¿Por qué reímos de las caídas ajenas? Los psicólogos explican los factores que hacen que las caídas sean graciosas, desde la sorpresa hasta la ausencia de lesiones
Que tire la primera piedra quien nunca contuvo la risa al ver a alguien tropezar en la calle. O se rió a carcajadas con videos de caídas en las redes sociales o en las famosas Videocassetadas de Faustão. Este tipo de humor involuntario forma parte del día a día y despierta curiosidad: ¿por qué reímos de algo que, muchas veces, puede ser doloroso?
Estudios recientes muestran que esta reacción no está relacionada con la maldad o falta de empatía. La risa, en este caso, proviene de una combinación de factores psicológicos. Entender estos elementos ayuda a explicar por qué algunas situaciones aparentemente embarazosas nos hacen reír.
Cuando la caída o el tropiezo se convierte en comedia
Antes que nada, es importante hacer dos advertencias. Primero: no todas las caídas son graciosas. Los accidentes pueden ser graves y causar lesiones serias, especialmente en ancianos o niños pequeños. El segundo punto es que no todas las personas encuentran gracia en las caídas.
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La psicóloga Janet Gibson, profesora emérita del Grinnell College, en Estados Unidos, explica que muchas personas reaccionan con preocupación y no con risa.
“Mi reacción es pensar en un accidente serio, en una lesión”, dijo ella en una entrevista a la radio BBC. Aun así, reconoce que algunos elementos hacen que una caída sea motivo de risa.
Los cuatro ingredientes de la risa
Gibson identificó cuatro factores que transforman un tropiezo en motivo de risa. El primero es la violación de la norma. Normalmente, se espera que una persona camine de un punto a otro sin problemas. Un tropiezo rompe esa regla, y eso llama la atención.
El segundo ingrediente es la sorpresa. La caída es inesperada, lo que provoca una reacción inmediata. A veces, ni siquiera es la caída en sí lo que sorprende, sino la forma en que acontece.
El tercer punto es la inofensividad. Cuando nos damos cuenta de que la persona no se ha hecho daño, nos sentimos cómodos para reír. Las caídas graves, con lesiones serias, difícilmente provocan risa.
El cuarto elemento es la expresión facial. Si la persona que cayó parece irritada o adolorida, nadie lo encuentra gracioso. Pero si la reacción es de sorpresa o vergüenza, es más fácil que el episodio se convierta en cómico.
La importancia del distanciamiento
Otro factor decisivo para reír de una caída es el distanciamiento. El profesor Caleb Warren, de la Universidad de Arizona, estudia este tipo de humor. Señala tres formas de distanciamiento: espacial, social y temporal.
El distanciamiento espacial ocurre cuando la caída sucede lejos, en otro lugar. El distanciamiento social está relacionado con la relación con la víctima. Si es un extraño, hay menos incomodidad. En el caso de amigos o familiares, la reacción puede ser diferente.
Por último, el distanciamiento temporal muestra que una caída que fue seria en el momento puede convertirse en una broma después de un tiempo, si nadie resultó herido. “E incluso el propio patinador puede encontrar graciosa esa escena un año después, si no ha sufrido ninguna lesión más grave”, afirma Warren.
No es maldad reír del tropiezo ajeno
Geneviève Beaulieu-Pelletier, psicóloga de la Universidad de Quebec, en Canadá, defiende que reír de caídas inofensivas no es falta de empatía. “No reímos del sufrimiento o de la ansiedad ajena; simplemente reaccionamos a la sorpresa, a la falta de congruencia de la situación, a las expresiones de sorpresa.”, escribió ella en el sitio The Conversation.
Aun bromea: “Espero hacer reír a otras personas la próxima vez que tropiece con una grieta en la acera.”
Vergüenza pública
¿Pero cómo se siente quien cae? Para el psicólogo Roland Miller, de la Universidad Estatal Sam Houston, el principal factor es estar rodeado de extraños. Durante años estudió la incomodidad y asegura que la vergüenza aumenta cuando hay personas desconocidas alrededor.
“Esto parece no tener sentido. Al fin y al cabo, ¿por qué valoramos tanto lo que un transeúnte cualquiera pueda pensar de nosotros? La cuestión aquí es que sabemos que amigos y familiares ya nos aman.”, explica él.
A pesar de que parezca contradictorio, es común sentirse más avergonzado frente a desconocidos que ante personas cercanas.
La utilidad de la vergüenza
A pesar del desconforto, la vergüenza cumple un papel importante. Según Miller, funciona como una disculpa no verbal. El cuerpo señala que cometimos un error y nos arrepentimos.
La cara se sonroja, la expresión cambia, y quienes observan entienden esto como una petición de disculpas. Esta reacción es natural y contribuye a mantener la convivencia social.
Si no sintiéramos vergüenza, podríamos parecer personas indiferentes o incluso peligrosas. “La vergüenza es una disculpa no verbal incontrolable y sincera que asegura a los demás que hemos cometido un error y estamos arrepentidos por ello”, completa el psicólogo.
El lado ligero del tropiezo
Reír de caídas inofensivas es un comportamiento común y muchas veces inevitable. Los psicólogos explican que esta reacción está ligada a la sorpresa, a la ruptura de expectativas y a la ausencia de gravedad. No se trata de desprecio o burla, sino de una respuesta emocional compleja.
Y para quien tropieza, la vergüenza puede ser incómoda, pero también tiene una función social. Ayuda a mantener los lazos y muestra que nos importa la opinión de los demás.
Como dijo Miller, la próxima vez que caiga, lo mejor es levantarse, sacudirse el polvo, reconocer la vergüenza —y seguir adelante.
Con información de BBC.

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