Una nueva investigación realizada en China desafía todo lo que pensamos sobre la vida en la Tierra. Científicos descubrieron que microorganismos logran sobrevivir en ambientes sin luz solar, usando solo la energía generada por rocas fracturadas en las profundidades del planeta.
Durante siglos, la ciencia creyó que la luz solar era la base de toda la vida en la Tierra. Pero un estudio reciente realizado por investigadores de China cambió esta idea.
Descubrieron que microorganismos que viven en las profundidades de la Tierra logran sobrevivir usando solo la energía liberada por la fractura de rocas.
Esto sucede debido al movimiento de las placas tectónicas, que generan zonas de fallas y promueven reacciones químicas que no necesitan de luz solar.
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Estas reacciones crean condiciones suficientes para mantener ecosistemas vivos, incluso totalmente aislados de la superficie. El descubrimiento abre espacio para nuevas preguntas sobre cómo funciona la vida en la Tierra y también en otros planetas.
Fracturas producen energía suficiente para la vida
El estudio fue conducido por el Instituto de Geoquímica de Guangzhou. Los científicos querían entender cómo los microorganismos subterráneos obtienen energía y oxidantes, dos ingredientes esenciales para generar reacciones químicas que sustentan la vida.
Ya sabían que el gas hidrógeno podría servir como fuente de energía. Pero el origen de los oxidantes era desconocido. Para investigar esto, los investigadores simularon en laboratorio el proceso natural de fractura de las rocas, el mismo que ocurre en las fallas geológicas.
Al aplicar presión sobre diferentes tipos de rocas, las estructuras se partieron y liberaron moléculas altamente reactivas, conocidas como radicales libres.
Estos radicales reaccionaron con el agua, generando gas hidrógeno y peróxido de hidrógeno (H₂O₂), un oxidante potente.
El resultado fue sorprendente. La cantidad de hidrógeno liberada fue hasta 100 mil veces mayor que la producida por otros procesos naturales, como la serpentinización (reacción del agua con ciertos minerales) o la radiólisis (división del agua por radiación).
Ciclo químico favorece microorganismos
Además de generar hidrógeno y oxidantes, estas reacciones alteraron el comportamiento del hierro presente en las rocas y en el agua. El hierro comenzó a alternar entre sus estados oxidado y reducido, creando un ciclo redox.
Este ciclo es fundamental porque permite el intercambio de electrones, lo que activa otras reacciones importantes para la vida, como las que involucran carbono y nitrógeno.
Los microorganismos utilizan estos electrones, que fluyen a lo largo de los gradientes químicos, como fuente de energía para sobrevivir.
Según los autores del estudio, hasta pequeños terremotos o cambios discretos en el subsuelo pueden ser suficientes para activar estas reacciones químicas. Esto permitiría que la vida continuara incluso en las áreas más profundas y aisladas de la corteza terrestre.
Implicaciones fuera de la Tierra
El descubrimiento también tiene un gran impacto en la astrobiología, área que estudia la posibilidad de vida en otros planetas.
Si reacciones como estas ocurren en la Tierra, no hay motivo para descartar la posibilidad de que procesos similares sucedan en otros cuerpos rocosos del sistema solar.
Planetas como Marte o lunas como Europa, que tienen geología activa y son ricas en minerales, podrían tener condiciones parecidas. Incluso sin luz solar, esos ambientes podrían albergar vida microscópica alimentada por reacciones químicas subterráneas.
La hipótesis de los autores es clara: “Proponemos que fallas en la corteza pueden generar varios pares redox y impulsar el ciclo redox del Fe, proporcionando así una fuente de energía sostenida para la vida subterránea en la Tierra y potencialmente en otros cuerpos planetarios.”
Confirmación depende de estudios en campo
A pesar de los avances, los resultados aún son restrictivos al laboratorio. Los científicos ahora necesitan confirmar con qué frecuencia y eficiencia ocurren estas reacciones en zonas de fallas reales, dentro de la corteza terrestre.
Si los mismos procesos son identificados en el ambiente natural, el estudio puede transformar la forma en que la ciencia entiende la vida oculta bajo nuestros pies y también las posibilidades de vida fuera de la Tierra.
El estudio completo fue publicado en la revista Science Advances.

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