En Río do Sul, en el interior de Santa Catarina, un agricultor jubilado mantiene desde hace más de 30 años una rutina que reúne decenas de aves silvestres al caer la tarde y revela cómo una decisión familiar cambió su relación con la naturaleza
La tarde llega, y la escena se repite con precisión. En Río do Sul, en el Alto Vale do Itajaí, su Paulo esparce maíz al borde del monte. Poco después, los primeros jacus aparecen. Luego, otros surgen de todos lados, hasta que el patio se llena de aves. Mientras tanto, el agricultor jubilado y su esposa, doña Inês, se sientan y observan, aún admirados, una rutina que no ha perdido su encanto incluso después de más de tres décadas.
La información integra un reportaje exhibido en la televisión regional de Santa Catarina, basado en el seguimiento directo de la rutina de la pareja y en la observación del comportamiento de las aves a lo largo del año.
La escena diaria que comienza al atardecer y se repite desde hace décadas
Todos los días, siempre a la misma hora, el maíz esparcido en el suelo funciona como una invitación silenciosa. Los jacus se acercan poco a poco. Algunos caminan con cautela. Otros ya llegan confiados. El ruido aumenta a medida que crece el número de aves. Aun así, para su Paulo y doña Inês, el momento sigue siendo especial.
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La convivencia actual, sin embargo, no siempre existió. Su Paulo recuerda que, en un período anterior, cazaba jacus e inhambus para alimentar a la familia, cuando la práctica aún estaba permitida. En ese tiempo, la carne se dividía en pequeñas porciones entre él, su esposa y los hijos.
El día en que la caza terminó y la decisión cambió todo
El cambio ocurrió tras un episodio marcante, aún en la década de 1990. En casa, la hija pidió ver el pájaro que había sido abatido. Al darse cuenta de que el animal había fallecido, la niña lloró. La reacción emocionó al agricultor.
Poco tiempo después, su Paulo subió nuevamente la sierra. Durante la caminata, encontró una pareja de inhambus acercándose. En ese momento, reflexionó y decidió no hacer nada. Pidió perdón por los otros pájaros y hizo una promesa personal: nunca más cazar aves. Desde entonces, mantiene esta decisión sin excepciones.
Del abandono de la caza al inicio del cuidado diario
A partir de esa elección, su Paulo comenzó a alimentar a los jacus. Al principio, solo aparecía una pareja. Con el paso de los años, otros empezaron a surgir, principalmente al inicio del invierno, cuando el alimento natural en el monte se vuelve más escaso.
Según él, después del periodo de reproducción, las parejas más antiguas suben a los árboles y vocalizan, llamando a otros grupos. Así, año tras año, el número de aves ha aumentado. Hoy, decenas aparecen a diario al atardecer.
Maíz sembrado a mano y compromiso mantenido hasta septiembre
Para sostener la rutina, su Paulo siembra el maíz, cosecha todo manualmente y despulpa los granos. Cada dos días, un saco de maíz es consumido por las aves. El trato comienza en mayo y sigue hasta septiembre, periodo en el que la oferta de alimento en el bosque disminuye.
Cuando la hambre aprieta, los jacus se acercan aún más a la casa. Los nietos, incluso, les han puesto apodos a las aves, llamándolas “gallinas negras”. Aunque el ruido no siempre agrada a todos, el agricultor asegura que continuará mientras esté vivo.
Una rutina simple que se convierte en un legado silencioso
Su Paulo cree que, cuando no pueda más alimentar a los jacus, la familia los echará de menos. Para él, cuidar de las aves representa una forma de devolver a la naturaleza aquello que un día fue extraído.
Historias como esta, recurrentes en áreas rurales de Santa Catarina, refuerzan debates sobre la convivencia entre seres humanos y fauna silvestre, frecuentemente abordados por organismos ambientales estatales y reportajes locales.
Ante una rutina mantenida por más de 30 años, ¿en qué momento una elección simple deja de ser solo un hábito y se convierte en un legado para quienes permanecen?

Vai acabar sendo multado por algum órgão ambiental.
Muito lindo! Fiquei emocionada pois amo todas as espécies e sou vegetariana desde criança. Que Deus abençoe sr Paulo com muita vida e saúde.
Toda vida é sagrada, a dos animais também. Por isso veganos não se alimentam dos cadáveres de animais. Que bom que o Sr. Paulo entendeu isso.
Sagrada por quem? Ahh vá.. devemos cuidar e respeitar sim, mas não tem nada dessa bobagem de sagrado. Gatos matam bilhões de aves, répteis e pequenos roedores ameaçados de extinção todos os dias.. mas não vejo uma alma viva criticando. É a natureza, nós também nos alimentamos de carne. Mas com cuidado e respeito, não precisa endeusar