Un Estudio Revela Que Pocas Árboles Concentran La Mayor Parte Del Carbono De La Selva Amazónica, Llevando Alertas Sobre Impactos Silenciosos En El Clima, En La Biodiversidad Y En Las Políticas Forestales Del Perú
La selva amazónica es frecuentemente descrita como uno de los mayores aliados del planeta en la lucha contra el cambio climático. Sin embargo, nuevas evidencias científicas indican que esta función vital puede estar más amenazada de lo que se imaginaba. Un estudio reciente muestra que los árboles más grandes de la Amazonía peruana almacenan una cantidad desproporcionadamente mayor de carbono, desempeñando un papel central en la capacidad de la selva para actuar como sumidero de carbono.
La información fue divulgada por Live Science, con base en un artículo científico publicado en la revista Frontiers in Forests and Global Change. Según los investigadores, precisamente estos árboles gigantes, fundamentales para el equilibrio climático, son los que enfrentan mayor riesgo de explotación maderera en Perú.
Actualmente, cerca de 60% del territorio peruano está cubierto por bosques, siendo la mayor parte ubicada en la región amazónica. Esta área representa aproximadamente 11% de toda la selva amazónica, lo que convierte al país en un actor estratégico en la conservación ambiental global. Aun así, la legislación forestal vigente permite la extracción selectiva de árboles cuando alcanzan un diámetro mínimo, que varía entre 41 y 61 centímetros (16 a 24 pulgadas), dependiendo de la especie.
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Árboles Gigantes Concentran La Mayor Parte Del Carbono De La Selva

De acuerdo con el estudio, esta política acaba dirigiendo la explotación precisamente hacia los individuos más valiosos desde el punto de vista climático. Esto ocurre porque, en la Amazonía peruana, el terreno difícil y la logística compleja hacen que la extracción de árboles pequeños sea poco eficiente. Como resultado, las empresas forestales priorizan árboles más grandes, que ofrecen mayor volumen de madera, reduciendo costos de transporte, tiempo y mano de obra.
Estos árboles, además de ser más grandes, tienden a ser más antiguos y maduros, con madera más densa, dura y estable. Sin embargo, es precisamente esta combinación de características la que hace que almacenen volúmenes mucho superiores de carbono, tanto arriba como debajo del suelo.
El coautor del estudio, Geomar Vallejos-Torres, científico agrícola de la Universidad Nacional de San Martín, en Perú, explicó que la eliminación de estos árboles devuelve gran parte del carbono acumulado a la atmósfera, debilitando la función de la selva como reguladora del clima.
Para cuantificar este impacto, Vallejos-Torres y su equipo analizaron centenas de árboles en cinco bosques diferentes de Perú. Se midieron variables como diámetro del tronco, altura, área de la copa y densidad de la madera, permitiendo estimar la biomasa aérea, subterránea y el carbono almacenado.
Los resultados revelaron que el almacenamiento de carbono aumenta de forma desproporcionada a medida que el diámetro del tronco crece, siendo el límite de 41 centímetros un punto crítico. En las áreas estudiadas, los bosques llegaron a almacenar hasta 331 toneladas métricas de carbono por hectárea arriba del suelo y 47 toneladas métricas por hectárea debajo del suelo.
Más impresionante aún, entre 88% y 93% de todo el carbono estaba concentrado en árboles con diámetro superior a 41 centímetros. En el caso del árbol breadnut (Brosimum alicastrum), solo 11,4% del carbono arriba del suelo estaba en árboles menores, mientras que 88,7% estaba en los árboles más grandes.
Debate Científico Sobre Manejo Forestal Y Tiempo De Retención Del Carbono
El estudio fue publicado el 25 de enero y rápidamente generó debates dentro de la comunidad científica. Para los autores, los datos indican que la política forestal peruana, al permitir la explotación de estos árboles, acaba impactando directamente los mayores reservorios de carbono de la selva.
Vallejos-Torres defiende un cambio claro de enfoque. Según él, proteger árboles con diámetro superior a 41 centímetros es esencial no solo para mantener el carbono fuera de la atmósfera, sino también para preservar la biodiversidad, la microfauna y el microclima forestal, haciendo la selva más resiliente a los cambios climáticos futuros.
No todos los especialistas, sin embargo, coinciden en que el tamaño de los árboles deba ser el principal criterio. Ulf Büntgen, profesor de análisis de sistemas ambientales de la Universidad de Cambridge, argumenta que el estudio no presta la debida atención al tiempo de residencia del carbono, que tiende a ser menor en selvas tropicales.
En respuesta, Vallejos-Torres resalta que los árboles grandes continúan acumulando carbono durante siglos, mientras que los árboles más pequeños crecen lentamente y enfrentan limitaciones causadas por degradación, disturbios ambientales y alteraciones microclimáticas. De esta forma, el carbono perdido no se recupera en un plazo relevante para la mitigación climática.
Obstáculos Políticos Y Económicos Dificultan Cambios En La Legislación
Otro punto levantado por especialistas es que el tamaño de los árboles, aisladamente, no garantiza un manejo forestal sostenible. Martin Perez Lara, director de soluciones climáticas forestales del World Wildlife Fund (WWF), reconoce que la relación entre diámetro y stock de carbono es intuitiva y empíricamente válida, pero alerta que sistemas de manejo bien diseñados, incluyendo la cosecha selectiva controlada, pueden contribuir positivamente al equilibrio climático.
A pesar de esto, el propio autor del estudio demuestra escepticismo respecto a la posibilidad de cambios en la política forestal peruana. Según Vallejos-Torres, una reforma legal que proteja los árboles más grandes afectaría directamente los intereses económicos del sector maderero, que depende de la extracción de estos individuos de alto valor comercial y ejerce una fuerte influencia en las decisiones políticas del país.
Así, mientras la ciencia apunta hacia la urgencia de proteger los mayores reservorios naturales de carbono de la Amazonía, intereses económicos y estructurales continúan representando un obstáculo significativo, dejando abierto el futuro de la selva y su papel en la lucha contra el cambio climático global.
Ante estos descubrimientos, ¿hasta cuándo la Amazonía podrá cumplir su papel como escudo climático global si precisamente los árboles que más almacenan carbono continúan siendo los más vulnerables a la explotación?


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