Proyecto de la Universidad RMIT y de la Bristile Roofing transforma residuos de cenizas y vidrio en tejas sostenibles, reduciendo 13% de las emisiones de CO₂ y aumentando la resistencia al fuego y la durabilidad.
Las cenizas de carbón y los residuos de vidrio de Australia están adquiriendo un nuevo propósito. Una prueba a gran escala, realizada por la Universidad RMIT en colaboración con Bristile Roofing, mostró que estos dos tipos de desechos pueden ser transformados en tejas de concreto más ligeras, resistentes al fuego y ambientalmente ventajosas.
La investigación demuestra cómo la innovación puede reducir el impacto ambiental y, al mismo tiempo, generar materiales de alto rendimiento.
Los experimentos se llevaron a cabo en las instalaciones de Bristile Roofing, en Melbourne, donde se produjeron cientos de tejas a partir de cenizas de plantas de energía y vidrio reciclado. Tradicionalmente, ambos materiales terminan en vertederos, pero en este proyecto adquirieron una nueva función.
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Además de reducir el volumen de residuos, las tejas resultantes presentaron beneficios ambientales y estructurales, manteniendo la conformidad con los estándares australianos de resistencia y durabilidad.
Una evaluación del ciclo de vida indicó que estas tejas emiten un 13% menos de CO₂ que las convencionales, considerando todas las etapas — desde la producción de la materia prima hasta la eliminación final. Esta reducción demuestra el potencial de los materiales residuales para sustituir recursos vírgenes y disminuir la huella de carbono de la construcción civil.
Cenizas y vidrio: ingredientes para un concreto más inteligente
La líder del proyecto, Dra. Chamila Gunasekara, destacó que la sustitución parcial de los componentes tradicionales del concreto fue decisiva para alcanzar los resultados.
Según ella, al reemplazar el 10% del cemento por cenizas de lagunas y el 10% de la arena por vidrio no lavado, fue posible reducir el desperdicio y crear un producto más eficiente.
Gunasekara explicó que esta composición mejora la resistencia al fuego, una característica especialmente relevante para el clima australiano, donde el riesgo de incendios es alto. Resaltó además que la iniciativa combina sostenibilidad y rendimiento, mostrando que los residuos pueden transformarse en soluciones prácticas y económicamente viables.
En Australia, alrededor de 12 millones de toneladas de cenizas de carbón son generadas anualmente por las plantas de energía, y más de 400 millones de toneladas permanecen almacenadas en lagunas de decantación. Paralelamente, el país produce más de 1,3 millones de toneladas de vidrio al año, con más de la mitad destinada a vertederos.
El proyecto surge, por tanto, como una alternativa concreta para la reutilización de estos residuos a gran escala.
Ladrillos ecológicos y reducción aún mayor de CO₂
El equipo de RMIT también probó la misma mezcla de concreto para la producción de ladrillos ecológicos. En este caso, se utilizaron un 15% de cenizas y un 20% de arena de vidrio, totalizando un 35% de materiales reciclados. El resultado fue alentador: los ladrillos cumplieron con los estándares nacionales de concreto estructural y presentaron un aislamiento térmico un 30% superior al de los modelos convencionales.
Además, la evaluación ambiental mostró una reducción del 18% en las emisiones de dióxido de carbono a lo largo de todo el ciclo de vida.
La investigadora principal, Dra. Yulin Patrisia, explicó que, incluso con la menor reactividad de las cenizas almacenadas durante largos períodos, siguen siendo valiosas por su abundancia y los beneficios a largo plazo en el rendimiento del material.
Patrisia destacó también que la mezcla presentó mayor estabilidad dimensional, menos fisuras y un aumento continuo de resistencia, lo que la hace ideal para aplicaciones duraderas y no estructurales, como tejas y recubrimientos.
Próximos pasos e impacto industrial
El proyecto integra el ARC Industrial Transformation Research Hub for TREMS, que reúne científicos, empresas y autoridades públicas para convertir residuos en materiales de alto valor agregado.
Con los resultados positivos ya publicados en revistas científicas como Sustainable Materials and Technologies y The International Journal of Life Cycle Assessment, el equipo ahora avanza hacia pruebas en entornos reales.
Según Gunasekara, la meta es llevar la innovación más allá del laboratorio: “Estamos listos para expandir esto a la industria.” La afirmación resume el propósito del proyecto — unir sostenibilidad, ciencia e industria para transformar lo que antes se consideraba basura en un recurso esencial para el futuro de la construcción civil.

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