Con 16.000 toneladas, tecnología sigilosa y un costo absurdo de US$ 9 mil millones por unidad, el Zumwalt es el mayor y más avanzado destructor jamás construido por EE.UU. Pero tras fallas, recortes y cambios de misión, ¿todavía vale la pena la inversión?
El Zumwalt fue diseñado para ser la vanguardia de la guerra naval del siglo XXI. Equipado con tecnología sigilosa, misiles hipersónicos y un diseño revolucionario, debería ser el terror de los enemigos. Sin embargo, su trayectoria no ha sido nada tranquila, marcada por presupuestos excedidos, cambios de misión y fallas técnicas. Vamos a explorar cómo surgió este gigante, sus avances y desafíos.
¿Qué hizo necesario al Zumwalt?
En los años 1990 y 2000, la Marina de EE.UU. se dio cuenta de que sus barcos estaban volviéndose vulnerables. Los destructores de la clase Arleigh Burke y los cruceros Ticonderoga, a pesar de ser eficientes, carecían de sigilo y capacidad de ataque terrestre de largo alcance. Al mismo tiempo, potencias rivales comenzaron a desarrollar misiles antibuque de largo alcance y sistemas de detección más avanzados.
¿La solución? Un nuevo destructor capaz de operar cerca de la costa enemiga, lanzar ataques quirúrgicos y escapar sin ser detectado. Así nació el Zumwalt, un barco diseñado para esconderse a plena vista, mientras lleva armamento de punta.
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Diseño futurista y tecnología sigilosa

Si miras el Zumwalt, te darás cuenta de que no se parece a ningún otro barco de guerra. Esto se debe a que su casco tumblehome tiene una forma inclinada hacia adentro, reduciendo drásticamente su firma de radar. Para un enemigo desprevenido, parece solo un pequeño barco de pesca en el radar, cuando en realidad es un monstruo de 16.000 toneladas.
Su superestructura está hecha de materiales compuestos que absorben ondas de radar, mientras que sus sistemas de escape minimizan la emisión de calor, dificultando la detección por sensores térmicos. Hasta su sistema de propulsión fue diseñado para ser silencioso, convirtiéndolo en un objetivo difícil incluso para submarinos.
Pero ¿realmente toda esta tecnología vale el precio astronómico?
Poder de fuego, del sueño a la realidad
Originalmente, el Zumwalt fue diseñado para bombardear objetivos en tierra con sus dos cañones de 155 mm (AGS – Advanced Gun System). La idea era utilizar proyectiles guiados de largo alcance (LRLAP) para alcanzar objetivos a hasta 116 km de distancia con precisión quirúrgica.
¿El problema? ¡Cada munición costaba entre US$ 800.000 y US$ 1 millón! Sí, un tiro de cañón más caro que un misil guiado. Con ese costo absurdo, el proyecto de las municiones fue cancelado, dejando a los cañones del Zumwalt completamente inútiles.
Para sortear este problema, la Marina decidió eliminar los cañones e instalar misiles hipersónicos CPS (Conventional Prompt Strike), que pueden alcanzar objetivos a miles de kilómetros a velocidades superiores a Mach 5. Pero esto plantea otra cuestión: ¿es el Zumwalt todavía un destructor tradicional o se ha convertido en una plataforma de lanzamiento de misiles?
El alto costo del futuro de la guerra naval
Si el Zumwalt fuera una película de Hollywood, sería ese blockbuster carísimo y lleno de efectos visuales, pero que nadie sabe si realmente valió la pena producir. El plan original era construir 32 barcos, pero a medida que los costos se dispararon, ese número cayó a solo 3 unidades.
Según Interesting Engineering, el presupuesto total del programa ya ha superado los US$ 24,5 mil millones, convirtiendo al Zumwalt en uno de los proyectos navales más costosos de la historia. ¿Y lo peor? Muchos expertos cuestionan si realmente es tan útil como barcos más baratos, como los propios Arleigh Burke, que costan menos de la mitad y transportan más misiles.
El diseño innovador del Zumwalt también trajo desafíos. Su casco tumblehome, a pesar de ser sigiloso, puede ser inestable en mares agitados, aumentando el riesgo de problemas operacionales. Sin contar que, al tener menos celdas de lanzamiento de misiles que otros destructores, puede quedar en desventaja en combates prolongados.

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