En Palmas, Osmar Gomes Luz y Tânia María de Souza construyeron su propia casa con ladrillos de adobe hechos a mano y secados durante 4 días al sol para conquistar una vivienda definitiva, provocando un cambio radical en sus vidas y llamando la atención por la simplicidad y resistencia del método.
Sentados en una silla de alambre, mirando la nueva casa de adobe, Osmar Gomes y Tânia María celebran un logro que parecía distante meses atrás. Donde antes había una choza de lona, ahora hay una residencia levantada con sus propias manos.
El cambio ocurrió en marzo de este año. La casa fue construida totalmente con tierra, utilizando una técnica antigua que resiste al tiempo. Para la pareja, no es solo una obra. Es la realización del sueño de la casa propia.
“Estoy dentro del paraíso”, afirma Tânia, emocionada. La frase resume el tamaño de la transformación vivida por ellos en la zona rural de Palmas, en el asentamiento São João I.
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De la lona al adobe: el cambio que transformó la vida de la pareja en el asentamiento São João I
La realidad en el campo no es simple. En el asentamiento São João I, las dificultades son parte de la rutina. Aún así, Osmar y Tânia enfrentaron cada desafío con paciencia y coraje.
Meses antes de la construcción, la pareja vivía en una choza de lona. La estructura improvisada no ofrecía seguridad ni confort.
La decisión de construir su propia casa marcó un punto de inflexión. Lo que parecía imposible comenzó a tomar forma con barro, agua y voluntad.

Cómo se producen los ladrillos de tierra cruda con técnica artesanal y secado al sol
La casa fue hecha con adobe, un ladrillo producido con tierra cruda, paja y agua. La mezcla se moldea en moldes y se deja secar al sol durante aproximadamente 4 días.
El proceso es totalmente manual. El barro debe ser amasado con los pies antes de ir a la forma. Después de ser retirado, el ladrillo descansa hasta alcanzar el punto ideal para ser colocado en la pared.
El detalle que más llamó la atención es que la propia fábrica del material está dentro de un agujero en el terreno, conocido como barreiro. Es allí donde Osmar prepara el barro y produce los ladrillos.
Interior rústico, suelo batido y botija de barro con más de 90 años refuerzan la tradición
Dentro de la casa no hay cerámica ni porcelanato. El suelo es batido, manteniendo el estilo simple y rústico.
En las estanterías, cuias, calabazas y una botija de barro con más de 90 años guardan el agua siempre fresca. El ambiente es simple, pero funcional.
La casa es fresca y tranquila, característica importante para quienes viven en un estado de clima cálido como Tocantins. El material natural ayuda a mantener la temperatura agradable incluso en los días más calurosos.

Osmar es albañil y ha participado en la construcción de varias edificaciones a lo largo de su vida. Aún así, considera esta la obra principal que ha realizado.
La construcción puede durar décadas y el barreiro aún puede convertirse en reservorio de agua o estanque de peces
Él cree que la casa puede permanecer en pie durante muchos y muchos años. Según el propio albañil, fue criado en una casa similar que duró 50 años y aún sigue siendo hogar.
Otro punto importante es que el barreiro utilizado para sacar el barro no será desperdiciado. El espacio puede transformarse en un reservorio de agua o incluso en un estanque para la cría de peces.
Además de la casa, la pareja mantiene cría de gallinas en los alrededores, garantizando un ingreso complementario.
La construcción de la casa de adobe en Palmas muestra que técnicas antiguas siguen siendo actuales y eficientes. Con barro, paja, agua y determinación, una pareja que vivía en una choza de lona conquistó una vivienda propia, resistente y con potencial para durar décadas, demostrando que la simplicidad y la persistencia pueden transformar realidades.


Cuando yo era pequeña en el pueblo donde vivía en Venezuela, muchisimas casas de la época eran elaboradas con esos materiales y le llamábamos casas de bahareque.