Estudio revela que microbios en la corteza de los árboles eliminan entre 25 y 50 millones de toneladas de metano al año en 41 millones de km² de superficie forestal, ampliando el papel climático de los bosques más allá de la captura de CO₂ e introduciendo un nuevo servicio ecosistémico invisible
Un estudio reveló que microbios en la corteza de los árboles consumen hasta 50 millones de toneladas de metano al año, además de hidrógeno y monóxido de carbono, ampliando el papel climático de los bosques en 41 millones de km² de superficie terrestre.
Durante décadas, se consideró que la principal contribución de los árboles al clima era la captura de dióxido de carbono. La investigación publicada en la revista Science demuestra que la corteza de los árboles alberga comunidades microbianas capaces de consumir metano, hidrógeno y monóxido de carbono.
El metano tiene un potencial de calentamiento global aproximadamente 28 veces mayor que el del CO₂ en un horizonte de 100 años. El hidrógeno y el monóxido de carbono influyen indirectamente en el clima al prolongar el tiempo que el metano permanece en la atmósfera.
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Se estima que existen aproximadamente 41 millones de kilómetros cuadrados de corteza de árbol en el planeta. En cada metro cuadrado viven alrededor de 6 billones de microorganismos, configurando una infraestructura biológica global que ha pasado desapercibida durante décadas.
La corteza de los árboles alberga un microbioma capaz de consumir metano, hidrógeno y monóxido de carbono
El punto de partida fue un misterio relacionado con las emisiones de metano en áreas inundadas de la Amazonía. Las mediciones por satélite no correspondían a los datos recolectados en el suelo, indicando que aproximadamente la mitad del gas estaba faltando.
En 2017, se constató que parte del metano no escapaba directamente del suelo, sino que transitaba a través de los troncos de los árboles. Inicialmente, se creyó que los troncos funcionaban como conductos pasivos, similares a chimeneas.
En 2021, un equipo que estudiaba la especie Melaleuca quinquenervia en Australia observó que la cantidad de metano que escapaba por la corteza era aproximadamente un 35% menor que la cantidad que entraba por el subsuelo.
La explicación identificada fue biológica. Microbios presentes en la corteza de los árboles oxidaban el metano para obtener energía antes de que alcanzara la atmósfera. El gas era consumido en el trayecto, reduciendo su liberación.
La escala planetaria indica eliminación entre 25 y 50 millones de toneladas de metano al año
Estudios posteriores incluyeron análisis genómico de miles de especies microbianas presentes en ocho tipos de árboles. Los resultados mostraron que los microbios consumidores de hidrógeno eran aún más abundantes que los consumidores de metano.
Microbios oxidantes de monóxido de carbono también fueron identificados con frecuencia. Experimentos con árboles vivos demostraron que estos microorganismos capturan gases directamente del aire, incluso en concentraciones mínimas entre 2 partes por millón y 40 partes por billón.
Al extrapolar los datos a escala global, se estimó que los microbios presentes en la corteza terrestre eliminan entre 25 y 50 millones de toneladas de metano al año. El fenómeno no elimina la crisis climática, pero representa una parte medible del balance atmosférico.
El microbioma oculto en la corteza de los árboles alteró la comprensión sobre el papel climático de los bosques. Lo que antes se veía como función limitada a la captura de carbono pasó a incluir regulación biogeoquímica microbiana de la atmósfera.
Nuevo servicio ecosistémico invisible amplía concepto de regulación climática
El descubrimiento amplía el concepto de servicios ecosistémicos. Además de la regulación hídrica y de la captura de CO₂, los bosques desempeñan una función asociada a la actividad microbiana en la corteza de los árboles.
La reducción del metano produce efectos casi inmediatos en la temperatura global, ya que se trata de un gas de vida corta en comparación con el CO₂. Procesos naturales que disminuyen su concentración pueden desacelerar el calentamiento en las próximas décadas.
La interacción entre árboles y microorganismos demuestra que los bosques no actúan como sumideros pasivos. Operan como sistemas dinámicos donde plantas y microbios cooperan en la regulación atmosférica.
En un contexto de crecientes emisiones agrícolas, especialmente de la ganadería y los arrozales, comprender estos mecanismos puede ayudar a equilibrar los niveles de metano en áreas donde el gas es particularmente abundante.
La conservación forestal pasa a incluir comunidades invisibles que viven en la corteza de los árboles. La composición microbiana puede sufrir alteraciones con el aumento de temperatura o sequía, afectando la eficacia de estos filtros biológicos.
Reforestación con criterios microbiológicos integra aplicación práctica
Entre las ocho especies analizadas, se observaron diferencias en la composición microbiana de la corteza de los árboles y en la capacidad de consumir gases. Este dato abre la posibilidad de incorporar criterios microbiológicos en programas de restauración.
La selección de especies podría considerar no solo el crecimiento rápido o la capacidad de capturar CO₂, sino también los microbiomas asociados y los gases mitigados por estas comunidades.
En Europa, donde la Estrategia Forestal de la Unión Europea promueve la restauración de ecosistemas degradados, el conocimiento puede ser integrado a planes de gestión adaptativa. En regiones tropicales, la elección de especies puede influir en las emisiones asociadas a zonas húmedas.
La aplicación no involucra ciencia ficción, sino un refinamiento de las decisiones de plantación basadas en datos biológicos más precisos. El reconocimiento de este servicio ecosistémico invisible reconfigura el entendimiento del funcionamiento climático de los bosques.
La corteza de los árboles, antes vista como un simple revestimiento externo, se revela como un espacio activo de procesos bioquímicos a escala global. El fenómeno representa una nueva capa de complejidad en la relación entre vegetación y atmósfera.
Este conjunto de evidencias consolida la idea de que aproximadamente 41 millones de km² de superficie arbórea funcionan como una interfaz microbiana con la atmósfera. Se trata de un sistema vasto, distribuido y biológicamente activo.
El estudio refuerza que microbios ocultos en la corteza de los árboles desempeñan un papel medible en la eliminación de metano, hidrógeno y monóxido de carbono, redefiniendo la contribución de los bosques al equilibrio climático global.

Además del hidrógeno y el Monóxido de Carbono, los árboles suman ya al metano, contribuyendo de esta manera en la mejora de la calidad de vida, sin embargo en mi país, alegremente se tala árboles en la Amazonía para dar lugar a otro tipo de actividad, generalmente la minería artesanal y explotación de hidrocarburos. Saludamos haya sido publicado este nuevo aporte de los árboles a la sostenibilidad del medio ambiente y calidad de recursos naturales.
Acá en Venezuela la devastación en el arco minero es asombroso debido a la explotación de minerales sin control alguno
Então plantemos mais árvores para salvarmos o planeta …e o ecossistema.