La Fuerza Aérea Venezolana, hoy conocida como Aviación Militar Bolivariana (AMB), representa el brazo aéreo de defensa de Venezuela, estructurada tras la Segunda Guerra Mundial, cuando, en 1946, se separó del ejército para convertirse en una unidad independiente. En un contexto de sanciones y restricciones, este sector de las Fuerzas Armadas enfrenta grandes desafíos para mantener su poderío, como señala el especialista en aviación Fernando De Borthole, piloto privado con más de 20 años de experiencia, que el CPG escuchó.
La trayectoria de la Fuerza Aérea Venezolana se remonta a los años 1920, cuando se fundó la primera escuela de aviación militar del país. Con el término de la Segunda Guerra Mundial, en 1946, el gobierno venezolano creó oficialmente la Fuerza Aérea como una entidad autónoma, desvinculándola del ejército. En los años siguientes, principalmente entre las décadas de 1950 y 1980, Venezuela estableció relaciones cercanas con Estados Unidos, que resultaron en la adquisición de aeronaves norteamericanas, como el caza F-16. Esta cooperación fue suspendida en las décadas siguientes debido a sanciones económicas, obligando al país a buscar alternativas en Rusia.
Fuerza Aérea Venezolana Actual y Desafíos de Mantenimiento
Actualmente, la Fuerza Aérea Venezolana ocupa la 57ª posición en el ranking mundial de poder aéreo, según el Global Fire Power, que clasifica 145 países. La flota de la AMB incluye aproximadamente 240 aeronaves y cuenta con más de 14,000 militares, responsables de cubrir un territorio de casi un millón de kilómetros cuadrados.
La capacidad operativa de Venezuela fue impactada por las sanciones de EE.UU., que dificultaron el mantenimiento y la reposición de piezas para aeronaves como el F-16, llevando al país a invertir en alternativas rusas, como el Sukhoi Su-30, principal caza de la AMB actualmente.
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Fernando De Borthole explica que la falta de piezas de repuesto y la suspensión de actualizaciones para los F-16 llevaron a Venezuela a sucatear parte de esta flota, manteniendo solo 13 unidades operativas. La última adquisición importante de la Fuerza Aérea Venezolana fue el Sukhoi Su-30 en 2006, con 21 unidades aún en operación.
Capacidad de Defensa y Poder Bélico
La capacidad de la Fuerza Aérea Venezolana para una eventual defensa del territorio depende, principalmente, de su flota de cazas y aviones de ataque. Además de los 13 F-16 y los 21 Sukhoi Su-30, Venezuela cuenta con el K-8W, un caza ligero de fabricación china destinado a entrenamiento de pilotos. Sin embargo, la baja modernización y las limitaciones de mantenimiento hacen incierto el poder real de estas aeronaves en un escenario de guerra prolongado.
Además de las aeronaves de combate, la AMB posee equipos de vigilancia y reconocimiento, como el Fairchild C-26A y el Diamond DA42 MPP, y aeronaves de transporte y reabastecimiento, como el Lockheed C-130 Hércules y el Boeing 707 modificado para reabastecimiento aéreo. Sin embargo, Borthole destaca que las restricciones dificultan el mantenimiento de estos sistemas, limitando la eficacia general de la flota.
Falta de Modernización
Aunque la Fuerza Aérea Venezolana aún posee recursos significativos, las sanciones internacionales y las dificultades de mantenimiento ponen en riesgo su capacidad de sostenimiento en un conflicto prolongado. La dependencia de aeronaves adquiridas de potencias externas y la falta de modernización son factores que afectan la prontitud operacional y limitan el poder defensivo venezolano.
Además, Fernando De Borthole deja claro que, a pesar de sus esfuerzos por mantener su fuerza aérea, Venezuela enfrenta grandes desafíos. En una posible situación de confrontación, el país podría utilizar sus unidades operativas, pero la longevidad de esta capacidad aún es incierta.


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