Investigadores del Caltech, de Princeton y de la Universidad Tsing Hua de Taiwán reanalizaron datos de telescopios infrarrojos de los años 1980 y 2000 y encontraron 13 candidatos a un cuerpo con 5 a 17 veces la masa de la Tierra orbitando a hasta 105 mil millones de km del Sol — un mundo que, si se confirma, redefine el mapa del sistema solar
La posibilidad de que un planeta gigante se esconda en los confines del sistema solar volvió a cobrar fuerza en 2025 y 2026, después de que tres equipos de astrónomos independientes presentaran nuevas evidencias — todas extraídas de datos que ya existían, pero nunca habían sido analizados con el enfoque correcto. Si el llamado Planeta 9 es confirmado, será el primer nuevo mundo añadido al sistema solar desde el descubrimiento de Neptuno, hace más de 170 años.
La hipótesis tomó forma en 2016, cuando los astrónomos Konstantin Batygin y Mike Brown, del Instituto de Tecnología de California (Caltech), publicaron un estudio en la revista Astronomical Journal mostrando que seis objetos distantes en el Cinturón de Kuiper presentaban órbitas agrupadas e inclinadas — un comportamiento que no tiene sentido sin la influencia gravitacional de un cuerpo masivo e invisible.
Desde entonces, la búsqueda se ha intensificado. Además, lo sorprendente es que las pistas más recientes no vinieron de nuevos telescopios, sino de una relectura de datos que habían estado olvidados en archivos digitales durante décadas.
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Datos olvidados de los telescopios IRAS y AKARI revelan 13 candidatos
Investigadores de la Universidad Nacional Tsing Hua, de Taiwán, realizaron un reanálisis de los datos recolectados por los telescopios infrarrojos IRAS (lanzado en 1983) y AKARI (operacional entre 2006 y 2011). De esta manera, el equipo identificó 13 candidatos que podrían ser el Planeta 9.
Uno de los candidatos se destacó por presentar temperatura estimada entre -223°C y -218°C, masa de 7 a 17 veces la de la Tierra y órbita entre 75 y 105 mil millones de kilómetros del Sol. Para efecto de comparación, Neptuno orbita a cerca de 4,5 mil millones de km — es decir, el posible planeta estaría al menos 16 veces más distante.
Sin embargo, la detección aún es indirecta. Las señales infrarrojas necesitan ser confirmadas por telescopios modernos, y el equipo advierte que otros objetos pueden generar firmas similares. Por consecuencia, el resultado es prometedor, pero no definitivo.
Princeton propone el «Planeta Y» — un segundo mundo oculto
En agosto de 2025, un estudio publicado en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society: Letters trajo un giro inesperado. Astrónomos de la Universidad de Princeton, liderados por Amir Siraj, propusieron la existencia de un segundo cuerpo oculto, apodado Planeta Y — distinto del Planeta 9.
«Este artículo no es el descubrimiento de un planeta, pero ciertamente es el descubrimiento de un enigma para el cual un cuerpo es la solución más probable», declaró Siraj.
Según el estudio, el Planeta Y tendría masa entre la de Mercurio y la de la Tierra, orbitando a 100 a 200 veces la distancia Tierra-Sol (alrededor de 15 a 30 mil millones de km), con inclinación orbital de al menos 10 grados. Por lo tanto, sería un mundo más pequeño y más cercano que el Planeta 9, pero igualmente invisible a los telescopios ópticos convencionales.
- Planeta 9 (Caltech, 2016): 5 a 10 veces la masa de la Tierra, 60 a 120 mil millones de km del Sol, período orbital de 10.000 a 20.000 años
- Candidato Tsing Hua (2025): 7 a 17 veces la masa de la Tierra, 75 a 105 mil millones de km, temperatura de -223°C a -218°C
- Planeta Y (Princeton, 2025): masa entre Mercurio y Tierra, 15 a 30 mil millones de km, inclinación de ~15 grados

Las órbitas que no tienen sentido sin un planeta gigante
La principal evidencia detrás de todas estas hipótesis son las órbitas anómalas de objetos transneptunianos (TNOs). Estos cuerpos — trozos de roca y hielo que orbitan más allá de Neptuno — deberían moverse de forma aleatoria. Aun así, al menos seis de ellos presentan órbitas agrupadas e inclinadas en relación al plano del sistema solar.
Además, el planeta enano 2017 OF201, descubierto en imágenes de telescopios en Hawái y Chile entre 2011 y 2018, tiene un diámetro estimado de 700 km y una órbita de 25 mil años que lo lleva a más de 13 mil millones de km de la Tierra — más del doble de la distancia de Plutón. De esta manera, se vuelve visible por menos del 1% de su ciclo orbital, lo que sugiere que muchos objetos similares pueden estar escondidos.
Simulaciones computacionales del equipo de Princeton mostraron que las perturbaciones observadas no son totalmente explicadas solo por el Planeta 9 — de ahí la necesidad de proponer un segundo cuerpo, el Planeta Y. Por otro lado, la sonda Solar Orbiter, que recientemente fotografió el polo del Sol desde un ángulo inédito, muestra cómo la exploración del sistema solar sigue revelando sorpresas.

El Observatorio Vera Rubin puede cerrar el debate
La principal esperanza de confirmación está en el Observatorio Vera C. Rubin, en Chile, que iniciará un levantamiento completo del cielo del hemisferio sur. Con capacidad de mapear objetos extremadamente tenues, el telescopio podrá detectar — o descartar — la existencia del Planeta 9 y del Planeta Y en los próximos años.
Sin embargo, hasta entonces, la comunidad científica permanece dividida. Hasta 200 planetas enanos pueden existir en el Cinturón de Kuiper, según estimaciones recientes, y sus interacciones gravitacionales mutuas podrían explicar parte de las anomalías orbitales sin necesidad de un planeta gigante.
Todas las evidencias presentadas hasta el momento son indirectas, basadas en simulaciones y reanálisis de datos. Ninguno de los cuerpos propuestos ha sido detectado visualmente, y los estudios más recientes aún esperan una revisión por pares completa. La NASA reconoce que, si se confirma, el hallazgo redefiniría el mapa del sistema solar — pero, por ahora, el Planeta 9 sigue siendo una hipótesis fascinante a la espera de prueba.

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