En África Central, el bosque dejó de actuar como reservorio líquido de carbono y, desde 2010, pasó a emitir más de lo que absorbe, en medio de la deforestación continua, la pérdida media anual de 106 mil millones de kilos de biomasa y la presión creciente sobre metas globales de temperatura climática actual.
El bosque africano, que durante décadas ayudó a extraer dióxido de carbono de la atmósfera, entró en una fase de inversión: en lugar de funcionar como sumidero, pasó a liberar más carbono del que absorbe. Este cambio se observa con claridad a partir de 2010 y se concentra en ecosistemas de África Central, donde la deforestación continua alteró el balance de carbono.
Según un estudio de fapesp realizado en febrero de 2026, el efecto no se limita a la región. Cuando un gran bosque tropical pierde su capacidad de almacenamiento, el esfuerzo climático internacional se vuelve más difícil, porque se reduce el margen de seguridad. En la práctica, lo que antes era compensado por la vegetación pasa a requerir recortes adicionales de emisiones en sectores económicos y en países que ya enfrentan metas complejas.
Dónde ocurrió el cambio y por qué este territorio es decisivo
El cambio se concentra en áreas de bosque y sabanas arboladas de la República Democrática del Congo, República del Congo, Gabón, Guinea Ecuatorial, Camerún y República Centroafricana.
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Este bloque territorial forma uno de los principales conjuntos de vegetación tropical del planeta, con un papel estratégico en el ciclo de carbono debido a la extensión continua de cobertura nativa.
Cuando este sistema pierde biomasa, no es únicamente una cuestión regional.
La pérdida de función climática del bosque altera la cuenta global, porque el carbono que dejaría de circular en la atmósfera vuelve a presionar la temperatura media del planeta. Esto amplifica el peso de decisiones internacionales sobre energía, uso del suelo y financiación de conservación.
Cuánto se ha perdido desde 2010 y lo que la biomasa revela
Entre 2010 y 2017, el continente perdió aproximadamente 106 mil millones de kilos de biomasa forestal por año.
Este número resume una transformación estructural: la vegetación nativa deja de acumular materia orgánica a una escala suficiente y pasa a reducir su stock, señalando que la capacidad de retención de carbono está comprometida.
La biomasa, en este contexto, es un indicador central porque traduce el “cofre biológico” del bosque. Cuando el stock cae año tras año, el sistema pierde eficiencia para capturar carbono atmosférico a través del crecimiento vegetal.
No es solo una pérdida de árboles; es la pérdida de un mecanismo climático activo que venía ayudando a contener el avance del calentamiento.
Por qué el bosque invirtió el balance de carbono
El factor decisivo señalado es la deforestación continua. Con la eliminación de la vegetación nativa, disminuye el área capaz de capturar carbono a un ritmo suficiente para compensar las emisiones asociadas a la degradación del propio ecosistema. El resultado es la inversión: el bosque deja de “retener” y pasa a “devolver” carbono.
Este proceso no ocurre de forma instantánea, sino acumulativa. A medida que avanza la deforestación, el paisaje pierde integridad ecológica y estabilidad biológica, reduciendo la resiliencia del sistema.
El bosque debilitado absorbe menos, almacena menos y protege menos, creando un ciclo de presión climática progresiva.
El impacto directo en las metas climáticas globales
Heiko Balzter, de la Universidad de Leicester, clasificó el escenario como una alerta crucial para la política climática global.
La respuesta es objetiva: si el bosque africano deja de cumplir su función de sumidero, otras regiones necesitarán reducir aún más sus emisiones para mantener la trayectoria compatible con el límite de 2 °C del Acuerdo de París.
Esto desplaza responsabilidad y aumenta el costo político, económico y tecnológico de la transición climática. Cada tonelada que el bosque deja de absorber necesita ser compensada en otro lugar, ya sea con la descarbonización más acelerada de la energía, ya sea con un cambio en el patrón productivo. Sin esta compensación adicional, la distancia entre la meta climática y la realidad tiende a crecer.
La inversión observada desde 2010 en ecosistemas africanos muestra que el bosque no es solo paisaje: es infraestructura climática.
Cuando esta infraestructura entra en déficit, el planeta entero opera con menos margen de error, y las metas internacionales dejan de ser solo ambiciosas para volverse aún más exigentes a corto plazo.
Desde su punto de vista, ¿qué medida debería ser prioridad inmediata: frenar la deforestación, financiar la restauración a gran escala o endurecer las metas de emisiones de los grandes contaminadores? Y, considerando su contexto local, ¿qué decisión concreta sobre la vegetación nativa considera más urgente hoy?

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