País africano com grandes reservas minerais enfrenta severas limitaciones agrícolas y comienza a probar la biomasa marina como insumo para recuperar suelos degradados, reducir la dependencia externa y crear alternativas productivas en un territorio marcado por la escasez hídrica y condiciones climáticas extremas.
Namibia reúne algunos de los mayores activos minerales del continente africano, con una producción relevante de uranio y diamantes, incluso en operaciones offshore.
Aun así, el país enfrenta dificultades estructurales para garantizar la seguridad alimentaria y la estabilidad productiva.
La principal razón está fuera del subsuelo: la escasez de agua y la limitación de tierras cultivables imponen obstáculos persistentes a la expansión del sector agrícola.
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En este escenario, proyectos recientes comenzaron a probar el uso de biomasa marina como insumo para la recuperación de suelos degradados, llevando algas cultivadas en el océano a áreas áridas del interior.
Aunque la minería sostiene una parte importante de la economía nacional, expertos en desarrollo regional destacan que la dependencia de recursos minerales no resuelve problemas relacionados con la producción de alimentos.
La mayor parte del territorio namibio presenta restricciones severas para el cultivo, con ríos intermitentes y lluvias irregulares.
Datos citados en estudios e informes técnicos indican que solo alrededor del 1% al 2% del país tiene características adecuadas para la agricultura en bases convencionales.
Limitaciones agrícolas en un país rico en minerales
El contraste entre abundancia mineral y fragilidad agrícola se acentúa cuando se observa la dinámica territorial.

Aún fuera de las áreas desérticas formales, grandes extensiones presentan suelos pobres, sujetos a erosión y a la pérdida continua de nutrientes.
En regiones de transición, el avance de las dunas y la acción de los vientos reducen la estabilidad del terreno, dificultando el manejo agrícola a largo plazo.
Además, análisis demográficos muestran que la población de Namibia sigue creciendo, lo que amplifica la presión sobre un sistema productivo ya limitado.
Según organismos internacionales que siguen el país, la expansión de la agricultura enfrenta un techo físico, ya que nuevas áreas fértiles son escasas y la irrigación depende de fuentes hídricas restringidas.
En este contexto, la búsqueda de alternativas técnicas ha sido tratada por investigadores y formuladores de políticas públicas como una necesidad estratégica.
Desierto de Namibe y condiciones climáticas extremas
A lo largo de la costa atlántica, el desierto de Namibe es señalado por estudios climatológicos como uno de los ambientes más áridos del planeta.
En algunas áreas, la precipitación anual registrada se encuentra por debajo de 10 milímetros, valor inferior al observado en otros desiertos conocidos.
En estas condiciones, la vida depende menos de la lluvia y más de la humedad traída por la neblina costera, fenómeno asociado a la corriente fría de Benguela.
La combinación entre baja humedad del suelo, fuerte insolación y gran amplitud térmica dificulta el mantenimiento de materia orgánica.
Aunque haya aporte de agua, la infiltración rápida y la evaporación reducen la eficiencia del cultivo.
Técnicos agrícolas que trabajan en el país señalan que, sin intervención estructural en el suelo, los fertilizantes convencionales tienden a mostrar resultados limitados.
Corriente de Benguela y productividad marina
En contraste con la aridez continental, el océano adyacente presenta alta productividad biológica.
La corriente fría de Benguela promueve la resurgencia de nutrientes, creando condiciones favorables para el crecimiento de algas a lo largo de la costa sur de África.
Investigadores marinos describen esta región como una de las más ricas en biomasa del Atlántico Sur.
A partir de esta característica, proyectos piloto han comenzado a cultivar algas en estructuras sumergidas, enfocándose en la utilización de la biomasa para diferentes finalidades.
Entre las especies utilizadas, se menciona a la Macrocystis pyrifera, conocida como kelp gigante, citada en literatura científica por su rápido crecimiento en ambientes ricos en nutrientes.
La propuesta defendida por empresas y centros de investigación involucrados es transformar parte de esta biomasa en insumos agrícolas capaces de mejorar la estructura física del suelo, aumentar la retención de agua y estimular la actividad biológica subterránea.
Granjas de algas y procesamiento industrial
En la costa cercana a la ciudad de Lüderitz, la empresa Kelp Blue informó haber implantado una granja experimental de algas con más de 30 hectáreas en operación.

De acuerdo con descripciones divulgadas por la propia compañía, el sistema utiliza líneas sumergidas fijadas al fondo marino, permitiendo la cosecha parcial de la biomasa sin la remoción completa de las plantas.
Después de la extracción, el material se envía a procesamiento en tierra, donde pasa por etapas de limpieza y transformación.
El objetivo declarado es producir compuestos orgánicos y bioestimulantes destinados al uso agrícola.
Técnicos involucrados en el proyecto afirman que estos productos pueden contribuir a mejorar la retención de humedad y reactivar procesos microbianos en suelos degradados.
Especialistas independientes, sin embargo, destacan que los resultados aún dependen de un monitoreo continuo y de evaluaciones a mayor escala para comprobar impactos consistentes a largo plazo.
Debate científico sobre carbono marino
Además del uso agrícola, el cultivo de algas ha estado asociado a discusiones sobre captura de carbono en el ambiente marino.
Parte de la literatura científica reconoce que los bosques de kelp absorben dióxido de carbono durante su crecimiento.
Por otro lado, organizaciones ambientales e investigadores advierten que la mayor parte de este carbono puede regresar al sistema con la descomposición de la biomasa, lo que limita el potencial de almacenamiento permanente.

Este debate ha ganado espacio principalmente en Europa y Estados Unidos, donde los proyectos de créditos de carbono marino son analizados con cautela.
En el caso de Namibia, representantes del sector afirman que el enfoque permanece en los efectos directos, como generación de empleos costeros y suministro de insumos para la agricultura local.
Experiencias con algas en el este africano
El uso de algas como alternativa económica también aparece en otros países africanos.
En Kenia, reportajes internacionales informan que comunidades costeras ampliaron el cultivo tras pérdidas agrícolas sucesivas asociadas a la sequía.
En 2022, la producción nacional fue estimada en alrededor de 100 toneladas, con exportaciones destinadas a mercados como China, Francia y Estados Unidos.
En Tanzania, el sector presenta mayor escala.
Datos de organizaciones internacionales y del gobierno local indican que decenas de miles de agricultores participan en la cadena productiva, especialmente en regiones costeras y en Zanzíbar.
Analistas del sector señalan que la actividad ha ganado relevancia por requerir pocos insumos además de agua del mar y mano de obra, volviéndose accesible en áreas con limitaciones agrícolas severas.
Algas como alternativa a plásticos de uso único
En Namibia, políticas públicas recientes orientadas a la reducción de plásticos de uso único han aumentado el interés por materiales alternativos.
Informes oficiales indican que los popotes plásticos fueron prohibidos a partir del 1 de enero de 2024, mientras que las botellas plásticas desechables se han convertido en objeto de restricciones a partir de 2025.
En este contexto, investigaciones académicas y asociaciones industriales estudian el uso de derivados de algas en recubrimientos biodegradables para embalajes.
Estudios realizados por universidades y empresas de biomateriales describen compuestos capaces de sustituir capas plásticas en papeles usados para alimentos, manteniendo resistencia a la grasa y a la humedad.
Investigadores involucrados afirman que el avance de estas iniciativas depende de pruebas adicionales y de viabilidad económica a escala industrial.
Con proyectos en etapas distintas y resultados aún en evaluación, el cultivo de algas ha comenzado a integrarse en el debate sobre cómo los países con territorios áridos pueden diversificar su base productiva sin aumentar la presión sobre recursos hídricos escasos, y hasta qué punto esta biomasa marina puede consolidarse como herramienta estable para enfrentar desafíos agrícolas y ambientales en regiones desérticas?



Ao escrever artigos para a população, os jornalistas podiam pesquisar melhor as referências para ajudar a comunidade científica a propagar informações corretas. Assim, as algas, na taxonomia, não são do reino das plantas, e sim pertencentes aos Protoctistas (protozoarios e algas). Embora verdinhas, fazendo fotossíntese, possuem características que não as identificam como plantas conforme texto da reportagem. Uma boa notícia também ampliar conhecimentos de seus leitores.
O título induz a erro. Na África existem 55 países e a matéria faz referência unicamente a Namíbia. Imaginem um título «América Latina promove limpeza de rio», e você descobre que a reportagem é sobre o Rio Tietê.