Investigadores de la Universidad Nacional Autónoma identificaron, en Chiapas, el árbol responsable del ámbar mexicano, desvelando un enigma que atraviesa el Mioceno. El trabajo, publicado en la revista Paleoworld, conecta hojas fosilizadas con resinas preservadas hace más de 23 millones de años.
La Universidad Nacional Autónoma (UNAM) identificó, por primera vez, el árbol productor del ámbar mexicano en el estado de Chiapas, en el sur de México. La conclusión cierra un misterio científico que persistió durante más de 23 millones de años, al relacionar directamente estructuras foliares preservadas con la resina fosilizada.
Según la propia UNAM, los científicos reconocieron características microscópicas específicas en hojas antiguas que permitieron vincular los fragmentos de ámbar mexicano a la especie ancestral productora de la resina. El resultado fue divulgado en un estudio en la revista científica Paleoworld, reforzando la solidez de la apuración.
Para la paleobotánica Ana Lilia Hernández Damian, del laboratorio especializado de la UNAM, los datos también sugieren que el grupo vegetal responsable de la resina se dispersó ampliamente por las latitudes bajas de América del Norte durante el Mioceno. Esta expansión geográfica ayuda a reconstruir ambientes y rutas de dispersión de bosques antiguos.
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El ámbar, la única gema semipreciosa de origen totalmente vegetal conocida, funciona como una cápsula del tiempo. Al aprisionar hojas, flores y tallos, la resina fosilizada preserva finos rastros de ecosistemas extinguibles con un nivel de detalle raramente obtenido en otros fósiles.
Descubrimiento en Chiapas identifica el árbol del ámbar mexicano y resuelve un enigma de millones de años
El avance se apoya en materiales recuperados en la zona de La Quinta, también llamada de formación Simohovel, en Chiapas. Allí, los investigadores analizaron siete especímenes de ámbar con preservación excepcional, capaces de revelar señales íntimas de la planta y del ambiente donde la resina fue producida.
El descubrimiento reafirma el carácter singular del ámbar mexicano, célebre por su transparencia excepcional y brillo característico. Por ser una gema de origen vegetal, cada inclusión y microestructura dentro de los fragmentos amplía la comprensión sobre bosques antiguos y sobre el propio proceso de fossilización de la resina.
Cómo la UNAM identificó la especie ancestral por estructuras microscópicas en las hojas
El equipo llegó a la identificación al examinar características microscópicas preservadas en hojas asociadas a los depósitos de resina. Con la iluminación adecuada, se hicieron visibles estructuras en los llamados pétalos foliares, en especial folículos, que funcionaron como marcadores anatómicos.
Según la UNAM, tres rasgos llamaron la atención en el análisis: bases foliares con asimetría pronunciada, nervaduras secundarias del tipo bruquidodromas y puntos glandulares transparentes dispersos por la lámina. El conjunto de estas marcas ofrece una firma botánica comparable a material moderno.
Estos signos permitieron trazar conexiones definitivas entre las hojas fosilizadas y la especie productora de la resina. En paleobotánica, vincular directamente el tejido vegetal a la resina fosilizada es un paso raro y decisivo para resolver el origen de depósitos de ámbar.
De acuerdo con la paleobotánica Ana Lilia Hernández Damian, la presencia combinada de estos elementos anatómicos refuerza la hipótesis de un grupo con amplia distribución en el Mioceno. El cruce de datos foliares con la composición y la morfología de la resina sustentó la identificación.
Publicar el hallazgo en Paleoworld garantiza revisión por pares y visibilidad en la literatura internacional, ampliando la confianza en la metodología y en las conclusiones. Para la comunidad científica, esto crea un nuevo estándar comparativo para otros depósitos de resina fosilizada.
Lo que los siete ejemplares de La Quinta revelan sobre el Mioceno y la resina fosilizada
Los siete ejemplares analizados en La Quinta exhiben preservación notable, conteniendo restos de insectos, flores delicadas y hojas con detalles finísimos. Este nivel de integridad permite pruebas robustas de identificación botánica y reconstrucción paleoambiental.
Como una cápsula del tiempo, el ámbar conserva interacciones entre plantas y organismos, ofreciendo pistas sobre la biodiversidad del Mioceno. Según la UNAM, este material ayuda a rastrear cómo los bosques de latitudes bajas de América del Norte se organizaban y evolucionaban.
El estudio en Paleoworld sistematiza estas evidencias e indica que el conjunto de inclusiones y rasgos anatómicos es coherente con el árbol ancestral productor de la resina en Chiapas. La integración entre anatomía foliar y contexto geológico fortalece el marco interpretativo.
Parientes modernos y ecología, guapinol gibourtia y peltogina conectan pasado y presente
La investigación identificó semejanzas notables con especies actuales, sobre todo el guapinol, que se distribuye a lo largo de la costa pacífica mexicana. Estos árboles comparten características foliares con el material fosilizado y la misma capacidad de sintetizar, almacenar y secretar resina.
Otros parientes relacionados incluyen gibourtia y peltogina, que exhiben atributos funcionales y anatómicos similares. El diálogo entre fósiles y flora contemporánea refuerza la hipótesis sobre la linaje productora de resina que originó el ámbar mexicano.
Chiapas es un laboratorio natural raro, con pocos sitios en el mundo preservando organismos en ámbar
Existen más de 200 lugares en el planeta con ocurrencia de resina fosilizada, pero solo 25 sitios preservan vestigios de organismos, según la investigadora de la UNAM. Esta rareza transforma Chiapas en un laboratorio natural privilegiado para investigar el origen del ámbar y la historia de bosques extinguidos.
Aparte del valor científico, el ámbar mexicano integra la cultura local desde períodos prehispánicos, cuando era trabajado en joyas y movía rutas de comercio. Hoy, mantiene el fascinación entre joyeros y ofrece a los paleontólogos una ventana singular hacia ecosistemas que desaparecieron hace millones de años.
Y tú, ¿qué piensas sobre los impactos de esta identificación en la explotación comercial y en la conservación de las áreas de Chiapas donde se encuentra el ámbar? ¿El descubrimiento debería orientar nuevas reglas de manejo y pesquisa, priorizando la protección de sitios con alto valor científico? Deja tu comentario y participa en el debate con argumentos y referencias, enriqueciendo la conversación sobre ciencia, patrimonio y desarrollo regional.

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