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¿Llegará? Tres Franceses Salen De Bolivia Y Cruzan La Amazonía En Balsa De Paja; Tras 90 Días, El Barco Comienza A Deshacerse Antes De Llegar A Su Destino

Publicado el 13/10/2025 a las 13:16
Actualizado el 13/10/2025 a las 13:20
Amazônia, Rio, Bolívia, Balsa de palha
Imagem: Reprodução / UOL
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Llegados de Bolivia, los navegantes recorren más de 3.500 km rumbo a Macapá en homenaje a los 200 años de la independencia boliviana. La balsa, hecha de junco andino, se deteriora cada día en las aguas turbulentas del Amazonas

Desde principios de julio, tres jóvenes navegantes franceses enfrentan una travesía inusual y arriesgada por los ríos del Amazonas. A bordo de una balsa hecha de totora, un tipo de junco andino utilizado desde hace siglos en el Lago Titicaca, navegan desde hace tres meses, llegando de Bolivia, con destino a la ciudad de Macapá, en Amapá. La expedición celebra los 200 años de la independencia de Bolivia y está a punto de ser concluida.

La recta final del viaje

El grupo, que comenzó con cuatro integrantes, ahora está a menos de 100 kilómetros del destino final. La intención es llegar a la desembocadura del Río Amazonas, donde las aguas dulces se mezclan con el Atlántico.

No obstante, el desafío se ha vuelto cada vez más peligroso porque la embarcación, construida con haces atados de totora, está deteriorándose rápidamente.

Con el paso de los días, la balsa ha ido empapándose, hundiéndose cada vez más. En los grandes ríos amazónicos, las altas olas chocan contra el frágil casco de paja, inundándolo con frecuencia.

El líder de la expedición, el francés Fabien Gallier, explicó que la situación es crítica.

Cada ola que viene pasa por encima de la balsa e inunda todo. Estamos avanzando, pero más despacio, porque el barco se ha vuelto pesado. Además, estamos navegando solo a remo, ya que los vientos son contrarios a la dirección que queremos ir”, relató.

Una travesía lenta y peligrosa

Al inicio del viaje, los haces de totora mantenían la embarcación a unos 40 centímetros sobre la superficie.

Ahora, solo quedan 20 centímetros, lo que hace que cualquier ola inunde el barco. “Pasamos todo el tiempo mojados”, contó Fabien, que comparte la aventura con Erwan Rolland y Benjamin Vaysse.

El documentarista Télio Nouraud dejó el grupo para reducir el peso de la embarcación, que hoy pesa más del doble de lo que pesaba al inicio de la expedición.

A pesar de la incomodidad, el trío sigue entusiasmado. Enfrentan turnos de hasta diez horas por día remando, bajo un fuerte sol y constante lluvia.

La preocupación por la integridad de la balsa es constante, pero el grupo confía en que resistirá hasta el final.

Aunque se deshaga, la balsa no se hunde, porque la totora siempre flota”, afirmó Fabien, recordando que los constructores de la embarcación ya habían advertido que el material tiene una vida útil corta.

Una embarcación viva

Los navegantes pasaron dos meses en el Lago Titicaca construyendo la balsa junto a una familia tradicional de artesanos de la región, conocidos por preservar esta técnica ancestral.

Sabían que el barco no resistiría por mucho tiempo, especialmente en aguas amazónicas, donde la temperatura y las corrientes son más severas que en las montañas bolivianas.

En promedio, una balsa hecha de totora dura hasta cuatro meses en el Lago Titicaca. En las aguas cálidas del Amazonas, el proceso de descomposición es más rápido.

Aun así, los franceses siguieron firmes, conscientes de que el deterioro formaba parte de la experiencia.

Sabíamos que esto iba a suceder. Los ríos del Amazonas iban a empapar y acelerar la descomposición. Pero es parte de la aventura. Navegamos con un barco orgánico y vivo”, dijo Fabien.

Según él, la balsa se transformó en un pequeño ecosistema flotante. “Todos los días, brotan champiñones entre los haces y los usamos para comer.

También tenemos hormigas y termitas a bordo. Es un verdadero ecosistema”, bromeó el francés, que ya había recorrido Brasil en bicicleta, desde Oiapoque hasta Chuí.

Un logro histórico, si resisten

Actualmente, la embarcación de seis metros de largo por 2,5 de ancho está a unos 100 kilómetros de Macapá.

Si logran llegar, el grupo será el primero en navegar con un barco de junco desde los Andes hasta el Océano Atlántico, recorriendo más de 3.500 kilómetros.

Se prevé que completen el viaje en dos o tres días, “si la balsa aguanta”, como dicen los propios navegantes.

Herencia de expediciones legendarias con balsas de este tipo

La osadía de los franceses recuerda a aventuras históricas que también usaron balsas y jangadas.

La más célebre de ellas fue la del noruego Thor Heyerdahl, que en 1947 navegó del Perú a la Polinesia Francesa con una embarcación hecha de troncos y totora.

El objetivo era comprobar su tesis de que los pueblos de Polinesia habrían venido de América del Sur.

Curiosamente, la balsa de Heyerdahl fue construida por los ancestros de la misma familia que ayudó a los franceses en la actual expedición.

Además de esta, otros viajes experimentales también usaron embarcaciones primitivas para reconstruir travesías históricas o realizar estudios científicos. Para Fabien, estas balsas son únicas porque “permiten un vínculo estrecho entre el hombre y la naturaleza”.

La balsa del sexo y el lado social de las expediciones

Entre las aventuras más controvertidas realizadas en balsas está la del antropólogo mexicano Santiago Genovés, en 1973.

Colocó a cinco hombres y seis mujeres desconocidas dentro de una balsa y cruzó el Atlántico, desde las Islas Canarias hacia México, para estudiar el comportamiento humano bajo tensión.

Durante el viaje, el investigador incentivó relaciones y situaciones de conflicto entre los tripulantes, transformando la experiencia en un experimento social polémico, apodado por la prensa como “Balsa del Sexo”.

A pesar de las críticas, el estudio inspiró formatos modernos de confinamiento televisivo, como los reality shows, incluido el Big Brother, por explorar la convivencia humana en espacios reducidos y bajo presión constante.

Un tributo a la resistencia y a la naturaleza

La expedición de los franceses, por lo tanto, sigue una larga tradición de navegaciones experimentales. Más que una aventura, el proyecto simboliza la unión entre valentía, simplicidad y respeto por la naturaleza.

Con la balsa cada vez más empapada, los navegantes avanzan remando por las aguas del Amazonas, sin saber si llegarán a Macapá.

Pero, como destaca Fabien Gallier, “incluso si no logramos llegar hasta el océano, ya habremos vivido algo extraordinario”.

Para ellos, lo que importa es el camino —y la historia que la totora, lentamente deshaciéndose en la corriente, seguirá contando por mucho tiempo.

Con información de UOL.

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Romário Pereira de Carvalho

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