Fósil excepcional de un ave prehistórica con cerca de 33 gramos, preservado en un depósito del tipo Lagerstätte, revela acumulación de más de 800 piedras en el esófago, permitiendo a los investigadores identificar una causa probable de muerte individual hace aproximadamente 120 millones de años
Un ave prehistórica del tamaño de un gorrión, que vivió hace aproximadamente 120 millones de años, murió tras quedarse con más de 800 pequeñas piedras atrapadas en el esófago, en un episodio considerado por los investigadores como la causa casi cierta de su muerte y uno de los raros casos de óbito individual identificables en el registro fósil.
Descubrimiento raro permite identificar la causa de la muerte de un ave prehistórica
El fósil pertenece a la especie Chromeornis funkyi, un ave prehistórica recién descrita que llamó la atención de la paleontóloga Jingmai O’Connor, del Museo Field, al ser analizada en una colección china. Según la investigadora, es extremadamente raro poder determinar la causa de la muerte de un individuo específico a partir de fósiles.
El ave mostraba una masa compacta de pequeñas piedras ubicada en el esófago, justo debajo de los huesos del cuello.
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La posición y el volumen de este material indican que el atragantamiento ocurrió aún en vida, probablemente durante un intento de regurgitación, llevando a la muerte del animal. O’Connor afirma tener casi certeza de que este proceso fue fatal para el pequeño pájaro.
Preservación excepcional en depósito fossilífero del tipo Lagerstätte
El ejemplar fue encontrado en una formación fossilífera clasificada como Lagerstätte, conocida por preservar organismos con un nivel extraordinario de detalle. En el caso de esta ave prehistórica, el fósil mantuvo no solo huesos y pico, sino también contornos de la piel del cuello, alas y patas, además de plumas, rastros de pigmento oscuro en los ojos y posibles indicios musculares.
Este grado de preservación permitió a los investigadores reconstruir con precisión la anatomía del animal y determinar su posición en el árbol evolutivo de las aves prehistóricas. El espécimen pesaba alrededor de 33 gramos y formaba parte de la familia extinta Longipterygidae, caracterizada por aves pequeñas con dientes solo en la punta de picos largos y afilados. El género más cercano conocido es Longipteryx.
Análisis de las piedras descarta deposición natural tras la muerte
Al examinar la extraña concentración de piedras, los investigadores identificaron un detalle crucial. La mineralogía de las piedritas difería tanto de la roca que envolvía el fósil como entre ellas mismas. Esta diversidad descartó la hipótesis de que el material hubiera sido depositado en el esófago tras la muerte, por procesos naturales en el fondo de un lago.
La conclusión fue que el ave prehistórica ingirió deliberadamente las piedras mientras aún estaba viva. Sin embargo, la localización en el esófago, y no en el estómago, planteó dudas inmediatas sobre el motivo de este comportamiento. Según O’Connor, no hay registro similar en otros fósiles conocidos, haciendo que el hallazgo sea aún más intrigante.
Piedras no servían para la digestión, indican datos anatómicos
En muchas aves actuales, la ingesta de piedras ocurre como ayuda digestiva. Estos elementos, llamados gastrólitos, se alojan en la molleja y ayudan a triturar los alimentos con la ayuda de un molino gástrico muscular. Cuando se vuelven demasiado lisos, algunas aves regurgitan las piedras y las sustituyen por otras más ásperas.
En el caso del Chromeornis funkyi, los datos anatómicos indican que la familia Longipterygidae no poseía un molino gástrico funcional. Además, el número y el volumen de las piedras eran incompatibles con la capacidad digestiva de un ave de este tamaño. Se identificaron más de 800 unidades, algunas de las cuales ni siquiera eran rocas propiamente dichas, asemejándose a pequeñas bolas de arcilla.
Con base en estos datos, los investigadores afirman con claridad que las piedras no fueron ingeridas para ayudar en la digestión. Este punto elimina una de las explicaciones más comunes para comportamientos similares en aves modernas y refuerza el carácter anómalo del caso.
Enfermedad puede haber llevado ave prehistórica a comportamiento atípico
Ante la ausencia de función digestiva, los científicos consideraron la posibilidad de que el ave prehistórica estuviera enferma. En aves actuales, hay registros de ingesta de piedras asociada a la tentativa de eliminar parásitos o compensar deficiencias nutricionales. Estos comportamientos son frecuentemente observados en animales debilitados.
La hipótesis provisional planteada por el equipo sugiere que el pájaro, posiblemente enfermo, comenzó a ingerir grandes cantidades de piedras. En algún momento, intentó regurgitar el material acumulado, formando una masa demasiado grande para ser expulsada. El bloqueo resultante en el esófago habría provocado el atragantamiento fatal, un desenlace raro, pero plausible según los datos preservados.
Extinción posterior no invalida valor científico del único ejemplar
Aunque el Chromeornis vivió millones de años antes de la extinción masiva del Cretácico-Paleógeno, ocurrida hace 66 millones de años, toda su linaje terminó desapareciendo en ese evento global. Aun así, este único fósil ofrece una ventana limitada, pero valiosa, para comprender aspectos fisiológicos y comportamentales de estas aves.
Según los investigadores, aprender sobre especies extintas y sus vulnerabilidades puede contribuir indirectamente a reflexiones sobre conservación actual. La investigación que detalla el caso fue publicada en la revista Palaeontologica Electronica, reforzando la importancia del hallazgo como uno de los ejemplos más peculiares ya documentados en el estudio de aves prehistóricas.

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