Sylvia Bloom, la secretaria que acumuló millones en inversiones y dejó su fortuna para financiar becas de estudio a jóvenes desfavorecidos.
Nueva York, 2018 – Una historia sorprendente salió a la luz dos años después de la muerte de Sylvia Bloom. La discreta secretaria de una gran firma de abogados en Manhattan acumuló, a lo largo de 67 años de carrera, una fortuna de millones de dólares en inversiones.
Lo que más impresiona es que nadie, ni siquiera su familia, sospechaba de la magnitud de su patrimonio.
En 2018, su herencia se hizo pública cuando se reveló que destinó gran parte del dinero a una fundación de apoyo educativo, transformando su fortuna en oportunidades para jóvenes de bajos ingresos.
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Una vida sencilla en medio de la fortuna
Sylvia Bloom nació en Brooklyn, en 1919, hija de inmigrantes de Europa del Este. Criada en medio de las dificultades de la Gran Depresión, aprendió desde joven el valor de la disciplina y la economía.
A pesar de ser millonaria, mantuvo hábitos simples. En 2001, en medio del caos de los ataques del 11 de septiembre, decidió regresar a casa en autobús en lugar de taxi — gesto que, según su sobrina Jane Lockshin, simbolizaba su forma modesta de vivir.
El secreto de sus inversiones
Bloom se unió a la firma Cleary Gottlieb Steen & Hamilton en 1947, poco después de su fundación, y permaneció allí durante casi siete décadas.
Fue en ese ambiente donde encontró su estrategia financiera peculiar: copiaba las inversiones de los abogados para quienes trabajaba.
Cuando un jefe pedía comprar acciones, ella hacía lo mismo, pero en menor escala, con su propio dinero.
“Era una neoyorquina inteligente y astuta”, describió su sobrina en una entrevista con la BBC. Esa visión estratégica, aliada a la paciencia de décadas, transformó el modesto salario de secretaria en un patrimonio millonario.
Millones de dólares destinados a causas sociales
El testamento de Bloom sorprendió incluso a su familia. Jane Lockshin, responsable de administrar la herencia, descubrió que su tía había acumulado más de 9 millones de dólares.
La mayor parte fue donada a la fundación Henry Street Settlement, en el Lower East Side de Nueva York.
La entidad recibió 6,24 millones de dólares, el mayor aporte individual de su historia, destinados a la creación del fondo Bloom-Margolies, que ofrece becas completas para jóvenes desfavorecidos.
Otros 2 millones de dólares fueron dirigidos a instituciones benéficas.
Educación como legado
El gesto de Bloom no fue por casualidad. Como hija de la crisis de 1929 y formada en clases nocturnas, creía que la educación era la herramienta más poderosa para transformar vidas.
Por eso, pidió expresamente que su fortuna fuera destinada a estudiantes sin recursos.
“Ella quería que su patrimonio beneficiara a quienes tuvieran oportunidades educativas limitadas”, destacó Jane Lockshin.
El fondo creado en su memoria ofrece desde tutoría y preparación para exámenes universitarios hasta apoyo completo para que los estudiantes concluyan su grado.
El impacto de una vida silenciosa
La revelación de la fortuna dejó atónitos a colegas, familiares e incluso a la firma en la que trabajó. “Ella nunca hablaba de dinero, ni llevaba una vida de lujo”, contó Paul Hyams, del área de Recursos Humanos de Cleary Gottlieb.
A pesar de su discreción, su contribución se convirtió en un hito en la historia de la fundación. David Garza, director de Henry Street Settlement, afirmó al The New York Times que todos quedaron “boquiabiertos” con la donación.
Discreción hasta el final
Bloom falleció en 2016, a los 96 años, en una casa de retiro. Vivió gran parte de su vida en un apartamento simple en Brooklyn con su esposo, Raymond Margolies, fallecido en 2002.
Apreciaba la música, viajaba de forma modesta y mantenía una vida sin ostentaciones.
Su sobrina cree que Sylvia se sentiría incómoda con la notoriedad que recibió tras la revelación de las donaciones.
“Ella odiaría toda esta atención, pero lo aceptaría sabiendo que eso ayudaría a las instituciones”, dijo Lockshin.

Fantástica a decisão dela! Pessoa de grande caráter e solidária com os necessitados…