La Infraestructura Que Mueve El País Dejó De Ser Nacional Sin Que El Debate Público Percibiera El Cambio De Control
Durante décadas, el debate sobre privatización en Brasil fue presentado como una elección binaria entre Estado y mercado. Sin embargo, un análisis más profundo revela que la realidad fue bien diferente. En lugar de una simple salida del Estado de la economía, lo que ocurrió fue la transferencia del control de activos estratégicos brasileños a estatales extranjeras, pertenecientes a otros gobiernos. Energía eléctrica, gasoductos y aeropuertos, pilares del funcionamiento del país, comenzaron a responder a centros de decisión localizados fuera del territorio nacional.
La información fue divulgada por el economista Paulo Gala, en análisis recientes sobre infraestructura y soberanía económica, en las cuales él cruza datos societarios, contratos de concesión y participaciones accionarias de empresas estatales extranjeras que operan en Brasil. Según Gala, el debate público sobre privatizaciones acabó ocultando un fenómeno más profundo, en el cual los activos estratégicos dejaron el control del Estado brasileño sin que hubiera, de hecho, una retirada del Estado de la economía, sino la transferencia del mando a gobiernos de otros países.
Este proceso no significa que el Estado salió de escena. Por el contrario. Lo que cambió fue cuál Estado pasó a ejercer influencia directa sobre sectores esenciales de la economía nacional.
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Por Qué El Término Privatización No Explica Lo Que Realmente Ocurrió
El primer punto central del análisis es conceptual. El término “privatización” sugiere la transferencia de activos públicos a la iniciativa privada, diluyendo el control estatal. Sin embargo, en el caso brasileño, gran parte de esos activos salió del control del Estado brasileño hacia el control de otros Estados nacionales, a través de sus empresas estatales.
Este proceso se define como desnacionalización, es decir, la pérdida del control estratégico de activos esenciales por parte del Estado brasileño, sin que necesariamente haya una reducción del papel del Estado en la economía. El centro de mando simplemente cambió de dirección.
A partir de esta perspectiva, el debate ideológico pierde fuerza y da lugar a una cuestión estructural: ¿quién decide las inversiones, los recortes de costos, la expansión y la calidad de los servicios que impactan directamente a millones de brasileños?
Para responder a esto, es necesario mapear quiénes son los nuevos controladores de la infraestructura del país.
¿Quién Controla Hoy La Energía, El Gas Y Los Aeropuertos Brasileños?

En el sector de energía eléctrica, uno de los ejemplos más emblemáticos es la antigua Eletropaulo, responsable por el suministro de energía a millones de consumidores en São Paulo. Actualmente, la empresa es controlada por Enel, estatal italiana de energía. El dato más relevante es que el gobierno de Italia, a través de su Ministerio de Economía, posee 23,6% del capital de Enel, una participación que garantiza influencia estratégica sobre las decisiones de la compañía.
Aún en el sector eléctrico, la presencia china es aún más directa. La State Grid, empresa 100% controlada por el gobierno de China, adquirió el control de CPFL Energía, mayor distribuidora privada de electricidad en Brasil. Esta operación involucra miles de kilómetros de líneas de transmisión, que funcionan como las venas del sistema eléctrico nacional. En total, la State Grid invirtió US$ 11 mil millones en Brasil, evidenciando el peso financiero y estratégico de esta presencia.
En el sector de gas natural, la TAG, mayor red de gasoductos del país y anteriormente controlada por Petrobras, fue vendida por US$ 8,6 mil millones a un consorcio liderado por Engie, gigante francesa de energía. Engie posee participación relevante del Estado francés, lo que significa que una infraestructura vital para la industria brasileña pasó a ser controlada desde el exterior.
Ya en el sector de aeropuertos, la española Aena, cuyo mayor accionista es el propio gobierno de España, administra actualmente 17 aeropuertos brasileños. Entre ellos está el aeropuerto de Congonhas, uno de los más transitados del país. Las operaciones de Aena representan cerca de 20% de todo el tráfico aéreo de pasajeros en Brasil, lo que significa que uno de cada cinco pasajeros utiliza aeropuertos gestionados por esta estatal extranjera.
El Caso De La Enel En São Paulo Y El Impacto Directo En El Servicio
Para entender las consecuencias prácticas de este modelo, el análisis profundiza la mirada sobre el caso de Enel en São Paulo. Los números llaman la atención. De acuerdo con datos de la agencia reguladora estatal, las multas aplicadas a Enel crecieron más de 4.000% entre 2019 y 2024.
Un aumento de esta magnitud indica una deterioración significativa en la calidad del servicio, con impactos directos para consumidores residenciales, comercio e industria. La tesis presentada por el análisis es que decisiones de inversión, mantenimiento y recortes de costos pasaron a ser influenciadas por necesidades presupuestarias del gobierno italiano, accionista de referencia de la compañía.
En la práctica, esto significa que decisiones que afectan el suministro de energía en São Paulo pueden estar siendo tomadas con base en prioridades fiscales, políticas y económicas definidas en Roma, y no necesariamente en las necesidades locales del sistema eléctrico brasileño.
El Desequilibrio Regulatorio Entre Brasil Y Otros Países
Otro punto central levantado por la fuente es la asimetría regulatoria. Brasil permite que estatales extranjeras adquieran activos estratégicos en su territorio. Sin embargo, el camino inverso difícilmente sería posible.
Países como Francia, China e Italia poseen mecanismos robustos de protección de sectores estratégicos, como golden shares, poder de veto estatal y legislaciones específicas que impiden el control extranjero de infraestructuras críticas. Una estatal brasileña tendría enorme dificultad, o simplemente sería impedida, de comprar una red de energía, gasoductos o aeropuertos en esos países.
Según el análisis, Brasil no desarrolló herramientas equivalentes, creando una vía de mano única, donde el capital estatal extranjero entra con facilidad, pero el capital estatal brasileño encuentra barreras casi insuperables en el exterior.
Las Propuestas Para Reequilibrar El Control De La Infraestructura
Ante este escenario, el análisis no se limita a la crítica. Algunas soluciones son apuntadas como caminos posibles para reequilibrar el juego. Una de las principales propuestas es la creación de golden shares, acciones especiales que garantizarían al Estado brasileño poder de veto en decisiones estratégicas, incluso sin control mayoritario.
Otra sugerencia es la exigencia de que parte de las ganancias obtenidas por estas empresas sea reinvestida obligatoriamente en Brasil, fortaleciendo la infraestructura local. Además, surge el principio de reciprocidad, permitiendo la compra de activos estratégicos únicamente por empresas de países que concedan el mismo nivel de acceso a Brasil.
Estos mecanismos son comunes en economías desarrolladas y buscan preservar la capacidad de decisión nacional sin alejar completamente la inversión extranjera.
Soberanía, Inversión Extranjera Y El Límite Del Equilibrio
Al final, la cuestión central no es ideológica, sino estructural. Según el análisis, el proceso de desnacionalización no redujo el tamaño del Estado en la economía, solo disminuyó la capacidad del Estado brasileño de decidir los rumbos de su propia infraestructura.
En este contexto, soberanía se define de manera práctica: la habilidad de un país para trazar su propio camino sin que decisiones fundamentales queden subordinadas a centros de poder localizados fuera de su territorio y orientados por otros intereses nacionales.
La reflexión que queda es directa e incómoda: ¿Cuál es el punto de equilibrio entre atraer inversión extranjera y mantener el control sobre el propio destino económico y estratégico del país?


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