, revelando adaptaciones a condiciones frías y estacionales cercanas al antiguo Polo Sur.

El estudio fue publicado en la revista Nature, que también acreditó la imagen del fósil presentada en la divulgación oficial del hallazgo.

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Fabio Lucas Carvalho

Jornalista especializado em uma ampla variedade de temas, como carros, tecnologia, política, indústria naval, geopolítica, energia renovável e economia. Atuo desde 2015 com publicações de destaque em grandes portais de notícias. Minha formação em Gestão em Tecnologia da Informação pela Faculdade de Petrolina (Facape) agrega uma perspectiva técnica única às minhas análises e reportagens. Com mais de 10 mil artigos publicados em veículos de renome, busco sempre trazer informações detalhadas e percepções relevantes para o leitor.

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