El análisis de residuos carbonizados en un sitio arqueológico demuestra que el dominio del fuego para cocinar y calentarse ocurrió mucho antes de lo que la ciencia suponía.
El sitio arqueológico de Gesher Benot Ya’aqov, en Israel, se ha convertido en el escenario de un descubrimiento fundamental sobre la evolución humana.
Investigadores identificaron fragmentos de carbón de 780 mil años que comprueban que los primeros homínidos no solo utilizaban el fuego de forma esporádica, sino que dominaban técnicas de control y mantenimiento. El análisis detallado de las muestras de madera carbonizada revela una comprensión sofisticada sobre qué materiales eran más eficientes para sostener la combustión durante largos períodos.
El dominio tecnológico del fuego en el Pleistoceno
El descubrimiento se basa en la identificación de microfragmentos de carbón distribuidos de manera estratégica por el sitio, indicando la existencia de fogatas planificadas.
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El uso de carbón de 780 mil años demuestra que los ancestros humanos, posiblemente el Homo erectus, poseían la capacidad cognitiva de mantener el fuego encendido para protección, calentamiento y procesamiento de alimentos. Esta habilidad representa un punto de inflexión biológico, permitiendo que el grupo expandiera sus actividades más allá de las horas de luz solar y sobreviviera en climas más fríos.
Los científicos observaron que la elección de las especies de madera no era aleatoria, evidenciando un conocimiento botánico aplicado a la supervivencia. El carbón de 780 mil años encontrado pertenece mayoritariamente a árboles que producen llamas duraderas y estables, como el roble y el fresno.
Este patrón de selección sugiere que los homínidos ya comprendían las propiedades de combustión de diferentes biomas, seleccionando combustibles que garantizaran la seguridad del campamento durante la noche.
Impactos en la dieta y en la evolución social
La presencia continua de fuego en el sitio de Gesher Benot Ya’aqov está directamente ligada a la transición hacia la cocción de alimentos, lo que facilitó la digestión y la absorción de nutrientes.
Fragmentos de carbón de 780 mil años fueron localizados cerca de restos de semillas y huesos de animales, reforzando la teoría de que el fuego era el centro de la vida social y alimentaria. Cocinar alimentos redujo el gasto energético necesario para la masticación, permitiendo que más energía se dirigiera al desarrollo del cerebro humano a lo largo de las generaciones.
Además de la nutrición, las fogatas servían como el primer gran catalizador de interacción social compleja entre los individuos del grupo. El carbón de 780 mil años marca el lugar donde los homínidos se reunían, promoviendo la transmisión de conocimientos y el fortalecimiento de lazos comunitarios.
Esta organización en torno a una fuente de luz y calor es considerada uno de los pilares para el surgimiento del lenguaje y de la cultura humana primitiva, transformando el ambiente hostil en un hogar seguro.
Metodología científica y análisis de microcarbón
Para confirmar la antigüedad y el origen del material, los investigadores utilizaron técnicas avanzadas de espectroscopía y microscopía electrónica.
El estudio del carbón de 780 mil años exigió el análisis de miles de partículas microscópicas para diferenciar incendios naturales de fogatas producidas por manos humanas. La concentración localizada de residuos carbonizados en capas específicas del suelo sirvió como prueba definitiva de que el fuego fue mantenido de forma intencional y recurrente en ese lugar.
La investigación en Gesher Benot Ya’aqov también permitió reconstruir el paleoambiente de la región, mostrando un ecosistema rico en biodiversidad que ofrecía recursos abundantes. El carbón de 780 mil años preservado en los sedimentos del antiguo lago Hula proporciona un registro climático valioso sobre el período Pleistoceno Medio.
El éxito de esta investigación redefine la cronología de la tecnología humana, moviendo la fecha del dominio definitivo del fuego a cientos de miles de años antes de lo que se estimaba anteriormente.
Haga clic aquí para acceder al estudio.

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