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La órbita de la Tierra puede estar al borde de una catástrofe por un motivo que pocos conocen

Publicado el 12/03/2026 a las 16:10
Satélites, Órbita
Imagem: Ilustração
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Propuesta de SpaceX para lanzar hasta 1 millón de satélites reaviva el debate sobre los impactos en el cielo nocturno, riesgos espaciales y lagunas en la regulación

El 30 de enero de 2026, SpaceX presentó a la Comisión Federal de Comunicaciones de EE. UU. una solicitud para lanzar hasta un millón de satélites, destinados a alimentar centros de datos en el espacio, propuesta que puede alterar profundamente el cielo nocturno global.

La solicitud prevé satélites operando entre 500 y 2.000 kilómetros de altitud en la baja órbita de la Tierra. Parte de estas órbitas fue planeada para recibir exposición casi constante a la luz solar.

El público puede actualmente enviar comentarios a la comisión sobre la solicitud. La propuesta surge en medio del crecimiento acelerado de proyectos similares que involucran grandes constelaciones de satélites en órbita.

En febrero de 2026, había aproximadamente 14.000 satélites activos en el espacio. Paralelamente, otros 1,23 millón de proyectos de satélites estaban en diferentes fases de desarrollo.

Estos equipos suelen operar con un único objetivo y tienen ciclos de vida relativamente cortos. En promedio, cada satélite permanece activo por cerca de cinco años.

Expansión de los satélites y cambio en el cielo nocturno

Expertos advierten que el aumento acelerado de satélites podría transformar permanentemente el cielo nocturno observado desde la Tierra.

Los satélites en baja órbita reflejan la luz solar durante aproximadamente dos horas después de la puesta de sol y antes del amanecer.

A pesar de los intentos de ingeniería para reducir el brillo, muchos aparecen como puntos móviles en el cielo.

En varias megaconstelações, los satélites tienen un tamaño comparable al de camiones. Las proyecciones indican que nuevas generaciones podrían ampliar significativamente la contaminación lumínica.

En 2021, astrónomos estimaron que, en menos de una década, uno de cada 15 puntos de luz visibles en el cielo nocturno podría ser un satélite en movimiento.

En ese momento, esta proyección consideraba solo alrededor de 65.000 satélites de megaconstelações propuestos. El escenario actual involucra números mucho superiores.

Si se implantan constelaciones con millones de satélites, los efectos en el cielo nocturno pueden volverse difíciles de revertir.

Impactos científicos y riesgo de colisiones espaciales

Las preocupaciones científicas incluyen reflejos intensos y emisiones de radio generadas por los satélites, factores que pueden interferir directamente en las observaciones astronómicas.

Expertos de la industria espacial también señalan desafíos relacionados con la gestión del tráfico orbital y la logística.

Actualmente no existe un sistema unificado de control del tráfico espacial similar al utilizado en la aviación civil.

Otro punto citado es el aumento del riesgo de lo que se llama síndrome de Kessler, caracterizado por una reacción en cadena de colisiones entre objetos en órbita.

Hoy ya existen alrededor de 50.000 desechos espaciales con diez centímetros o más orbitando la Tierra.

Si los satélites no realizan todas las maniobras necesarias para evitar colisiones, las estimaciones indican que una gran colisión podría ocurrir cada 3,8 días.

Efectos culturales y ambientales asociados a los satélites

Además de las cuestiones técnicas, investigadores señalan impactos culturales ligados al aumento de satélites visibles en el cielo.

La contaminación lumínica provocada por estas estructuras puede afectar a comunidades indígenas que utilizan el cielo nocturno en prácticas tradicionales, navegación, caza y rituales espirituales.

Otro factor discutido es el impacto ambiental relacionado al gran número de lanzamientos necesarios para poner miles de satélites en órbita.

Estos lanzamientos consumen grandes cantidades de combustibles fósiles y pueden causar daños a la capa de ozono.

Cuando los satélites alcanzan el final de su vida útil, el plan normalmente prevé que sean quemados en la atmósfera.

Este proceso genera la deposición de grandes cantidades de metales en la estratosfera, pudiendo desencadenar reacciones químicas potencialmente perjudiciales.

Estas preocupaciones también levantan cuestiones jurídicas. Según la legislación espacial internacional, los países son responsables por daños causados por objetos espaciales lanzados bajo su jurisdicción.

Abogados espaciales discuten si el derecho internacional actual puede responsabilizar a empresas o individuos privados por daños relacionados con los satélites.

Lagunas regulatorias y propuesta de evaluación del cielo oscuro

Las regulaciones actuales para proyectos de satélites se centran principalmente en aspectos técnicos, como el uso de frecuencias de radio.

Reguladores nacionales también evalúan la seguridad del lanzamiento, los impactos ambientales en la Tierra y la responsabilidad en caso de fallas.

No obstante, estas reglas no consideran cómo cientos de miles de satélites brillantes pueden alterar la observación del cielo nocturno.

Estos cambios afectan estudios científicos, navegación, educación y tradiciones culturales ligadas al cielo.

Investigadores afirman que estos impactos no se ajustan a las categorías tradicionales de daño ambiental ni en cuestiones técnicas de ingeniería.

Por ello, abogados espaciales como Gregory Radisic y Natalie Gillespie propusieron la creación de una Evaluación de Impacto del Cielo Oscuro.

Esta evaluación sería un proceso sistemático para identificar y documentar todos los efectos de una constelación de satélites antes de su implementación.

El primer paso involucraría reunir evidencias de diferentes partes interesadas, incluyendo astrónomos, científicos atmosféricos, investigadores ambientales, estudiosos de la cultura, comunidades afectadas y representantes de la industria.

También sería necesario modelar los efectos acumulativos de los satélites, analizando cambios en la visibilidad del cielo, brillo nocturno, congestión orbital y riesgos de accidentes.

La evaluación definiría criterios claros para situaciones en que la visibilidad del cielo es esencial para la ciencia, navegación, educación y patrimonio cultural.

Otro punto sería la adopción de medidas de mitigación, como reducción del brillo de los satélites, ajustes orbitales y modificaciones en el diseño de las constelaciones.

Por último, los resultados deberían ser transparentes, revisables de forma independiente y directamente vinculados a las decisiones de licenciamiento.

Según los expertos, la evaluación no tendría función de veto, pero ayudaría a aclarar ventajas y desventajas antes de la aprobación de nuevas constelaciones.

La discusión ocurre mientras el cielo nocturno ya comienza a transformarse con el crecimiento continuo del número de satélites en órbita.

Con información de Super Interesante.

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Romário Pereira de Carvalho

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