Estudio en Advances in Atmospheric Science, firmado por más de 50 científicos de 31 instituciones, indica que los océanos acumularon en 2025 energía térmica extra de 23 zettajoules, por encima de los 16 de 2024, con un calentamiento destacado en el Atlántico tropical y del sur, Mediterráneo, Índico norte y Océano Antártico en una escala sin precedentes.
Los océanos siempre han funcionado como un gigantesco amortiguador del clima, pero 2025 hizo sonar esta función como una alerta. La imagen de “12 bombas de Hiroshima por segundo” no describe explosiones reales, sino que es una equivalencia de energía térmica que intenta traducir, en lenguaje humano, la magnitud del calor almacenado.
El dato central proviene de un estudio publicado el 9 de enero: el mayor aumento anual desde que las mediciones modernas comenzaron, alrededor de 1960. También es el noveno año consecutivo de récords, una secuencia que, en la práctica, dibuja un patrón difícil de tratar como un azar o una oscilación pasajera.
Lo que la comparación con Hiroshima intenta traducir
La comparación con Hiroshima suele chocar porque acorta la distancia entre números abstractos y una sensación concreta de escala.
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En el caso de los océanos, funciona como un “traductor” de energía: no es un conteo de eventos, sino una manera de representar el ritmo con el que el sistema está acumulando calor.
El estudio señala que 2025 marcó el mayor aumento anual desde alrededor de 1960, y esto ocurre dentro de una trayectoria: ya son nueve años consecutivos en los que el contenido de calor oceánico rompe récords.
Cuando los récords dejan de ser una excepción y se convierten en una secuencia, la pregunta que surge naturalmente es “¿por qué ahora?” y la respuesta pasa por el desequilibrio térmico descrito por los autores, con el planeta reteniendo más calor del que puede devolver.
El número detrás del choque: 23 zettajoules y la escalada reciente
El salto de 2025 aparece en el valor adicional de 23 zettajoules de energía térmica, por encima de los 16 zettajoules de 2024. Zettajoule es una unidad tan grande que suele parecer distante: un zettajoule equivale a 1.000.000.000.000.000.000.000 joules.
En lugar de intentar “imaginar” esto, la utilidad está en comparar tendencias y entender hacia dónde apunta la curva.
Para estimar el contenido de calor oceánico en 2025, los autores evaluaron datos observacionales de los 2.000 metros superiores del océano, donde la mayor parte del calor es absorbido.
Este detalle importa porque, al mirar más allá de la superficie, el análisis busca capturar el almacenamiento de energía en el volumen de agua, y no solo la temperatura “de la piel” del mar, que sube y baja más rápidamente.
Dónde los océanos se calentaron más y por qué eso importa

El calentamiento no aparece de forma uniforme: las áreas más cálidas observadas incluyen el Atlántico Tropical y del Sur, el Mar Mediterráneo, el Océano Índico Norte y el Océano Antártico.
En términos de “dónde”, eso ayuda a entender que los océanos no están solo más cálidos en promedio, sino que exhiben regiones de calentamiento destacado, capaces de influir en patrones meteorológicos y oceánicos en escalas mayores.
Cuando ciertas regiones acumulan más calor, el impacto no se queda “atrapado” en ellas. Un océano más cálido, según el propio estudio, favorece el aumento de la precipitación global y alimenta tormentas tropicales más extremas.
Es una cadena: más energía disponible tiende a significar más combustible para sistemas atmosféricos que ya existen, elevando el potencial de intensificación y de lluvia intensa.
Del océano a la atmósfera: señales de desequilibrio y eventos extremos
Los autores describen los resultados como “evidencia directa de que el sistema climático está fuera del equilibrio térmico y acumulando calor”.
La frase es fuerte porque no se limita a “más cálido que antes”; sugiere un sistema entero recibiendo más energía de la que puede liberar, con los océanos actuando como el principal reservorio de esa energía extra.
Dentro de este contexto, el estudio relaciona las temperaturas globales más cálidas de 2025, probablemente, a parte de los daños del Huracán Melissa en Jamaica y en Cuba y a las intensas lluvias de monzones en Pakistán, entre otros desastres climáticos.
La causalidad, aquí, aparece con cautela: no es “un evento ocurre por una causa única”, sino la idea de que un océano más cálido puede aumentar la probabilidad de impactos más severos, al proporcionar un fondo energético más alto para fenómenos ya complejos.
Cómo los científicos miden el calor: superficie del mar versus contenido de calor
Hay más de una forma de ver el calentamiento de los océanos, y eso cambia el tipo de preguntas respondidas.
Una métrica común es la temperatura media anual de la superficie del mar: en 2025, fue la tercera más cálida jamás registrada, alrededor de 0,5°C por encima del promedio de 1981-2010. Esta medida es útil para rastrear cambios visibles y rápidos, que se reflejan en el contacto directo con la atmósfera.
Otra métrica es el contenido de calor oceánico, que estima la energía térmica total almacenada.
Al observar los 2.000 metros superiores, los investigadores se enfocan en donde el océano absorbe la mayor parte del calor. Esto se conecta a un punto clave del estudio: los océanos del mundo absorben más del 90% del exceso de calor retenido en la atmósfera por las emisiones de gases de efecto invernadero.
En otras palabras, a medida que el calor se acumula en el aire, el océano acumula junto a él, y el contenido de calor se convierte en un indicador robusto de cambio climático a largo plazo.
Cuando los océanos acumulan calor en récord, la noticia no es solo “otro número grande”. Es la indicación de que el planeta está operando con un saldo energético positivo, y que este saldo está siendo almacenado en el lugar que más puede guardar energía sin “estallar” inmediatamente: el mar.
Sin embargo, esta aparente “estabilidad” tiene un costo, porque el calor almacenado altera el comportamiento del sistema y puede aparecer como lluvias más intensas, tormentas más extremas y patrones climáticos más difíciles de prever.
Cuando piensas en océanos calentándose a este ritmo, ¿qué impacto parece más realista para tu vida en los próximos años, más calor y humedad en el día a día, tormentas más fuertes, o cambios en el patrón de lluvias en tu región? ¿Y qué, en tu opinión, debería convertirse en prioridad ahora para reducir este desequilibrio?

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