Murallas levantadas alrededor de oasis en el noroeste de Arabia Saudita ayudan a los investigadores a revisar la ocupación antigua del desierto, con indicios de comunidades sedentarias, agricultura organizada y control territorial en un paisaje históricamente visto de otra forma.
Un conjunto de murallas levantadas alrededor de oasis en el noroeste de la actual Arabia Saudita está llevando a los arqueólogos a revisar la interpretación sobre la ocupación humana del desierto.
En lugar de indicar solo la circulación de grupos móviles, investigaciones recientes apuntan a la presencia de comunidades sedentarias capaces de construir grandes estructuras, organizar áreas agrícolas y controlar fuentes de agua a lo largo de siglos.
El estudio más amplio sobre este sistema fue publicado en junio de 2025 en la revista Antiquity.
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Según los autores, las evidencias refuerzan la existencia de un complejo formado por seis grandes oasis amurallados en el noroeste de la Península Arábiga, asociado a un modelo de asentamiento duradero en un ambiente desértico.
Tayma y Qurayyah ya eran conocidos por la arqueología.
El trabajo más reciente, sin embargo, consolidó este panorama regional al reunir también datos sobre Khaybar, Dumat al-Jandal, Hait y Huwayyit.
Con esto, el enfoque dejó de ser un sitio aislado y pasó a recaer sobre un sistema más amplio de ocupación, con características recurrentes en diferentes áreas.
Oasis amurallados y control del agua en el desierto
Las estructuras descritas en el estudio no delimitaban solo un núcleo habitado.
De acuerdo con los investigadores, los muros protegían fuentes de agua, zonas de cultivo, rebaños y espacios ligados a la vida cotidiana de estas comunidades.
En este contexto, el oasis amurallado funcionaba como una unidad territorial organizada en torno a recursos esenciales.
El artículo relaciona este patrón a la producción agrícola y a la cría de animales.
Los autores mencionan cereales, frutas y, a partir del segundo milenio a.C., palmeras datileras, además de la presencia de cabras y ovejas.
La muralla, por lo tanto, cercaba un paisaje productivo entero, y no solo un punto de abrigo.
Según los especialistas, este dato es central para entender el significado de estas construcciones.
En el estudio, el equipo afirma que el oasis amurallado no debe ser interpretado solo como una obra defensiva, sino como parte de un modelo de desarrollo socioeconómico y de control territorial en áreas rurales irrigadas.
Aún de acuerdo con los autores, la construcción y el mantenimiento de estas murallas exigían movilización colectiva e inversión continua.
Para el equipo, esto sugiere planificación, coordinación de trabajo y permanencia poblacional en un ambiente en el cual agua y tierra cultivable tenían peso decisivo para la supervivencia.
Cómo los arqueólogos identificaron el complejo de oasis
La reconstitución de este sistema se realizó a partir de más de un método.
En el estudio de 2025, los investigadores cruzaron imágenes de satélite con observaciones en campo y, en algunos casos, recurrieron a registros antiguos.
En Dumat al-Jandal, por ejemplo, el análisis incluyó fotografías aéreas georreferenciadas realizadas en 1964.
Este material ayudó a identificar una red de muros de ladrillo de barro en la parte oriental del oasis.
Según el artículo, el conjunto tiene cerca de 2 kilómetros de extensión y refuerza la interpretación de que el lugar formaba parte del mismo modelo de ocupación amurallada observado en otros puntos de la región.
Ya en Harrat Khaybar, las visitas de campo a Al-Ayn y al-Tibq revelaron murallas con bastiones comparables a los de Khaybar.
Los investigadores estiman que estos circuitos tenían, en la fase inicial, cerca de 8 y 2 kilómetros de extensión, respectivamente, además de aproximadamente 2 metros de grosor.
Con base en la arquitectura y el material cerámico recolectado en la superficie, los autores consideran posible que estas estructuras sean contemporáneas, alrededor de 2000 a.C.
No obstante, el estudio trata esta cronología como una estimación apoyada por las evidencias disponibles para el conjunto analizado.
Fechado de las murallas muestra fases distintas de ocupación
Los propios investigadores resaltan que no todas las murallas pertenecen al mismo momento histórico.
En lugar de un único episodio de construcción, lo que aparece es una tradición de larga duración, con adaptaciones locales y cronologías distintas en cada oasis.
Según la Antiquity, este modelo puede haber comenzado en la primera mitad del tercer milenio a.C., en Tayma y Qurayyah.
Por eso, los ejemplos más antiguos de este tipo de estructura remontan a cerca de 5 mil años.
Después, el patrón habría alcanzado la región de Khaybar a finales del tercer milenio a.C.
En el caso de Dumat al-Jandal, las fortificaciones monumentales registradas pertenecen a un momento mucho posterior, a finales del primer milenio a.C., lo que indica permanencia o reutilización de este tipo de organización espacial en épocas diferentes.
Esta distinción es importante para evitar simplificaciones.
El estudio no describe un sistema creado de una sola vez, sino un modelo de ocupación que, según los autores, fue adoptado y transformado a lo largo del tiempo en diferentes oasis del noroeste de Arabia.
Khaybar ayuda a medir la escala de las construcciones antiguas
Entre los ejemplos más extensos ya documentados está Khaybar, tema de un estudio anterior publicado en 2024 en el Journal of Archaeological Science: Reports.
En esta investigación, el equipo estimó que la muralla tenía originalmente cerca de 14,5 kilómetros de extensión, con un grosor entre 1,70 y 2,40 metros.
Hoy, poco menos de la mitad del trazado original permanece preservada, lo que corresponde a cerca de 5,9 kilómetros.
El levantamiento también registró 74 bastiones aún visibles a lo largo del circuito remanente.
La datación por radiocarbono situó la construcción entre 2250 y 1950 a.C.
Según los investigadores, la fortificación cercaba un territorio rural amplio, lo que refuerza la interpretación de que el espacio albergaba una comunidad sedentaria y un área productiva, y no solo un punto defensivo aislado.
El estudio de 2024 también observó que el descubrimiento plantea cuestiones sobre la función precisa de la muralla y sobre la relación entre los grupos instalados dentro y fuera del oasis.
En este caso, la interpretación propuesta por los autores evita reducir la estructura a una respuesta militar simple y destaca la necesidad de comprender el contexto social y territorial en el que fue construida.
Al-Natah amplía el panorama sobre la ocupación sedentaria
Otro trabajo del mismo proyecto, publicado en 2024 en la revista PLOS One, trató del sitio de al-Natah, ubicado en el interior del oasis amurallado de Khaybar.
Allí, los investigadores describieron una pequeña ciudad de la Edad del Bronce, ocupada entre la segunda mitad del tercer milenio a.C. y, al menos, mediados del segundo milenio a.C.
Según el equipo, el conjunto reúne elementos que apuntan a una organización más compleja de lo que generalmente se atribuye a áreas desérticas de la región en este período.
Entre estos elementos están el asentamiento permanente, la articulación con la agricultura y la presencia de estructuras asociadas a una ocupación estable.
Combinados, los estudios de Khaybar, al-Natah y de los demás oasis amurallados amplían el panorama sobre el noroeste de Arabia antigua.
En lugar de un paisaje interpretado solo a partir de la movilidad, las evidencias pasan a indicar también formas de fijación territorial, manejo de recursos y construcción colectiva en escala significativa.
Lo que los estudios indican sobre la ocupación del desierto
El principal cambio propuesto por los investigadores está en la forma de interpretar estos paisajes.
Para los autores, la presencia de murallas extensas alrededor de oasis sugiere que parte del desierto fue ocupada por comunidades capaces de definir límites, proteger recursos estratégicos y mantener infraestructuras por largos períodos.
Este argumento no elimina la importancia de poblaciones móviles en la historia de la región.
Lo que el estudio hace es mostrar que la dinámica local era más diversa de lo que lecturas anteriores indicaban, con coexistencia de formas distintas de ocupación y de organización social.
Aún hay cuestiones abiertas sobre el grado de centralización política de estas comunidades y sobre las diferencias entre un oasis y otro.
Los autores también destacan que nuevas investigaciones podrán aclarar mejor la cronología de algunos sitios y el alcance territorial de este patrón de asentamiento.

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