La Trayectoria Del Primer Coche Eléctrico Brasileño Muestra Cómo La Innovación Nacional Fue Ignorada Y El Sueño Industrial Acabó Enterrado
Hace cincuenta años, Brasil presentó al mundo el Itaipú E150, el primer coche eléctrico desarrollado en América Latina, creado por la fabricante Gurgel Motores, fundada en 1969 por João Augusto Conrado do Amaral Gurgel. Aunque el proyecto reveló el potencial de la ingeniería nacional, la ausencia de apoyo gubernamental, la falta de escala productiva y el desinterés político condenaron a la empresa y a toda la industria automotriz brasileña al olvido.
El Nacimiento De Un Sueño Eléctrico En Medio A La Crisis Del Petróleo
En 1973, el mundo enfrentaba el shock del petróleo, causado por la Organización de Países Exportadores de Petróleo (Opep), lo que forzó a diversas naciones a buscar nuevas fuentes de energía. En este contexto, Gurgel presentó, en 1974, el Itaipú E150, bautizado en homenaje a la usina de Itaipú, símbolo del avance tecnológico brasileño. El vehículo era totalmente eléctrico, movido por baterías de plomo-ácido, pero enfrentaba obstáculos técnicos como peso excesivo, autonomía reducida y largos tiempos de recarga, lo que limitaba su uso comercial.
A pesar de las dificultades, el proyecto se convirtió en un hito de la innovación automotriz nacional. En 1981, la empresa lanzó el Itaipú E400, con autonomía de hasta 80 kilómetros, utilizado por estatales como Eletropaulo y Telebrás. Mientras el mundo comenzaba a mirar hacia los eléctricos, el gobierno brasileño prefirió apostar en el Proálcool, creado en 1975, enfocándose en el etanol como combustible alternativo. Esta decisión desvió inversiones y interrumpió el avance de la movilidad eléctrica en el país.
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El Auge De Gurgel Y El Apogeo Del Coche 100 % Nacional
Durante los años 1980, Gurgel vivió su período de mayor éxito. Produjo más de 40 mil vehículos, exportó a países de América Latina y tuvo modelos como el Xavante X12 utilizados por las Fuerzas Armadas. En 1987, lanzó el CENA (Coche Económico Nacional), rebautizado como BR-800 tras una disputa judicial con la familia de Ayrton Senna. El automóvil se convirtió en símbolo de independencia tecnológica, con motor, chasis y carrocería 100 % nacionales.
No obstante, como destacó Paulo Gala, economista de la Fundación Getulio Vargas (FGV), el país carecía de un ecosistema industrial sólido y de políticas públicas a largo plazo. Sin proveedores nacionales y sin incentivos fiscales estables, Gurgel no pudo alcanzar la escala necesaria para competir con fabricantes extranjeros.
La Apertura Económica Y El Colapso De La Industria Nacional
En 1991, el gobierno Collor abrió el mercado automotriz a las importaciones y redujo el Impuesto sobre Productos Industrializados (IPI) de los vehículos de hasta mil cilindradas. La medida favoreció a Fiat, Volkswagen y Chevrolet, que rápidamente dominaron el mercado con coches populares y baratos. La Gurgel, sin estructura financiera y sin apoyo del Estado, entró en quiebra en 1993 y cerró sus actividades en 1996, concluyendo el ciclo de la última fabricante 100 % brasileña.
Según Antônio Jorge Martins, también de la FGV, el país nunca consolidó una base tecnológica autosuficiente. Faltaron créditos del BNDES, inversiones en investigación y planificación estratégica. Mientras Brasil desmantelaba su industria, países como China, Corea del Sur e India hacían lo opuesto: fortalecieron sus fábricas, crearon cadenas productivas integradas y se convirtieron en líderes mundiales en el sector automotriz.
Lecciones De Quien Creyó En Su Propio Potencial
En China, la apuesta estatal en innovación creó gigantes como la BYD, hoy líder global en vehículos eléctricos. Corea del Sur, con fuerte apoyo gubernamental, transformó a Hyundai y KIA en potencias globales. Ya India, con Tata Motors, creció gradualmente hasta convertirse en una de las marcas más influyentes del mercado.
Brasil, en contraste, concentró esfuerzos en atraer multinacionales y descuidó la creación de marcas nacionales sólidas. Aun así, el país demostró que posee talento y capacidad técnica: Embraer, referencia global en aviación, y Petrobras, destacada en tecnología offshore, son ejemplos de sectores donde la innovación nacional prosperó cuando recibió apoyo estructurado.
El Legado Olvidado De Un Visionario
Aún décadas después del cierre de la fábrica, el nombre Gurgel sigue despertando respeto. Modelos como el BR-800 y el Xavante X12 se han convertido en íconos coleccionables, recordados como símbolos de la creatividad y audacia brasileñas. Esta trayectoria revela cuánto fue capaz de innovar el país, pero también cuánto falló en transformar conocimiento en poder económico.
¿Volverá Brasil a creer en su propia ingeniería y transformará nuevamente sus ideas en una industria automotriz de vanguardia?

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