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Después De Dos Décadas, El Regreso De Los Botos De Lahille Al Río Araranguá Reaviva La Pesca Cooperativa Con Pescadores, Moviliza Investigadores Y Plantea Hipótesis Ambientales Sobre La Presencia De Una Especie Amenazada En La Costa Sur De Santa Catarina

Escrito por Bruno Teles
Publicado el 04/02/2026 a las 13:58
Actualizado el 04/02/2026 a las 14:02
No Rio Araranguá, botos-de-Lahille voltam à pesca cooperativa com pescadores, revelam o valor cultural dessa espécie ameaçada e levantam novas questões ambientais.
No Rio Araranguá, botos-de-Lahille voltam à pesca cooperativa com pescadores, revelam o valor cultural dessa espécie ameaçada e levantam novas questões ambientais.
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Tras dos décadas sin registros constantes, botos-de-Lahille vuelven a compartir el Río Araranguá con pescadores artesanales, reactivan la pesca cooperativa tradicional, atraen investigadores de la Unesc para monitoreo intensivo y plantean hipótesis sobre rutas costeras, ruido de embarcaciones y cambios ambientales en la costa catarinense a lo largo del verano y del otoño

El regreso de los botos-de-Lahille al Río Araranguá, en el extremo sur de Santa Catarina, vuelve a poner en el centro una de las interacciones más singulares entre la fauna marina y las comunidades humanas en el país. Después de cerca de 20 años sin apariciones regulares, los animales han retomado la convivencia con pescadores locales y reactivaron la pesca cooperativa en plena Barra del Río Araranguá, en un escenario donde la especie está oficialmente clasificada como amenazada de extinción.

Al mismo tiempo que la comunidad celebra el reencuentro, equipos de la Universidad del Extremo Sur Catarinense siguen cada acercamiento entre botos y embarcaciones artesanales. En poco más de un año de observaciones sistemáticas, los investigadores suman más de un centenar de salidas de campo, catalogan individuos, registran patrones de comportamiento y tratan de responder a una pregunta central: ¿qué llevó a estos botos-de-Lahille a volver a ocupar un ambiente que había sido abandonado durante tanto tiempo?

Tradición retomada entre botos y pescadores en el extremo sur catarinense

En el Río Araranguá, botos-de-Lahille vuelven a la pesca cooperativa con pescadores, revelan el valor cultural de esta especie amenazada y plantean nuevas cuestiones ambientales.

En la Barra del Río Araranguá, la pesca cooperativa no es una leyenda ni un recurso folclórico para turistas. Pescadores veteranos recuerdan que, décadas atrás, los botos-de-Lahille pasaban todo el día acompañando las canoas, rodeando cardúmenes e indicando el momento exacto de lanzar la red.

El regreso de los animales, identificado por la propia comunidad a partir del verano de 2021, reactivó esta memoria colectiva y devolvió una rutina que muchos creían terminada.

El relato de Osvaldo dos Passos Vieira, pescador con más de 50 años de experiencia, sintetiza el peso simbólico de la relación. Él dice haber comenzado a pescar “con los botos” aún a los 12 años de edad y afirma que los animales eran tratados como “personas de la familia” por los habitantes de la región.

Cuando los botos-de-Lahille reaparecieron en el Río Araranguá, la reacción que él describió fue de “alegría pura”, una expresión que ayuda a dimensionar el impacto social del retorno de esta cooperación en la vida diaria de la comunidad pesquera.

Cómo funciona en la práctica la pesca cooperativa con botos-de-Lahille

En el Río Araranguá, botos-de-Lahille vuelven a la pesca cooperativa con pescadores, revelan el valor cultural de esta especie amenazada y plantean nuevas cuestiones ambientales.

Desde un punto de vista operativo, la pesca cooperativa depende de una sincronización precisa entre humanos y botos. Los botos-de-Lahille rodean los cardúmenes, comprimen los peces en áreas más superficiales o cercanas a las orillas y, en este movimiento, indican a los pescadores el instante ideal para lanzar la red.

Lo que queda atrapado se convierte en captura humana. Lo que escapa sirve de alimento para los propios animales, en un arreglo en el que todos parecen beneficiarse.

Esta interacción exige una lectura atenta de las señales en la superficie del río. Los pescadores observan cambios en el desplazamiento de los botos-de-Lahille, pequeñas variaciones en la forma en que nadan y se posicionan en relación a los cardúmenes.

Por su parte, los botos parecen tolerar la cercanía de las embarcaciones y ajustar su movimiento a la presencia de las redes.

Es un tipo de cooperación que depende de la repetición, la memoria y el reconocimiento individual entre humanos y cetáceos, y que ahora vuelve a ser observada con frecuencia en la región.

Monitoreo científico e identificación de individuos en el Río Araranguá

Desde septiembre de 2024, la presencia de los botos-de-Lahille en el Río Araranguá ha sido seguida de manera sistemática por equipos de la Unesc.

Se han registrado más de 100 salidas a campo, utilizando puntos fijos de observación, cámaras fotográficas de alta resolución y drones para documentar el movimiento de los animales en diferentes tramos del estuario. El objetivo es transformar un reaparecimiento empírico en una serie histórica consistente.

La identificación de los individuos sigue un protocolo consolidado en la investigación con cetáceos costeros. Cada boto-de-Lahille es reconocido por marcas, recortes y cicatrices en la aleta dorsal, que funcionan como una especie de “huella” biológica.

La investigadora Nadine Saraiva de Souza, del proyecto Botos del Araranguá, explica que este mapeo visual permite seguir qué animales regresan con mayor frecuencia, cuánto tiempo permanecen en el área y cómo se distribuyen a lo largo del curso del río.

Estos datos ayudan a entender si el fenómeno es puntual o parte de una tendencia de recolonización.

Hipótesis para el regreso de una especie amenazada al Araranguá

Los científicos evitan respuestas simples para fenómenos complejos, pero algunas hipótesis ya orientan el trabajo de campo. Una de las principales líneas de investigación considera que los botos-de-Lahille estén buscando áreas menos concurridas durante el periodo de mayor presión náutica a lo largo de la costa, especialmente durante el verano.

Regiones con menos tráfico de embarcaciones suelen ofrecer un menor nivel de ruido subacuático y menor riesgo de colisiones.

Otro frente analiza la posible conexión entre el Río Araranguá y otras áreas tradicionales de ocurrencia de la especie, como Laguna, en Santa Catarina, y Torres, en el Rio Grande do Sul.

Investigadores consideran plausible que algunos individuos se desplacen entre estos puntos, utilizando la zona costera como corredor y el Araranguá como un área de uso estacional.

Si esta dinámica se confirma, los botos-de-Lahille que hoy participan en la pesca cooperativa con pescadores catarinenses pueden ser parte de un mismo contingente que transita por diferentes ambientes de la costa sur de Brasil.

Presión ambiental, especie amenazada e importancia del registro continuo

El estatus de amenaza de los botos-de-Lahille, reconocidos científicamente como Tursiops gephyreus e incluidos en listas de riesgo de extinción, añade una capa de urgencia al monitoreo.

Cada individuo identificado en el Río Araranguá representa una fracción relevante de una población que ya se considera reducida y vulnerable a impactos acumulativos, como la contaminación, capturas accidentales y alteraciones del hábitat.

En este contexto, registrar cuándo llegan los botos, cuánto tiempo permanecen y cómo se comportan deja de ser solo curiosidad científica y pasa a ser un componente central de cualquier estrategia de conservación.

El reaparecimiento en la Barra del Río Araranguá ayuda a mapear rutas, preferencias ambientales y puntos de interacción crítica entre los botos-de-Lahille y la actividad pesquera, proporcionando insumos para políticas de manejo que reduzcan conflictos y riesgos para la especie.

Participación de la comunidad en la red de cooperación y vigilancia

El regreso de los botos-de-Lahille no moviliza solo laboratorios universitarios e instituciones ambientales. Pescadores, residentes, turistas, salvavidas y surfistas se han incorporado a una red informal de alerta, enviando fotos y videos de avistamientos en la costa sur catarinense.

Este flujo de información espontánea amplía el alcance del monitoreo y compensa, en parte, las limitaciones de equipos pequeños en una extensa franja de litoral.

El coordinador del proyecto, Rodrigo Machado, destaca que cada registro recibido a través de aplicaciones de mensajería ayuda a confirmar la presencia, desplazamientos y horarios de actividad de los animales.

El número de contacto del proyecto funciona como un canal directo entre investigadores y la comunidad, permitiendo que un avistamiento ocasional de botos-de-Lahille en la playa se transforme rápidamente en un dato georreferenciado y una imagen catalogada. Es una forma de ciencia aplicada que depende, de manera explícita, del compromiso local.

Cooperación, identidad cultural y futuro de la pesca artesanal

Más allá de gráficos y planillas, el regreso de los botos-de-Lahille reabre un debate sobre identidad cultural y el futuro de la pesca artesanal en el extremo sur de Santa Catarina.

La cooperación entre animales y pescadores siempre ha representado un diferencial simbólico para la región, funcionando como marca local y, al mismo tiempo, como indicador de la calidad ambiental del estuario.

Cuando un pescador afirma que los botos “pescaban todo el día para nosotros”, hay allí una síntesis de la dependencia mutua entre la actividad humana y la presencia de la especie.

La permanencia de los botos-de-Lahille en el Río Araranguá tiende a depender del mantenimiento de un ambiente mínimamente preservado, de reglas claras para el uso del espacio acuático y de un delicado equilibrio entre la explotación económica de los recursos pesqueros y la conservación de una población ya clasificada como amenazada.

¿Qué modelo de convivencia adoptará el Río Araranguá?

El reaparecimiento de los botos-de-Lahille en el Río Araranguá vuelve a colocar a la región en una encrucijada discreta, pero decisiva.

Por un lado, la pesca cooperativa refuerza la importancia de la especie para la renta de familias que durante décadas han dependido del río.

Por otro lado, el hecho de que se trate de una población amenazada impone límites claros al tipo de presión que el ambiente puede soportar sin nuevos colapsos.

En un escenario donde los investigadores intensifican el monitoreo y la comunidad vuelve a convivir diariamente con los animales, la pregunta que queda es directa: en su opinión, ¿qué debería pesar más en las decisiones locales de aquí en adelante, la protección de los botos-de-Lahille o la ampliación de la actividad pesquera tradicional, y qué tipo de regla concreta considera justa para garantizar ambas cosas al mismo tiempo?

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