Tarifa del 50% impuesta por Donald Trump ya afecta al agronegocio brasileño. Productores de café, miel y uva enfrentan cancelaciones y pérdidas.
El agronegocio brasileño enfrenta uno de los momentos más delicados de los últimos años. Hace exactamente un mes, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, impuso un impuesto del 50% sobre la exportación de productos brasileños, medida que ya provoca pérdidas millonarias para los productores del país.
El tarifazo, en vigor desde el 6 de agosto, ha afectado directamente a agricultores de Minas Gerais, Bahia y Pernambuco, que informan sobre caída en las ventas, cancelación de contratos e incertidumbre respecto al futuro de sus negocios.
Productores pierden clientes conquistados en años de trabajo
La empresaria Daniele Alkmin, directora de la exportadora de cafés especiales Agrorigem, de Santa Rita do Sapucaí (MG), fue una de las primeras en sentir los impactos.
-
El agua que casi todo el mundo tira después de cocinar papas contiene nutrientes liberados durante la preparación y puede ser reutilizada para ayudar en el desarrollo de plantas cuando se usa correctamente en la base de huertos y macetas, sin costo adicional y sin cambiar la rutina.
-
El agua del mar subió de 28 a 34 grados en Santa Catarina y mató hasta el 90% de las ostras: los productores que plantaron más de 1 millón de semillas perdieron prácticamente todo y dicen que si vuelve a suceder, la producción está condenada a su fin.
-
Un árbol indio que crece en el Nordeste brasileño produce un aceite capaz de actuar contra más de 200 especies de plagas y interrumpir el ciclo de los insectos, ganando espacio como alternativa natural en cultivos de soja, algodón y hortalizas.
-
La subida del petróleo en Oriente Medio ya afecta al azúcar brasileño: las usinas del Centro-Sur ven cómo se reduce el margen justo cuando el etanol gana fuerza.
El 9 de julio, cuando Trump anunció la tarifa del 50%, ella ya tenía dos barcos programados para enviar más de 34 toneladas de café a los Estados Unidos.
El contrato, que representaba el 30% de su facturación anual, fue cancelado tras diversas renegociaciones. “Fue un día desesperador”, recuerda.
El cliente norteamericano llegó a sugerir que ambos compartieran el costo de la tarifa, pero el margen de ganancia de la empresa no lo permitía. “No es justo. El impuesto de importación es del importador, no del exportador”, desahoga.
Además de la pérdida financiera, Daniele cuenta que el golpe fue emocional. Fueron diez años de viajes, ferias y consultorías para abrir mercado en EE. UU. Ahora, sus clientes han buscado proveedores en Vietnam y Colombia.
La miel brasileña también sufre con tarifas
La situación no es diferente en el interior de Bahia. El apicultor Joaquim Rodrigues, de Cipó, vio el precio pagado por su miel caer un 18% tras el tarifazo. El kilo, que antes se vendía por cerca de R$ 17, ahora rinde apenas R$ 14.
Con una producción anual de 20 mil kilos, depende casi exclusivamente de las exportaciones. “Antes, el 80% de la miel iba a los Estados Unidos. Ahora, no sabemos cómo será”, afirma.
El gobierno federal anunció que pretende comprar parte de la producción afectada a través de programas como el PNAE (Programa Nacional de Alimentación Escolar) y el PAA (Programa de Adquisición de Alimentos). Aun así, Joaquim teme que el socorro no sea suficiente.
Incertidumbres en el Valle del San Francisco
En el sertão de Pernambuco, el productor de uvas Jailson Lira, del Valle del San Francisco, también se ve en una situación de riesgo.
Cerca del 40% de su facturación depende de Estados Unidos, pero aún no sabe cuál será el impacto de las tarifas, dado que el precio final de la fruta se define solo cuando llega al mercado americano.
El sistema de consignación, en el que las uvas se envían a una distribuidora que revende y remite el valor al productor, hace que el negocio sea aún más incierto. “El negocio se hace siempre a ciegas. Y ahora queda más aún”, afirma Jailson.
Busca alternativas en otros países y hasta en el mercado interno. Sin embargo, resalta que la migración masiva de productores a los mismos destinos puede generar exceso de oferta. “Los Estados Unidos pagan bien. Son excelentes clientes. Estamos perdiendo una gran oportunidad”, lamenta.
Exportadores buscan nuevos mercados
A pesar de las dificultades, parte del agronegocio intenta reaccionar. Daniele Alkmin ya ha enviado muestras de café a Dubái y Noruega, mientras mantiene clientes en Hong Kong, Japón e Irlanda.
Sin embargo, necesita cerrar negocios hasta octubre para que el café sea comercializado como “especial”. Después de ese plazo, la calidad del grano puede deteriorarse y perder valor.
Mientras tanto, productores como Joaquim y Jailson esperan medidas más efectivas del gobierno brasileño para reducir los efectos de las tarifas.
La incertidumbre persiste, y muchos temen que el embargo tarifario de Donald Trump provoque pérdidas duraderas.
El peso de las tarifas en el agronegocio brasileño
El tarifazo americano expuso la dependencia de parte del agronegocio brasileño del mercado externo, especialmente de EE. UU.
Para los expertos, la medida muestra la importancia de la diversificación de las exportaciones y la creación de políticas de apoyo que garanticen competitividad en momentos de crisis.
Por ahora, el sentimiento en el campo es de aprehensión. Productores que han tardado años en conquistar espacio en el mercado americano ahora ven a clientes alejarse por causa del aumento de los costos. Y, aunque surjan nuevos destinos, la relación construida a lo largo de décadas difícilmente será sustituida de la noche a la mañana.

Seja o primeiro a reagir!