Viciado en café: tarifas de EE. UU. contra Brasil revelan crisis inesperada en el comercio internacional. El profesor Oliver Stuenkel analiza cómo la dependencia norteamericana del café brasileño expuso vulnerabilidades políticas y económicas
El americano es reconocidamente viciado en café — y esta característica cultural acabó convirtiéndose en pieza central de una disputa comercial que involucra a Brasil y Estados Unidos. Según análisis del profesor Oliver Stuenkel, especialista en relaciones internacionales, las tarifas impuestas por Donald Trump sobre productos brasileños, en especial el café, generaron fuerte reacción dentro de EE. UU., revelando una presión política inesperada sobre el gobierno.
Hoy, los EE. UU. importan 99% del café que consumen, con apenas pequeñas plantaciones en Hawái. En este escenario, Brasil es proveedor indispensable, responsable de suplir gran parte de la demanda de gigantes como Starbucks. Por eso, la reciente imposición de tarifas causó preocupación entre empresarios americanos, que ya se movilizan para presionar al Congreso y a la Casa Blanca a reconsiderar la medida.
¿Por qué el café brasileño es estratégico para EE. UU.?
La conexión entre Brasil y Estados Unidos va más allá de la diplomacia: el café es un insumo esencial para la economía y la vida cotidiana americana. Se trata de un mercado billonario que moviliza cadenas de consumo, desde cafeterías hasta empresas de tecnología y coworkings que dependen del hábito de consumo diario.
-
50 viaductos, 4 túneles, 28 puentes y 40 kilómetros de ciclovías: la BR-262 en Espírito Santo recibirá 8,6 mil millones de reales en la mayor obra de ingeniería de la historia del estado inspirada en la Autopista de los Inmigrantes de São Paulo.
-
Brasil produce demasiada energía limpia y no sabe qué hacer con ella: más del 20% de la capacidad solar y eólica fue desperdiciada en 2025 mientras los inversores huyen y 509 proyectos de generación renovable fueron abandonados en el último año.
-
El Piauí va a producir un nuevo combustible que sustituye el diésel sin necesidad de cambiar nada en el motor del camión y reduce a la mitad la emisión de gases contaminantes: los camioneros de todo el Nordeste ya celebran la novedad que llegará aún en esta década.
-
Novo shopping brasileño de R$ 400 millones será erguido en un área equivalente a más de 4 campos de fútbol, con 90 tiendas, 5 cines, supermercado, facultad y estacionamiento para 1,7 mil coches, pudiendo generar 3 mil empleos.
Con la tarifa, importar café brasileño se vuelve menos viable económicamente, lo que amenaza todo un sector que abastece a millones de consumidores. Esto explica por qué lobistas y parlamentarios norteamericanos entraron en acción inmediata, presionando por una reversión de la medida.
El peso político del viciado en café
De acuerdo con Stuenkel, la discusión en torno a las tarifas no es solo económica, sino también política. Brasil, antes considerado irrelevante en las prioridades de Washington, ganó protagonismo inesperado justamente por causa de la dependencia americana del café.
El especialista recuerda que, en otras disputas tarifarias, como con India o países europeos, el impacto político fue menor. En el caso brasileño, sin embargo, el perfil “viciado en café” del americano promedio puso presión directa sobre el gobierno de EE. UU., transformando la cuestión en un asunto de interés nacional.
¿Brasil todavía necesita a EE. UU.?
A pesar del impacto en sectores específicos, Stuenkel evalúa que Brasil está más preparado para resistir a la presión externa. Hoy, el país exporta más a China que a EE. UU. y Europa juntos, lo que garantiza mayor margen de maniobra al gobierno brasileño.
Las empresas afectadas por las tarifas pueden buscar compensación en otros mercados, aprovechando el escenario de mundo multipolar, en el que ya no hay dependencia exclusiva de una potencia. Esta realidad coloca a Brasil en una posición más cómoda que a vecinos como Colombia, altamente dependiente del mercado americano.
¿Qué esperar de aquí en adelante?
La disputa en torno al café muestra cómo un hábito cultural puede transformarse en arma política y económica. Para EE. UU., retroceder en las tarifas puede significar evitar escasez y presión popular. Para Brasil, resistir es señal de soberanía y de inserción comercial diversificada.
El futuro de esta crisis dependrá de la intensidad de la presión doméstica dentro de los Estados Unidos. Después de todo, meterse con el americano viciado en café puede costar caro para cualquier gobierno.
¿Y tú, crees que los EE. UU. retrocederán ante la presión del propio consumidor o mantendrán las tarifas contra Brasil? Deja tu opinión en los comentarios — queremos escuchar a quienes viven esta realidad de cerca.

… aguardando o PIX PLAY, BRICIS em ação
… deve sim recuar, pelo menos na tarifa do café
Trump deveria aumentar mais a taxa e passar para a terceira fase da lei mag
****, só pra você né **** ****