Intervención en la costa del Báltico reabrió áreas drenadas al avance del agua salada y recolocó en operación un sistema natural que reduce la erosión, retiene carbono en el suelo y amplía la protección costera con el regreso gradual de marismas y hábitats usados por aves acuáticas.
La retirada de 4,5 kilómetros de diques en dos tramos de la costa alemana del Báltico permitió que el mar volviera a ocupar cerca de 200 hectáreas antes drenadas para uso agropecuario, reactivando marismas salinas que ayudan a amortiguar olas, contener la erosión y reforzar la protección costera.
Las áreas fueron reabiertas en noviembre de 2019 y marzo de 2020, y la recomposición comenzó justo después de la entrada del agua salada.
La intervención ocurrió en dosis polders de aproximadamente 100 hectáreas cada uno, expresión usada para designar terrenos aislados artificialmente del mar por diques y sistemas de drenaje.
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Cuando este bloqueo se mantiene durante décadas, la inundación natural deja de ocurrir, la vegetación típica pierde espacio y los suelos turfosos comienzan a degradarse más rápidamente.
Proyecto en la costa alemana reabrió polders al mar
En la franja costera del proyecto, WWF Alemania informó que existen 67 polders, sumando cerca de 15 mil hectáreas, lo que da la medida del pasivo acumulado a lo largo de décadas de contención del agua.

Para la restauración inicial, se eligieron dos áreas consideradas viables desde el punto de vista ambiental, de uso del suelo y de defensa costera.
El trabajo fue estructurado para devolver la dinámica marina sin abandonar la protección de las zonas que continuaron en uso humano.
En lugar de simplemente abrir las compuertas, el proyecto retiró los diques antiguos, reposicionó la defensa para áreas más internas y reorganizó la línea de contención, permitiendo que el agua salada volviera a circular donde antes había pasturas drenadas.
Marismas salinas volvieron a crecer en el Báltico
Según la documentación de WWF Báltico, tan pronto como fueron inundados, los antiguos polders comenzaron a regresar al estado de marismas salinas, acompañando el nivel del mar Báltico.
Esta recuperación implica más que la presencia de agua.
Recoloca en funcionamiento la deposición de sedimentos, las inundaciones periódicas y el avance de plantas adaptadas a la salinidad.
Este punto es central porque la marisma funciona como una interfaz viva entre el mar y la tierra firme.
Con vegetación más densa y superficie irregular, el ambiente aumenta la rugosidad del terreno, disipa parte de la energía del agua y reduce el impacto directo de las olas sobre la línea principal de defensa costera.
Suelo turfoso volvió a retener carbono
Además de la función física en la costa, la restauración también apunta a un problema climático.

En una presentación técnica de 2022, WWF Alemania estimó que los 200 hectáreas rehidratadas pueden evitar emisiones y resultar en el almacenamiento de cerca de 5 mil toneladas de dióxido de carbono por año en el suelo, precisamente porque la rehidratación desacelera la oxidación de la turba.
La misma documentación informa que, en los dos polders drenados, la capa de turba encogía cerca de 1 centímetro por año.
Cuando este tipo de suelo permanece seco, se descompone y libera carbono; cuando vuelve a estar inundado, la degradación pierde ritmo y el área recupera parte de su función ecológica original.
Los resultados observados no se limitaron al suelo.
WWF Báltico registró que el área restaurada se transformó en un hotspot para aves acuáticas y migratorias, incluyendo diferentes especies de anátidos, al restablecer condiciones más adecuadas para alimentación, refugio y reproducción en un paisaje costero antes simplificado por el uso intensivo del suelo.
Acuerdos con propietarios viabilizaron la restauración
Antes de las obras, el proyecto necesitó resolver una etapa menos visible, pero determinante.
En uno de los casos, el área ya había sido adquirida por la Baltic Sea Foundation con la finalidad de reconversión ambiental; en el otro, la tierra permaneció dividida entre propietarios privados y la Karsten Nendel Foundation, lo que exigió acuerdos específicos para viabilizar la intervención.
De acuerdo con WWF Báltico, los propietarios del segundo polder recibieron compensaciones calculadas con base en la pérdida de valor de mercado de la tierra y en la reducción prevista de cosechas durante 25 años.
A cambio, asumieron formalmente el compromiso de no reconstruir los diques removidos ni reactivar el antiguo sistema hidráulico.
La ingeniería institucional fue tan importante como la ambiental porque evitó que la restauración quedara limitada a un experimento aislado.
Aún según WWF, los agricultores ligados al área continuaron capacitados para recibir subsidios europeos, lo que ayudó a reducir resistencias locales y demostró que la adaptación costera y los arreglos económicos pueden caminar juntos.

La defensa costera natural gana espacio en Alemania
El caso alemán ganó relevancia por combinar defensa costera, biodiversidad y clima en una misma intervención.
Estudio publicado en 2023 en la revista Communications Earth & Environment indicó que el managed realignment, estrategia basada en el retroceso controlado de diques y en la recuperación de áreas húmedas, puede reducir más la exposición poblacional a inundaciones que solo elevar las barreras existentes en tramos de la costa báltica alemana.
Esta lógica aparece también en el Wadden Sea Quality Status Report 2024, según el cual los polders raramente inundados reciben poco sedimento y, por eso, tienen baja capacidad de ganancia vertical.
El informe afirma que esta dinámica puede ser restaurada con el desmantelamiento de diques o con el realineamiento costero, mecanismo que devuelve espacio para que la naturaleza vuelva a operar.
En otras palabras, la restauración no produce efecto solo por “dejar entrar agua”.
Lo que se recompone es un sistema en que sedimentos, vegetación halófila e inundaciones periódicas ayudan a estabilizar el terreno y a absorber parte de la energía marina, algo que estructuras rígidas, solas, no reproducen integralmente.
Recuperación de marismas refuerza la protección del litoral
La experiencia también llama la atención porque fue implementada en escala relativamente modesta, pero con impacto mensurable.
En lugar de apostar solo en el endurecimiento continuo de la costa, el proyecto reposicionó la infraestructura de protección, reabrió dos polders y permitió el regreso de un paisaje que históricamente ya ejercía funciones de filtro ecológico, retención de carbono y amortiguamiento de las olas.
En el litoral del Báltico, donde la presión sobre hábitats costeros se acumuló con drenaje, agricultura y contención artificial del agua, el resultado alemán refuerza un cambio de enfoque.
La defensa costera deja de depender solo de diques y pasa a incorporar procesos naturales que habían sido interrumpidos, con ganancias simultáneas para el suelo, para la fauna y para la resiliencia de la línea de costa.

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