La transferencia de control de la Companhia Siderúrgica Nacional en abril de 1993, parte del Programa Nacional de Desestatalización, fue un evento marcado por disputas judiciales, protestas y una compleja ingeniería financiera.
La privatización de la CSN (Companhia Siderúrgica Nacional), en abril de 1993, fue uno de los hitos del proceso de reestructuración de la economía brasileña en la década de 1990. La subasta que transfirió el control de la mayor siderúrgica de América Latina a la iniciativa privada cerró un largo y tumultuoso proceso, que dividió la opinión pública y redefinió la industria de base y la ciudad de Volta Redonda (RJ).
La venta, concluida por más de US$ 1 mil millones, fue viabilizada por el uso de títulos de deuda pública y resultó en una profunda reestructuración de la empresa. El legado del proceso es complejo, con resultados distintos para la compañía y para la comunidad local que dependía de ella.
El escenario de los años 90: ¿por qué el gobierno decidió la privatización de la CSN?
La decisión de realizar la privatización de la CSN fue parte de una política económica más amplia. A principios de los años 1990, el gobierno de Fernando Collor de Mello creó el Programa Nacional de Desestatalización (PND), que buscaba vender empresas estatales para modernizar la economía y reducir la deuda pública. La CSN fue incluida en el programa en 1992.
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Con el impeachment de Collor, su sucesor, Itamar Franco, dio continuidad al programa. La venta de la CSN se mantuvo como una de las prioridades del nuevo gobierno, que profundizó la política de desestatalización, incluyendo la posibilidad de una mayor participación de capital extranjero en las subastas.
Crónica de una subasta tumultuosa: 2 de abril de 1993

El día de la subasta de la CSN, en la Bolsa de Valores de Río de Janeiro, estuvo marcado por alta tensión. La subasta comenzó con horas de retraso, en medio de un fuerte dispositivo policial para contener protestas organizadas por sindicatos y movimientos sociales que se oponían a la venta.
Paralelamente, se estaba produciendo una batalla jurídica, con diversas cautelares siendo emitidas para intentar suspender el proceso. La oposición, sin embargo, se debilitó por una profunda división en el movimiento sindical. Una nueva directiva, alineada con la Força Sindical y favorable a la negociación de la privatización, había ganado las elecciones en el Sindicato de Metalúrgicos de Volta Redonda, lo que disminuyó la fuerza del movimiento contrario a la venta.
La ingeniería financiera: el negocio y las «monedas podridas»
El bloque de control de la CSN, correspondiente al 60,1% de las acciones, fue subastado por US$ 1,057 mil millones. La forma de pago, sin embargo, fue uno de los puntos más debatidos de la transacción. Cerca de 95% del valor fue pagado con las llamadas «monedas podridas».
Estas «monedas» eran títulos antiguos y de baja liquidez de la deuda pública brasileña. El modelo de privatización permitía que los compradores adquiriesen estos papeles en el mercado con un gran descuento y los utilizaran para pagar por la estatal por su valor nominal. En la práctica, fue una gran operación de intercambio de deuda por participación accionaria, lo que redujo significativamente el costo real de adquisición para los compradores y el ingreso de dinero nuevo en la caja del gobierno.
Los nuevos dueños del acero: ¿quién compró la CSN?

El control de la «nueva CSN» fue adjudicado a un consorcio formado por el Grupo Vicunha, de la familia Steinbruch, por el banco Bamerindus y por Docenave, que en ese momento era una subsidiaria de la estatal Vale do Rio Doce.
La figura central que emergió de este proceso fue el empresario Benjamin Steinbruch, quien asumió el comando del Consejo de Administración. Él lideró la transformación de la CSN en un conglomerado integrado, expandiendo los negocios hacia los sectores de minería, logística, cemento y energía.
El legado de la privatización de la CSN: los impactos en la empresa y en la ciudad
La privatización de la CSN generó resultados distintos y que son objeto de análisis hasta hoy. Para la empresa, el cambio de gestión llevó a un aumento de eficiencia y rentabilidad. Datos del IPEA (Instituto de Pesquisa Econômica Aplicada) mostraron que, después de la venta, las ventas de la compañía crecieron un 81% y la productividad por empleado aumentó un 129%.
Para la ciudad de Volta Redonda, el impacto social fue profundo. Las ganancias de productividad fueron acompañadas por un proceso de despidos masivos. El cuadro de empleados, que era de 22.000 en 1989, se redujo a cerca de 9.000 en 1997. Para la ciudad, que tenía su economía e identidad totalmente ligadas a la siderúrgica, la reestructuración generó una crisis social y el fin del modelo de «ciudad-empresa».

A csn dava um prejuizo de 2 bilhoes de reais por ano ao governo.por isso o desespero para venda.
Local onde os si di atos dominavam.
Foi uma privatização com prejuízo economico , social, para o governo, cidade e os funcionários que foram demitidos! A cidade tem vários imóveis abandonados. Um prédio com 16 andares, áreas grandes e terrenos que estão inativos há 32 anos!
Corrupção na privatização das três siderúrgicas do país!
Boa matéria, mas há outras implicações locais. Com a promessa de expansão da CSN privada, não só a planta industrial, mas a maioria dos terrenos vagos da cidade foram no pacote. A CSN não expandiu como prometido e usa esses terrenos sem função social para a especulação imobiliária e moeda de troca de dívidas.O metro quadrado se tornou caríssimo. A dívida nunca foi paga na íntegra apesar dos lucros crescentes e nem os passivos ambientais. Trata-se ainda de uma empresa sucata, que não investe o suficiente em produção sustentável ambientalmente, afetando severamente o território e a população local, com a convivência de órgãos públicos, como o INEA, órgão ambiental estadual.