En Noruega, la mayor obra del siglo, el túnel de 27 km Rogfast, es un túnel rodoviario submarino y un túnel bajo el mar diseñado con control milimétrico y total enfoque en la seguridad.
En Noruega, la mayor obra del siglo no es solo una nueva carretera, sino un laboratorio de ingeniería extrema: el Rogfast, túnel de 27 km excavado a cerca de 400 metros bajo el nivel del mar, bajo el Boknafjord. La estructura será un túnel rodoviario submarino en dos galerías paralelas, diseñado para operar durante décadas bajo alta presión de agua, con control riguroso de seguridad, ventilación y evacuación.
Con un presupuesto de alrededor de 25 mil millones de coronas noruegas, cerca de US$ 12,48 mil millones según estimaciones oficiales del proyecto, la mayor obra del siglo integra la carretera E39 y debería reducir en aproximadamente 40 minutos el trayecto entre regiones hoy conectadas por transbordadores. Pero, antes de cualquier beneficio en la superficie, el gran desafío está en hacer que este túnel de 27 km funcione, día y noche, en un entorno naturalmente hostil a la presencia humana.
Cómo se protege a quienes transitan por un túnel de 27 km a 400 m de profundidad
En un proyecto como el Rogfast, la primera pregunta no es “¿cuánto tiempo se acortará el viaje?”, sino ¿cómo mantener a las personas seguras durante todo el recorrido en un túnel de 27 km? Por ello, la mayor obra del siglo fue concebida desde el principio con redundancia.
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El Rogfast tendrá dos túneles paralelos, cada uno con dos carriles de tráfico. Esta configuración permite separar sentidos de viaje y crear una “galería gemela” que funciona como ruta de fuga.
Pasajes transversales espaciados a unos 250 metros conectan las dos galerías, de forma que cualquier punto del trayecto esté relativamente cerca de una salida de emergencia lateral.
En caso de incendio, accidente o bloqueo, el protocolo es claro: los usuarios abandonan los vehículos y caminan hasta el pasaje transversal más cercano, accediendo al tubo vecino, que se convierte en un área de refugio y ruta de evacuación.
Toda la lógica de circulación interna fue pensada para que la ruta de fuga nunca dependa de un único punto distante, reduciendo los tiempos de exposición en situaciones críticas.
Excavación y alineación milimétrica en un túnel rodoviario submarino

Construir un túnel de 27 km solo desde un extremo haría la obra lenta y poco eficiente. En el Rogfast, la excavación ocurre de forma simultánea desde diferentes frentes de trabajo, que deben encontrarse en el interior de la roca con desviación máxima de pocos centímetros.
Para ello, la mayor obra del siglo se apoya en una combinación de topografía clásica y tecnología de alta precisión. Escáneres láser registran millones de puntos de cada avance de roca excavada, creando un modelo digital muy cercano a lo que está siendo abierto físicamente.
Este “gemelo digital” se compara constantemente con el trazado de proyecto, permitiendo corregir rumbos antes de que el error se vuelva demasiado grande.
La referencia geométrica no es solo horizontal. Inclinaciones, cotas y radios de curva son monitoreados para mantener rampas dentro de límites de confort y seguridad, garantizando un drenaje adecuado del agua y visibilidad compatible con las velocidades previstas.
En un túnel rodoviario submarino de este tamaño, la geometría deja de ser solo un dibujo y pasa a ser un requisito operativo diario.
Infiltraciones, presión del agua y sellado por inyección de cemento
Excavar a grandes profundidades significa convivir con presión de agua muy elevada sobre la roca. En tramos por debajo de 300 metros, fisuras naturales del macizo se comportan como canales preferenciales para filtraciones.
En el Rogfast, las infiltraciones no son tratadas como excepción, sino como parte esperada del comportamiento geológico.
Para controlar este fenómeno, la mayor obra del siglo utiliza inyección de cemento en mallas de perforaciones alrededor de la frente de excavación. El procedimiento, en términos simplificados, funciona así:
- se perforan agujeros alrededor del contorno del túnel
- una mezcla de agua y cemento es bombeada a presión
- la pasta penetra en microfisuras y fracturas, reduciendo la permeabilidad
Este proceso puede repetirse varias veces en un mismo tramo. Ensayos de permeabilidad y medición continua de flujos indican cuándo la roca aún permite entrada excesiva de agua, exigiendo nuevas rondas de inyección.
El objetivo no es eliminar totalmente la presencia de agua, sino reducirla a volúmenes que puedan ser recolectados y conducidos por sistemas de drenaje sin comprometer la estabilidad ni la operación del túnel de 27 km.
Ventilación y control de humo a gran profundidad
En un túnel bajo el mar con decenas de kilómetros, la ventilación es parte central del proyecto. La circulación de vehículos genera calor, gases y partículas que deben ser removidos de manera continua.
Además, el sistema debe estar preparado para cambiar de modo de operación rápidamente en caso de incendio.
En el Rogfast, la mayor obra del siglo combina flujo longitudinal a lo largo de las galerías con pozos que ascienden hasta la isla de Kvitsøy, en la región central del proyecto.
En operación normal, ventiladores mantienen el aire moviéndose en un sentido planificado, diluyendo contaminantes y renovando el ambiente. Sensores de calidad del aire monitorean concentraciones de gases y activan ajustes cuando es necesario.
En emergencia, la lógica cambia. La ventilación pasa a dirigir el humo hacia un tramo específico del túnel, creando un gradiente de visibilidad que permite a los usuarios alejarse del área afectada.
Los pozos que llegan a la superficie funcionan como salida para aire caliente y productos de la combustión, ayudando a reducir la temperatura y la densidad de humo en la región donde se encuentran las personas.
Rutas de escape, rotonda subterránea y lógica de circulación interna
Además de los pasajes transversales entre las dos galerías, el Rogfast incorpora una solución rara en túneles rodoviarios: una rotonda subterránea doble a cerca de 260 metros de profundidad, que conecta la carretera principal a la isla de Kvitsøy.
La opción por una rotonda, y no por un simple entronque en “T”, tiene motivos técnicos:
- distribuir flujos entre la E39 y el acceso local sin crear puntos de conflicto excesivos
- evitar variaciones muy bruscas de ascenso y descenso en un espacio reducido
- organizar el tráfico en un entorno donde las posibilidades de maniobra son naturalmente limitadas
Esta intersección subterránea también dialoga con la lógica de seguridad. Al estructurar claramente los caminos disponibles, la ingeniería reduce la posibilidad de paradas inesperadas o maniobras arriesgadas en un tramo sensible del túnel de 27 km, lo que ayuda tanto en la operación diaria como en escenarios de evacuación.
Monitoreo, operación continua y papel de la E39 en la mayor obra del siglo
Terminada la excavación, comienza una fase tan importante como la construcción: la operación. La mayor obra del siglo será gestionada por un sistema integrado de cámaras, sensores, radares y centrales de control, preparado para identificar en segundos cualquier anomalía relevante.
Entre los eventos monitoreados se encuentran vehículos detenidos, formación de filas, variación de velocidad, presencia de humo, fallos de ventilación y alteraciones inesperadas en parámetros de drenaje.
Cuando uno de estos señales es detectado, el centro de control puede cerrar accesos, alterar señalización, ajustar ventiladores y activar equipos de emergencia, coordinando la respuesta de manera centralizada.
En el contexto de la carretera E39, el Rogfast reducirá en cerca de 40 minutos el trayecto entre regiones hoy vinculadas por transbordadores, según proyecciones oficiales.
Sin embargo, para la ingeniería, este dato es consecuencia, no punto de partida. Lo que hace emblemático al Rogfast es la capacidad de mantener un túnel rodoviario submarino tan largo en operación estable, a profundidades extremas, a lo largo de toda su vida útil.
Al mirar esta mayor obra del siglo, la pregunta que queda es menos sobre estadísticas y más sobre percepción: sabiendo cómo funciona la ingeniería y la seguridad detrás de este túnel de 27 km bajo el mar en Noruega, ¿te sentirías a gusto por conducir por él o todavía tendrías recelo de afrontar tantos kilómetros en un ambiente totalmente subterráneo?


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