Desarrollado por investigadores de la Universidad Rice, el recubrimiento superhidrofóbico multicapa mantiene la repelencia incluso con líquidos cercanos a 90°C, reduce residuos a menos del 1% en pruebas prolongadas y supera limitaciones de tecnologías que fallan a partir de 40°C.
Investigadores en EE.UU. desarrollaron un recubrimiento superhidrofóbico aislante multicapa (MISH) capaz de repeler agua casi hirviendo, leche caliente, café y sopa de guisante, manteniendo superficies que no deben mojarse efectivas incluso a alta temperatura.
El avance fue obtenido por científicos de la Universidad Rice al probar el flujo de calor en el material, en lugar de centrarse solo en la química y la textura. Superficies superhidrofóbicas, inspiradas en la hoja de loto, normalmente hacen que las gotas rueden con una leve inclinación, pero fallan con agua caliente.
Cuando las temperaturas alcanzan 40°C (104°F), muchos de estos recubrimientos pierden abruptamente la capacidad de repeler agua. Las gotas calientes comienzan a adherirse y penetrar en la textura, formando manchas húmedas y reduciendo la eficiencia de la superficie.
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Fragilidad Térmica de las Superficies Superhidrofóbicas
El problema central, según el equipo, es que el calor desencadena un ciclo rápido de evaporación y condensación en la interfaz entre la gota y la superficie. Este proceso inunda la microtextura con condensado, creando puentes líquidos que anulan la repelencia.
La propuesta del MISH fue contornear esta debilidad térmica sin depender solo de alteraciones químicas. El equipo buscó desacelerar la transferencia de calor y, así, preservar las bolsas de aire atrapadas que sustentan el comportamiento superhidrofóbico.
El objetivo fue mantener la capacidad de deslizamiento incluso cuando las gotas se aproximan a 90°C (194°F). Con esto, líquidos calientes continuarían escurriendo, en lugar de pegarse o esparcirse por la superficie tratada.
Cómo Funciona el Sistema de Dos Capas del MISH
El diseño del MISH consiste en dos capas. La inferior es aislante, hecha con espuma de poliuretano aplicada por pulverización. La superior es superhidrofóbica microtexturizada, formada por un recubrimiento comercialmente disponible también aplicado por pulverización.
La capa inferior retrasa la transferencia de calor de la gota a la superficie. Al reducir este enfriamiento en la interfaz, impide la formación intensa de condensado que, en recubrimientos tradicionales, tiende a invadir la textura y comprometer la repelencia.
Daniel J. Preston, PhD, profesor asistente de ingeniería mecánica en la Universidad Rice y autor correspondiente del estudio, afirmó que la capa aislante reduce los ciclos de evaporación y recondenación. Esto disminuye el volumen de condensado en la microtextura y reduce los puentes líquidos.
Con menos puentes de condensado, gotas cercanas al punto de ebullición continúan deslizándose. Preston dijo además que la tarea era previamente difícil y podría costar hasta 4.000 veces más que el método propuesto por el equipo.
Pruebas Prolongadas y Desempeño Bajo Gotas Calientes
Para medir resistencia, los científicos sometieron muestras del recubrimiento a una lluvia de gotitas calientes durante una semana, totalizando casi dos millones de impactos. Recubrimientos tradicionales se deterioraron casi inmediatamente en este escenario.
Las superficies MISH, especialmente las con aislamiento más grueso, mantuvieron la repelencia por más de 80 horas. Este periodo equivalió a alrededor de un millón de impactos antes de que la degradación ocurriera de manera gradual.
Según los investigadores, el punto débil identificado no fue el concepto de aislamiento, sino el recubrimiento superficial prefabricado usado en la capa superior. La estrategia de aislamiento permaneció intacta, lo que sugiere espacio para aumentar la durabilidad con capas externas más resistentes.
Además de la lluvia de gotitas, el equipo disparó chorros de agua caliente contra los recubrimientos para simular salpicaduras y exposición continua. El objetivo fue reproducir condiciones más agresivas y verificar el comportamiento en situaciones que van más allá de ensayos estáticos.
Aplicaciones Fuera del Laboratorio y Comparación de Residuos
Para demostrar escalabilidad, el grupo aplicó el recubrimiento en grandes placas de metal, tubos curvos y superficies amplias. También probó líquidos comunes en cocinas, como leche caliente, café y sopa de guisante, en contacto con las superficies tratadas.
En estas pruebas, los fluidos dejaron menos del 1% de residuo en las superficies con MISH. En comparación, dejaron más del 31% en recubrimientos convencionales, según los resultados reportados por el equipo.
Preston afirmó que hay potencial de aplicación en superficies grandes y curvas, incluyendo tuberías, tazones y equipos industriales. Dijo que el equipo está entusiasmado con las posibilidades, pero señaló espacio para mejoras en la capa superior.
Los investigadores ahora exploran capas superiores más duraderas y térmicamente estables, además de arquitecturas de recubrimiento que superen métodos simples de pulverización. La intención es ampliar la resistencia sin perder el efecto superhidrofóbico a altas temperaturas.
Al comentar el impacto práctico, Preston declaró que, al evitar que líquidos calientes se adhieran, diversos problemas subsecuentes comienzan a desaparecer. Para él, esto abre el camino a superficies que se comporten como fueron diseñadas, incluso en condiciones adversas.
El estudio fue publicado en la revista ACS Applied Materials & Interfaces. El material también registró una corrección: una versión anterior del artículo tenía una conversión incorrecta a Celsius, al informar 40°F. Lo correcto es 104°F (40°C), y el texto fue actualizado.

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