Cuando el jubilado construye completamente solo una casa de piedra en las montañas de Santa Catarina, en el Valle del Itajaí, lo que parecía terquedad se convierte en una obra de vida construida piedra por piedra
Él ya fue agricultor, hoy tiene cerería, camión, tractor, pero confiesa que, por estar solo, la rutina es otra. Está jubilado, sin embargo repite que parado no puede quedarse. En medio del paisaje rural, la casa de piedra se destaca. Es una construcción sin lujo, pero hecha con tiempo, paciencia y amor, resultado directo de la decisión en la que un jubilado construye completamente solo cada detalle.
Piedra por piedra, sin proyecto y sin ayuda
Don Dionisio Bertou comenzó la obra en 1995. Según él, se tardó 20 años en construir la casa. Piedra por piedra, levantó solo las paredes que hoy cuentan su propia historia. Son más de 2.000 piedras encajadas, talladas, ajustadas al ojo y al oído del martillo.
Mientras otros hacían casas de madera o ladrillo, él decidió hacerla de piedra. Escuchó que era locura, que nadie creería que de una gran piedra aislada pudiera nacer una casa entera.
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Pero el jubilado construye completamente solo cada hilada, insistiendo hasta que la forma que tenía en la cabeza se convirtiera en pared. No aprendió con ningún albañil, no hizo curso.
Aprendió haciendo. No había plano, ni dibujo. Calculaba conforme colocaba las piedras, “más o menos como venía”, hasta encajar.
Millones de martilladas y un oficio inventado en la práctica
Las piedras son milimétricamente talladas a base de martilladas y punteros. Don Dionisio bromea, pero sabe que no está tan lejos de la realidad cuando dice que fueron más de 5 millones de martilladas a lo largo de los años.
Para sacar una esquina de piedra, muchas veces eran decenas de golpes, y no siempre el impacto quedaba solo en el mineral, iba directo a la mano.
En lugar de desanimarse, encaró el esfuerzo como parte del camino. A cada ajuste, a cada esquina corregida, la idea de que un jubilado construye completamente solo una casa de piedra sin grietas y sin proyecto dejaba de ser improbable y se convertía en un ejemplo concreto de persistencia.
Casa fresca en verano, acogedora en invierno
Descendiente de italianos, Don Dionisio quiso homenajear a los abuelos que vinieron a explorar Brasil. La elección por el estilo rústico no fue solo estética.
Sin pintura, sin revoque y prácticamente sin madera en la estructura, eliminó problemas como termitas y redujo la necesidad de un mantenimiento constante.
La propia piedra hace el servicio de confort térmico. La casa se mantiene fresca en verano y acogedora en invierno, una de las grandes ventajas del antiguo modo de construir, inspirado en las construcciones italianas del siglo pasado.
En cada habitación, hay un poco de la proeza del curioso y autodidacta agricultor, emprendedor y carpintero.
Muebles, detalles y el decorador llamado tiempo

En el cuarto, que él llama, con buen humor, “cuarto de mansión”, casi todo salió de sus propias manos.
La cama fue hecha recientemente, con una rama torcida de eucalipto difícil de encontrar, aprovechada como pieza central. En la pared, una guitarra. Claro, también fue él quien la hizo.
La casa tiene dos pisos y el piso de arriba guarda aún más de la personalidad del dueño. La renta de un salario mínimo no permite grandes caprichos de tienda.
El decorador por allí es el tiempo. Son objetos acumulados, madera trabajada, detalles que atestiguan días y noches de alguien que prefiere crear que comprar listo.
Estructura resistente y admiración silenciosa
Allá arriba, en el techo, Don Dionisio mira el vecindario como si observase un pequeño reino esparcido por las colinas.
Cuando preguntan si algún ingeniero ya ha visitado la casa, él responde que sí, algunos vinieron. Y la reacción es casi siempre la misma: admiración por el hecho de que, después de 30 años, la casa de piedra no presentó grietas.
Incluso en el techo, se siente seguro. Dice que está allí más firme de lo que muchos se sentirían en el suelo.
Es la confirmación práctica de que cuando un jubilado construye completamente solo con calma y criterio, el resultado puede ser tan sólido como una obra firmada por profesionales.
Entre Brasil, Italia y las ganas de irse
El jubilado ya ha ido a Italia tres veces. Los recuerdos de allí conmueven la imaginación y alimentan las ganas de, quién sabe, construir una nueva vida al otro lado del océano.
De vez en cuando, piensa en vender todo e irse. Habla de disfrutar la vida, cambiar de escenario, volver a empezar.
Pero por ahora, se queda. La casa de piedra es más que un refugio. Es memoria de familia, es homenaje a los antepasados italianos, es prueba concreta de que él nunca supo ser solo espectador.
Aún cuando piensa en partir, lo que lo retiene es justamente aquello que un jubilado construye completamente solo a lo largo de décadas: raíces, historias y paredes que hablan.
Sueños sólidos, tiempo lento y música en la veranda
No solo de piedra, cemento y martillo vive Don Dionisio. Le gusta cantar, componer, dejar que la música resuene entre las paredes que levantó.
En un tiempo en que todo parece apresurado, su casa enseña que los sueños más sólidos son aquellos construidos despacio y con las propias manos.
A cada visita, la impresión es la misma: más que una construcción curiosa, la casa es el resumen de una vida que eligió el camino largo, pero consistente.
En lo alto de la colina, entre el viento, las piedras y la música, queda la pregunta que él responde todos los días con su ejemplo de jubilado que construye completamente solo su propio destino.
Si tuvieras la oportunidad de comenzar una obra de vida así, ¿tendrías paciencia para enfrentar años de trabajo y también ser un jubilado que construye completamente solo algo que va a permanecer en pie por décadas?


Gostaria de morar em uma casa assim, na Irlanda tem mtas casas de pedra