Ir al supermercado se ha convertido en una trampa silenciosa para el consumidor brasileño. Usted cree que está en control, pero los supermercados utilizan trucos visuales y organizacionales para empujar productos más caros sin que usted se dé cuenta.
Ir al supermercado parece una tarea sencilla, pero hay mucho más sucediendo en los pasillos de lo que usted percibe. Sin saberlo, los clientes caen en »trampas» visuales y psicológicas creadas para hacer que gaste más.
Y la más común de ellas está justo delante de sus ojos — literalmente.
Lo más importante es entender que la ubicación de los productos en las estanterías no es aleatoria.
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Los supermercados adoptan una estrategia llamada planograma, que define exactamente dónde debe estar cada artículo para maximizar las ventas.
«Un planograma se define como un “diagrama o modelo que indica la colocación de productos de venta al por menor en las estanterías para maximizar las ventas”, explicó el profesor Graham Kendall, profesor de Investigación Operacional en la Universidad de Nottingham, en un artículo para The Conversation.
Altura de los ojos, precio más alto
Según expertos en venta al por menor y comportamiento del consumidor, los productos colocados a la altura de los ojos tienden a ser los más caros.
Esto ocurre porque el nivel central de las estanterías recibe más atención de los consumidores.
Las marcas que pagan más por espacio o tienen mayor atractivo comercial se ubican allí.
En cambio, los productos más baratos, como las marcas propias, generalmente se colocan en las estanterías superiores o inferiores.
Por ejemplo: en cadenas de supermercados es común ver los tés de grandes marcas posicionados al centro, mientras que las versiones más baratas de la propia cadena se quedan casi en el suelo.
Y esta lógica se repite en diversos sectores — de galletas a productos de limpieza.
El poder del planograma
El planograma es un verdadero mapa mental de la tienda. Él determina dónde debe estar cada artículo para influir en el comportamiento del consumidor.
Y funciona. La frase «nivel de los ojos es nivel de compra» resume bien el concepto. Los clientes miran primero lo que está en el centro y, muchas veces, deciden rápidamente.
Además, los supermercados saben que, al dispersar productos esenciales como leche, huevos y pan en lugares distantes, el consumidor se ve obligado a recorrer todo el establecimiento.
Esto aumenta la probabilidad de compras impulsivas. Estas tácticas son comunes en Brasil, tanto en supermercados de barrio como en grandes cadenas.
Displays, colores y trampas visuales
Otro truco bien conocido son las puntas de góndola — esas estanterías al final de cada pasillo, donde normalmente están las ofertas “especiales”.
Sin embargo, no siempre estos artículos tienen el menor precio. Muchas veces, se utilizan solo para llamar la atención y mover el stock de marcas específicas.
Estos displays suelen reforzarse con carteles coloridos, precios destacados y palabras como “imperdible” o “promoción”.
El problema es que, al ser colocados fuera de la estantería tradicional, impiden una comparación directa con productos competidores. La compra se realiza por impulso, no por lógica.
Los pasillos también influyen en su decisión
¿Se ha dado cuenta de que rara vez encuentra promociones justo al entrar en los pasillos? Esto también es parte del juego.
Estudios sobre el diseño de la tienda muestran que el consumidor necesita tiempo para “adaptarse” al ambiente.
Por eso, los productos con mayor margen suelen aparecer tras algunos metros — cuando ya está más atento y predispuesto a decidir.
Esta estrategia se aplica en Brasil desde hace años, con pequeñas variaciones según el perfil del público.
En supermercados premium, la disposición de los productos resalta marcas sofisticadas justo al inicio.
Ya en mayoristas, los destacados suelen ser precios bajos en las franjas centrales de los pasillos.
Cómo protegerse y ahorrar
Para evitar caer en estas trampas, los expertos en finanzas personales recomiendan una regla simple: siempre haga una lista de compras y sígala con rigor.
Esto ayuda a enfocarse en lo necesario y evita gastos adicionales causados por impulsos visuales.
Otro consejo importante es esforzarse por mirar las estanterías de arriba a abajo. Muchas veces, los productos más accesibles están fuera de la línea de visión inmediata.
Compare precios por unidad, kilo o litro, y no se deje llevar solo por el envase o la posición en los estantes.
Además, evite hacer compras con hambre o con prisa. Estas condiciones aumentan el riesgo de caer en trucos visuales o promociones que no valen la pena.
La elección es suya, no del supermercado
Por lo tanto, la próxima vez que esté frente a una estantería, deténgase un momento y observe. Pregúntese: ¿este producto está aquí porque es bueno, o porque alguien pagó para que estuviera frente a mí?
Entender el funcionamiento del supermercado es el primer paso para voltear el juego a su favor.
Y ahorrar — sin renunciar a la calidad — depende mucho más de su mirada que del color de la etiqueta.

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