Capaz de llevar 12 pasajeros a hasta 300 km/h, el barco volador eléctrico de Regent Craft, traído por una empresa latinoamericana de transporte, promete transformar el uso del mar entre Santos, São Sebastião e Ilhabela.
Un barco volador eléctrico capaz de llevar 12 pasajeros a hasta 300 km/h, sin consumir combustible fósil, ya tiene prototipo en pruebas y puede, en algunos años, acortar el viaje entre Santos y ciudades como São Sebastião e Ilhabela para algo entre 20 y 30 minutos, abriendo espacio para nuevas rutas, nuevos negocios y un uso totalmente diferente del mar en Brasil.
Nacida en Brasil y hoy presente en varios países de América Latina, una empresa de transporte firmó acuerdo con la norteamericana Regent Craft, desarrolladora y fabricante de las embarcaciones Seaglider, para llevar este barco volador eléctrico a América del Sur y América Central. El contrato prevé la adquisición de 10 unidades del modelo Viceroy Sea Glider y apunta a un futuro en el que desplazamientos rápidos de pasajeros y cargas ligeras por la costa dejen de ser una promesa distante para convertirse en operación diaria.
¿Qué es, al final, un barco volador eléctrico?
Antes que nada, es importante entender que este barco volador eléctrico no es un avión tradicional ni un barco común con motor eléctrico.
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Pertenece a la categoría de wing in ground, o efecto suelo, en la que el ala vuela muy cerca de la superficie del agua, apoyada en una especie de colchón de aire.
Cuando está parado, durante el embarque, se comporta como un barco. Hay un casco principal en el agua y, en la punta de cada ala, flotadores que garantizan estabilidad.
La idea es que el pasajero sienta una plataforma firme, sin balancearse de forma incómoda mientras entra y sale de la embarcación. Visualmente, parece un barco bajo y ancho, con alas cortas apoyadas en el mar.
La gran diferencia surge cuando el barco volador eléctrico comienza a ganar velocidad. Debajo del casco hay dos hidroalas en forma de T invertida.
A medida que la embarcación acelera, estas hidroalas generan sustentación en el agua y levantan el casco, reduciendo la resistencia hidrodinámica y permitiendo que el conjunto acelere con mucha más eficiencia.
Cómo el barco volador eléctrico “vuela” sobre el agua
Después de elevar el casco con la ayuda de las hidroalas, el barco volador eléctrico entra en la fase más impresionante del trayecto, el vuelo en efecto suelo.
El ala fue diseñada específicamente para atrapar un colchón de aire entre su parte inferior y la superficie del mar, creando sustentación extra cuando se mantiene a una altura muy baja, alrededor de la mitad de la envergadura del ala.
En la práctica, esto significa volar a unos 10 metros sobre el agua, aprovechando este efecto aerodinámico.
Si se eleva demasiado, pierde eficiencia, porque no es un ala diseñada para operar como la de un avión común, en altitud. La idea siempre fue optimizar el vuelo cerca del agua, donde el efecto suelo actúa con más fuerza.
Con este arreglo, el barco volador eléctrico puede alcanzar hasta 300 km/h en mar abierto, lejos de la costa y de las rutas más congestionadas.
Cerca de las ciudades, sin embargo, la operación debe ser más conservadora. La embarcación disminuye la velocidad, el casco vuelve a tocar el agua y el desplazamiento se acerca más a un barco rápido que a un avión rasante, hasta llegar a la parada completa.
Motores eléctricos, cero combustible y menor impacto ambiental
Uno de los puntos más destacados de este proyecto es la elección por la propulsión eléctrica. El barco volador eléctrico usa 12 motores eléctricos, seis de cada lado, prescindiendo del uso de combustible fósil durante la operación.
Esto trae dos impactos inmediatos. El primero es ambiental, ya que no hay quema directa de combustible a bordo, reduciendo emisiones locales y alineando el sistema con metas de descarbonización en el transporte.
El segundo es de confort: los motores eléctricos tienden a generar menos ruido y vibración, lo que puede hacer la experiencia del pasajero más suave que en embarcaciones tradicionales de alta velocidad.
Por supuesto, toda esta ventaja depende del origen de la energía utilizada para cargar las baterías, del diseño de la infraestructura y del modelo económico de operación.
Pero, desde el punto de vista técnico, el barco volador eléctrico ya nace con una huella ambiental diferente a las embarcaciones movidas a diésel que dominan el transporte de alta velocidad hoy en día.
Santos, São Sebastião, Ilhabela: litoral en media hora
En la práctica, lo que llama la atención es el potencial del barco volador eléctrico para crear nuevas rutas regionales. El ejemplo más citado es el tramo Santos, São Sebastião e Ilhabela.
Con la capacidad de llegar a 300 km/h en tramos adecuados, las estimaciones iniciales indican un tiempo medio de viaje entre 20 minutos y media hora, dependiendo de factores como la velocidad media permitida, la definición de rutas por la Marina, la Capitanía de Puertos y demás autoridades, además de las condiciones del mar.
Aun con reducciones de velocidad cerca de la costa, la ganancia de tiempo en relación a desplazamientos por carretera tiende a ser significativa.
En lugar de depender exclusivamente de carreteras congestionadas, peajes y tráfico, un pasajero podría embarcarse en Santos, cruzar el mar a alta velocidad y desembarcar cerca del destino final en el litoral norte.
En escala regional, esto significa acercar ciudades costeras, acortar distancias y crear una red de conexiones rápidas que hoy simplemente no existe.
De pasajero a carga expressa: nuevas posibilidades de uso
Aunque el proyecto original del barco volador eléctrico tiene foco en 12 pasajeros, el Viceroy Sea Glider también permite configuraciones orientadas a carga.
La idea es transportar pequeños pallets, similares a los usados en aviones para llevar mercancías embarcadas en bodegas.
En este formato, el barco volador eléctrico puede atender nichos muy específicos: mercancías de mayor valor, paquetes urgentes, medicamentos, artículos de emergencia, componentes que no pueden esperar un transporte terrestre lento.
No se trata de cabotaje clásica en gran volumen, sino de una especie de “puente aéreo marítimo” para cargas rápidas.
Imagina, por ejemplo, una operación entre Santos y São Sebastião en la que una empresa de comercio electrónico o logística pueda enviar lotes de pedidos urgentes, reduciendo horas de carretera a minutos de travesía sobre el mar. Para ciertos tipos de productos, esta diferencia puede justificar el costo de operar un sistema tan rápido.
Tecnología de control para enfrentar olas y viento
Operar un barco volador eléctrico a alta velocidad y baja altitud sobre el mar exige más que un buen casco y motores potentes.
El comportamiento dinámico de la embarcación en efecto suelo es controlado por un conjunto de leyes de control y softwares que monitorean la operación continuamente.
Sensores, computadoras de a bordo y algoritmos ajustan constantemente las superficies de control y el empuje de los motores para mantener la estabilidad, compensar olas, cambios de viento y variaciones sutiles de altitud.
Dentro de límites predefinidos de altura de ola e intensidad del viento, la promesa es de un viaje suave, con sensación de estabilidad y seguridad.
Naturalmente, hay restricciones. En condiciones extremas, con mar muy agitado o vientos fuera de los parámetros establecidos, el barco volador eléctrico no debe operar.
La idea del proyecto no es desafiar tormentas, sino aprovechar ventanas de operación seguras con el apoyo de tecnología de control avanzada todo el tiempo.
¿Cuándo el barco volador eléctrico puede convertirse en realidad?
El Clider ya tiene un prototipo en pruebas, lo que aumenta la curiosidad sobre cuándo el barco volador eléctrico podrá entrar en operación comercial.
La previsión divulgada es que el modelo esté potencialmente disponible hasta 2029, es decir, no es algo para “mañana por la mañana”, pero tampoco es un sueño distante de ciencia ficción.
Hasta entonces, hay un largo camino. Es necesario madurar el modelo de negocio, cerrar ecuaciones de inversión, costo de operación, mantenimiento e infraestructura de recarga, además de pasar por todos los procesos regulatorios ligados a la Marina, la Capitanía de Puertos y demás autoridades responsables de definir rutas y reglas de seguridad.
El interés, sin embargo, ya ha aparecido. Empresas en diferentes partes del mundo están siguiendo las pruebas y evaluando dónde un barco volador eléctrico tiene sentido dentro de sus rutas.
Si esta tecnología se produce a gran escala, la tendencia es que el costo disminuya y surjan nuevas aplicaciones, tanto para pasajeros como para cargas especiales.
Una nueva forma de mirar el mar brasileño
Más que un vehículo curioso, el barco volador eléctrico representa un cambio de perspectiva sobre cómo usamos el litoral.
En lugar de ver el mar solo como una barrera o escenario, pasa a ser parte activa de un sistema rápido de transporte regional, conectando ciudades, acortando distancias y creando oportunidades logísticas que hoy dependen casi exclusivamente de carreteras.
Si la tecnología cumple con lo que promete, puede abrir espacio para una nueva generación de rutas costeras eléctricas, de alta velocidad, con menor impacto ambiental y enfoque tanto en pasajeros como en cargas urgentes. En este escenario, Santos, São Sebastião e Ilhabela serían solo el comienzo de una red mucho mayor.
¿Y tú, mirando el tráfico en las carreteras y el potencial de nuestro litoral, embarcarías en un barco volador eléctrico para cruzar el tramo Santos–São Sebastião en menos de media hora o todavía te quedarías desconfiado de ver una “ala” volando cerca del agua?


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