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Lo Que No Te Contaron Sobre Alejandro, El Grande Es El Lado Más Espeluznante Del Poder Humano: La Misma Brainet Que Levanta Imperios Con Caballos, Sangre Y Velocidad, Y Que Hace Que Un Chico Domine Generales, También Permite Que Sociedades Altamente Intelectualizadas Acepten Lo Inaceptable

Escrito por Bruno Teles
Publicado el 20/02/2026 a las 22:51
Actualizado el 20/02/2026 a las 22:53
Alexandre, O GRANDE expõe brainet, império, Macedônia e Alemanha como chaves do poder que faz sociedades cultas aceitar o inaceitável.
Alexandre, O GRANDE expõe brainet, império, Macedônia e Alemanha como chaves do poder que faz sociedades cultas aceitar o inaceitável.
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En el debate sobre brainets, Alejandro, EL GRANDE aparece como prueba de que los imperios nacen primero en la cabeza, con caballo y velocidad, antes de la sangre. El mismo mecanismo que unió a los macedonios también explica por qué sociedades cultas aceptan líderes extremos, del Medio Oriente a Alemania en los años 30 sin alarde ninguno.

Alejandro, EL GRANDE suele entrar en la historia como un nombre brillante, casi inevitable, un joven que heredó un ejército y entregó un imperio. Pero el punto más perturbador no es el mapa. Es la facilidad con que la mente humana acepta una narrativa colectiva cuando parece inevitable.

La idea de brainet, discutida por Miguel Nicolelis al estudiar civilizaciones y poder, ayuda a mirar este fenómeno desde otro ángulo. No se trata solo de estrategia militar. Es la construcción de una unidad mental que une individuos, grupos y miedos, y hace que lo imposible parezca lógico, incluso cuando la sociedad está altamente intelectualizada.

El cerebro tribal y el agujero que pide una narrativa

La tesis comienza con una incomodidad simple.

La especie humana tiene dificultad para darse cuenta de que es una sola, con la misma forma desde hace cientos de miles de años, y por eso crea grupos aislados que comienzan a combatir al vecino y al vecino del vecino.

La división nace antes de la batalla, y luego la batalla se convierte en justificación para la división.

En este punto entra un mecanismo que llena el vacío de la incertidumbre.

El intento de crear una narrativa mayor, capaz de superar a la sociedad tribal cerrada, puede volverse religión, identidad y pertenencia.

El detalle sombrío es que esta cola social puede tanto ampliar un grupo como transformar al otro en enemigo permanente, con poco esfuerzo.

Mongoles, caballo y velocidad como brainet de guerra

Al intentar entender por qué los mongoles fueron tan avasalladores, la hipótesis planteada es brutalmente concreta.

Ellos formaron brainets con sus caballos, un vínculo con los animales que les permitía salir de una ciudad y alcanzar otra a 300 km de distancia en una cabalgada casi continua, antes de que cualquier defensa estuviera lista.

El aviso llegaba tarde porque la velocidad ya había llegado primero.

Esta dinámica no solo era logística, era cognitiva. Hay descripciones de caballeros que no paraban para comer ni dormir, dormían en la silla, y se alimentaban de la sangre de la yugular del caballo mezclada con leche de yegua durante la cabalgada.

Cuando una sociedad acepta este tipo de ritmo, también acepta un tipo de guerra que el adversario aún no puede imaginar.

Y la historia pone un freno que ilumina el punto central.

Quien logró derrotar a los mongoles después de la invasión de Bagdad fue un ejército que conocía el método.

Los mamelucos, descritos como esclavos procedentes de regiones cercanas a la Ucrania de hoy y Asia Central, utilizaban animales y técnicas similares. En otras palabras, se necesitó un brainet de poder equivalente para interrumpir la máquina.

Alejandro, EL GRANDE y el imperio que nace en el oído

La pregunta incómoda llega poco después. Si la historia humana es un enfrentamiento de brainets, ¿qué hizo Alejandro, EL GRANDE diferente al salir de Macedonia y tomar el imperio persa?

La respuesta sugerida no está solo en la lanza. Está en el acto de incrustar en la cabeza de los generales una idea de destino, de herencia, de identidad, al punto de transformar un ejército en comunidad mental.

La narración sobre la juventud de Alejandro, EL GRANDE expone la mecánica de esta persuasión.

Cuando su padre, Felipe II, fue asesinado delante de él, el joven se vio rodeado de generales más viejos, veteranos y endurecidos.

Aun así, Alejandro, EL GRANDE habría llevado a cabo conversaciones repetidas, casi rituales, sobre cómo sería gobernar el imperio persa.

En uno de esos momentos, un general se irrita con la fantasía, y el joven responde con una fórmula que parece simple, pero es una clave de poder: antes de construir un imperio tangible, hay que construir aquí, en la cabeza.

El trasfondo ayuda a entender por qué esto funciona. Alejandro, EL GRANDE fue alumno de Aristóteles y aparece como alguien que entendió que el imperio persa podía ser mayor, más avanzado y más numeroso, pero aún así vulnerable a una unidad mental bien construida.

El resultado narrado es conocido: años después, estaría sentado en Persépolis como emperador de Persia.

El paso aterrador no es conquistar, es convencer a gente experimentada a actuar como si la conquista ya fuera un hecho.

Cuando sociedades intelectualizadas aceptan lo inaceptable

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El argumento más incómodo no termina en caballo, ni en Persépolis. Termina en un paradoja: sociedades con alta concentración de personas educadas también pueden aceptar lo inaceptable.

El ejemplo citado es Alemania en los años 30, descrita como un lugar con una enorme densidad de PhDs, filósofos, músicos, artistas y científicos, con nombres asociados a la física moderna, y aun así atravesada por una adhesión social a un proyecto extremo.

Esta parte duele porque destruye la fantasía cómoda de que la barbarie es siempre obra de la ignorancia.

No se trata de un debate sobre inteligencia individual, se trata de brainet social, sobre cómo una narrativa colectiva logra capturar miedo, pertenencia y ambición al mismo tiempo.

La perplejidad aparece incluso en cartas atribuidas a Einstein, donde se sorprende de que colegas físicos entren en esta lógica y quieran denunciarlo.

El punto no es absolver a nadie. Es reconocer el mecanismo para no repetir la disculpa.

Alejandro, EL GRANDE, visto desde este ángulo, se convierte en más que un general. Se convierte en un espejo del poder humano en su lado más aterrador.

El mismo brainet que erige imperios con caballo, sangre y velocidad también consigue hacer que sociedades altamente intelectualizadas acepten lo que, en teoría, sería inaceptable.

Ahora quiero que respondas con honestidad personal, no con frases hechas: ¿en qué momento un brainet se convierte solo en cohesión social, y en qué momento se convierte en licencia para la crueldad? Y si hubieras vivido al lado de Alejandro, EL GRANDE, ¿lo habrías visto como un líder inevitable o habrías percibido el riesgo antes que todos?

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Manoel Virgilio de Araujo Neto
Manoel Virgilio de Araujo Neto
21/02/2026 10:20

Um GRANDE Líder, pois já conhecia os métodos de persuasão do FBI. Hoje dominar pessoas virou arte.

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Bruno Teles

Falo sobre tecnologia, inovação, petróleo e gás. Atualizo diariamente sobre oportunidades no mercado brasileiro. Com mais de 7.000 artigos publicados nos sites CPG, Naval Porto Estaleiro, Mineração Brasil e Obras Construção Civil. Sugestão de pauta? Manda no brunotelesredator@gmail.com

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